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Una apuesta de 5,5 billones de dólares: por qué todos los grandes bancos compiten por llevar Wall Street a la blockchain

Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, ha calificado la tokenización como «la próxima generación de los mercados». Tras una década de expectativas, proyectos fallidos y programas piloto prometedores, las principales instituciones financieras están empezando a trasladar activos reales a blockchains de forma decidida.

Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, con 15 billones de dólares en activos, el martes 20 de enero de 2026. Foto: Markus Schreiber / Associated Press. Copyright 2026 The Associated Press. Todos los derechos reservados.

La semana pasada, Wells Fargo, el cuarto banco más grande del país, con unos 2,3 billones de dólares en activos, anunció que ofrecerá depósitos tokenizados a clientes corporativos y empresariales este otoño. Hasta hace no mucho, un anuncio así se habría considerado otro proyecto piloto de blockchain sin demasiadas posibilidades de prosperar. Hoy parece más bien una cuestión de no quedarse atrás frente a la competencia.

JPMorgan y Citigroup ya operan servicios similares. La red Kinexys de JPMorgan procesa más de 7.000 millones de dólares al día y ha gestionado más de 4 billones de dólares desde su lanzamiento. Ambos bancos, junto con Wells Fargo, Bank of America y más de una docena de grandes entidades, también participan en una iniciativa gestionada por The Clearing House, una compañía de pagos propiedad de varios bancos, como Zelle, que está desarrollando un sistema compartido para transferir depósitos tokenizados entre instituciones.

La infraestructura financiera también avanza en la misma dirección. The Depository Trust & Clearing Corporation (DTCC), que compensa y liquida cada día operaciones con valores estadounidenses por unos 15 billones de dólares, procesó en julio sus primeras operaciones reales con valores tokenizados y tiene previsto lanzar el servicio en octubre. BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, presentó este mes dos productos tokenizados de fondos del mercado monetario.

Citi estima que los valores tokenizados podrían alcanzar aproximadamente los 5,5 billones de dólares en 2030, mientras que Boston Consulting Group y la plataforma de negociación de valores digitales ADDX sitúan en 16,1 billones de dólares el mercado potencial de activos ilíquidos tokenizados. Las cifras hacen referencia a mercados diferentes, pero permiten hacerse una idea de la magnitud de la apuesta.

La tokenización se está convirtiendo por fin en un negocio de Wall Street, y no solo en un eslogan del mundo cripto.

Entonces, ¿qué es la tokenización y por qué importa realmente?

La tokenización es un mecanismo que permite representar un activo, o un derecho sobre este, mediante un token digital en una blockchain, es decir, un registro digital inmutable. El activo puede ser una acción, una letra del Tesoro, un fondo del mercado monetario o un depósito bancario.

En algunos casos, el token forma parte del registro oficial de propiedad; en otros, funciona en la práctica como un comprobante de un activo que se encuentra depositado o custodiado en otro lugar.

La tokenización no cambia el activo, sino la forma en que se registra y se transfiere su propiedad. En una operación de valores convencional, el bróker, la cámara de compensación, el custodio y el banco pueden actualizar cada uno un sistema diferente y después comprobar que sus registros coinciden. La tecnología blockchain, desarrollada originalmente por el creador seudónimo de Bitcoin, Satoshi Nakamoto, puede proporcionarles un registro sincronizado de quién posee qué y quién debe qué a quién.

Las mejoras llegan al eliminar pasos del proceso. Si el valor y el dinero utilizado para comprarlo están registrados en sistemas capaces de comunicarse entre sí, ambos pueden cambiar de manos al mismo tiempo: el comprador recibe el activo mientras el vendedor recibe el dinero, sin que ninguna de las partes quede expuesta mientras la otra completa la liquidación. El propio token puede incorporar código para pagar intereses, liberar garantías o impedir que un inversor que no cumpla los requisitos reciba el activo.

La liquidación las 24 horas del día, los siete días de la semana, es uno de los aspectos que más atención recibe, aunque la mayoría de los inversores no necesita que una operación con Nvidia se liquide un domingo por la mañana. Es mucho más relevante para las instituciones que mueven dinero y garantías entre distintos husos horarios. Un fondo del mercado monetario tokenizado podría transferirse durante la noche para hacer frente a una obligación en otro lugar, en lugar de permanecer inactivo hasta que vuelvan a abrir los bancos correspondientes.

Nada de esto es gratuito. La liquidación inmediata puede exigir una mayor disponibilidad de efectivo. Actualmente, las entidades compensan entre sí las operaciones de una jornada y solo transfieren la diferencia neta; liquidar cada operación por separado implica financiar cada una por completo.

Tampoco un registro compartido garantiza la existencia de un único mercado. La exposición a Tesla, por ejemplo, puede obtenerse mediante una acción convencional, un token autorizado por Tesla, un token respaldado por acciones depositadas en un custodio o un contrato que simplemente siga la cotización de Tesla. Cada instrumento puede tener derechos diferentes y negociarse en un mercado de liquidez independiente. Volveremos sobre esto más adelante.

¿Por qué está cobrando impulso la tokenización ahora?

Wall Street lleva años experimentando con la tokenización. Overstock.com, una tienda online reconvertida en improbable pionera del mundo cripto, completó en 2015 un bono tokenizado basado en blockchain por valor de 5 millones de dólares.

Cuando Forbes lanzó en 2019 su lista anual Blockchain 50, que recoge grandes empresas que utilizan esta tecnología, la primera edición incluía el proyecto de DTCC para trasladar a un registro distribuido los registros correspondientes a contratos de derivados de crédito por valor de 10 billones de dólares. JPMorgan ya había desarrollado Quorum, una versión privada de Ethereum, y había anunciado JPM Coin para pagos institucionales.

Estos proyectos demostraron que una parte de una operación podía funcionar sobre una blockchain. Pero no crearon mercados completos. En muchos casos, el activo se transfería en la cadena de bloques mientras el pago seguía llegando mediante una transferencia bancaria, la custodia permanecía en sistemas convencionales y las partes conciliaban sus registros posteriormente.

Lo primero que cambió fue el dinero. Las stablecoins —tokens digitales diseñados para mantener un valor de un dólar— se han convertido en un mercado de aproximadamente 300.000 millones de dólares. Han proporcionado a los mercados tokenizados tanto un medio de pago como una amplia base de usuarios que ya poseen tokens denominados en dólares en blockchains.

Con la subida de los tipos de interés, los fondos tokenizados de bonos del Tesoro se convirtieron en un complemento natural. Los inversores podían pasar de las stablecoins, que por lo general no pagan intereses, a deuda pública que sí los genera, sin tener que convertir primero sus tokens en efectivo, transferir el dinero a un banco y después llevarlo a una cuenta de intermediación convencional.

La GENIUS Act reforzó esta tendencia. La ley federal, aprobada en 2025, exige que las stablecoins de pago reguladas mantengan reservas de al menos un dólar por cada token y prohíbe a los emisores pagar intereses a sus titulares. Las reservas pueden generar ingresos para el emisor, pero la stablecoin normalmente no traslada ese rendimiento a sus propietarios.

Por ello, las compañías de stablecoins necesitan grandes reservas de activos seguros y líquidos, mientras que los titulares de stablecoins que buscan obtener rentabilidad deben adquirir un producto separado. Así es como el crecimiento de los dólares digitales se tradujo en una mayor demanda de bonos del Tesoro tokenizados. (Vea a continuación los mayores productos tokenizados de bonos del Tesoro).

Las reglas también se han vuelto más claras. En diciembre de 2025, el personal de la SEC dio luz verde a la filial depositaria de DTCC, la Depository Trust Company, para poner en marcha un programa piloto de tokenización de tres años.

Al mes siguiente, tres divisiones de la SEC explicaron las diferencias jurídicas entre los tokens emitidos por empresas, los tokens respaldados por valores depositados en custodios y los productos sintéticos que simplemente replican el precio de un activo.

En marzo, la comisión aprobó las normas de Nasdaq que permiten negociar valores tokenizados que cumplan los requisitos junto con sus equivalentes convencionales durante el programa piloto de DTC.

Los reguladores bancarios federales también aclararon que, cuando un valor tokenizado tiene los mismos derechos legales que su versión convencional, por lo general un banco no tiene que mantener capital adicional simplemente porque el activo esté registrado en una blockchain.

Así que ahora los bancos están creando depósitos tokenizados, las gestoras de activos están emitiendo inversiones tokenizadas, las bolsas se preparan para negociarlas y DTC está construyendo la infraestructura de custodia y liquidación.

Larry Fink, consejero delegado multimillonario de BlackRock, ha descrito este cambio como una actualización de la infraestructura que sustenta los mercados financieros, y ha comparado su potencial con el que tuvo internet a mediados de los años noventa.

«Cada acción, cada bono, cada fondo —cada activo— puede tokenizarse», escribió.

El estado actual de la tokenización

Pese a todas las previsiones que hablan de mercados valorados en billones de dólares, el mercado de activos tokenizados es hoy considerablemente más pequeño. A fecha del 6 de agosto, el proveedor de datos RWA.xyz contabilizaba unos 37.700 millones de dólares en activos tokenizados «distribuidos», sin incluir los cientos de miles de millones de dólares que ya mueven las stablecoins.

En este contexto, «distribuidos» significa que los inversores pueden mantener los tokens en sus propias carteras digitales y transferirlos, y no simplemente que una institución haya registrado una referencia al activo en una blockchain.

Los productos basados en bonos del Tesoro de Estados Unidos representan 16.100 millones de dólares, más del 40 % del total. Su liderazgo no resulta sorprendente. Los bonos del Tesoro son activos líquidos, estandarizados y fáciles de valorar, y responden a una necesidad inmediata: los titulares de stablecoins pueden trasladar sus dólares digitales inactivos a un activo que genere intereses sin tener que volver primero a una cuenta de inversión convencional.

Las instituciones también pueden utilizar estos tokens para gestionar su liquidez o como garantía.

Cuatro productos concentran casi el 60 % de esta categoría. USYC, de Circle, un fondo del mercado monetario tokenizado, lidera con 3.000 millones de dólares.

Le sigue BUIDL, de BlackRock, otro fondo del mercado monetario tokenizado por la fintech Securitize, con sede en Miami, que alcanza los 2.700 millones de dólares.

USDY, de Ondo Finance, un pagaré tokenizado respaldado por activos del Tesoro a corto plazo y depósitos bancarios, suma 2.100 millones de dólares.

Por último, iBENJI, de Franklin Templeton, que representa participaciones en un fondo del mercado monetario institucional, alcanza los 1.700 millones de dólares.

En el conjunto de todas las clases de activos, RWA.xyz sitúa a Securitize como la mayor plataforma de tokenización, con 4.900 millones de dólares distribuidos entre 24 productos.

Más allá de los bonos del Tesoro, el crédito tokenizado —incluida la deuda privada, corporativa y estructurada— representa unos 7.100 millones de dólares. Las materias primas, en su mayoría oro, alcanzan los 4.800 millones de dólares. El capital privado y el capital riesgo suman aproximadamente 2.300 millones de dólares cada uno, al igual que las acciones cotizadas. El valor de los inmuebles tokenizados distribuidos asciende a solo unos 203 millones de dólares.

Gran parte de la actividad en fondos tokenizados y crédito privado consiste en que los inversores compran tokens directamente a los emisores, los canjean por efectivo o los utilizan como garantía, en lugar de negociarlos entre sí.

En otros segmentos sí existe un mercado secundario real. CoinGecko estimó 90.700 millones de dólares en operaciones spot con oro tokenizado y 15.100 millones de dólares en acciones tokenizadas durante el primer trimestre de 2026. Aun así, sigue siendo un mercado pequeño. Los cinco mayores tokens de acciones, entre ellos los de Alphabet, Tesla y Nvidia, representan menos del 1 % del volumen de negociación de los mercados bursátiles tradicionales.

Una encuesta de Broadridge realizada en julio a 200 directivos del sector financiero de Norteamérica reveló que el 84 % considera la tokenización estratégicamente importante, pero solo el 26 % afirmó que sus empresas ya habían puesto estos productos en producción.

Además, muchas de las mayores ofertas siguen estando restringidas a inversores institucionales, inversores acreditados con grandes patrimonios o clientes de fuera de Estados Unidos.

Fuera de Estados Unidos, la tokenización está cobrando impulso en ambos extremos del mercado. Desde 2021, los brókeres japoneses comercializan inversiones inmobiliarias basadas en blockchain entre pequeños inversores, incluidas nuevas ofertas con importes mínimos de apenas 100.000 yenes, unos 630 dólares. En el otro extremo del mercado, la Hong Kong Mortgage Corporation, propiedad del Gobierno, captó en junio 12.000 millones de dólares de Hong Kong, unos 1.500 millones de dólares, en la mayor emisión de bonos digitales realizada hasta la fecha.

¿Estás comprando el activo o un producto que lo representa?

¿Qué obtienes realmente cuando compras una «acción tokenizada»? El término puede referirse a varias estructuras jurídicas diferentes.

La modalidad más directa es la tokenización respaldada por el propio emisor, también conocida como emisión nativa. La empresa autoriza los tokens y las transferencias realizadas en blockchain pasan a formar parte de su registro oficial de accionistas o se incorporan a él.

La plataforma de infraestructura de tokenización Securitize adoptó este modelo cuando sus acciones ordinarias comenzaron a cotizar en la Bolsa de Nueva York en julio bajo el símbolo SECZ. Los inversores estadounidenses que cumplen los requisitos pueden mantener esas acciones en formato tokenizado en las blockchains Avalanche o Solana.

El token no es un producto independiente que simplemente replica la cotización de las acciones de Securitize. Es la propia acción ordinaria, registrada de una forma diferente.

Más habituales son los productos tokenizados respaldados por activos en custodia. En este caso, un tercero mantiene las acciones convencionales en custodia y emite tokens que representan una participación sobre ellas.

Por ejemplo, los xStocks de Kraken están respaldados uno a uno por acciones y fondos cotizados mantenidos en custodia, y se ofrecen a clientes que cumplen los requisitos fuera de Estados Unidos. Ondo, una plataforma de infraestructura de tokenización con sede en Nueva York, ofrece cientos de productos similares.

Estos tokens pueden transferirse entre carteras y negociarse incluso cuando las bolsas estadounidenses están cerradas, pero los derechos de voto, los dividendos y las condiciones de reembolso dependen de los términos establecidos por el emisor.

Los productos sintéticos se sitúan un paso más alejados y ofrecen la rentabilidad económica de una acción sin otorgar la propiedad de esta.

Robinhood puso de manifiesto esta diferencia en 2025, cuando ofreció a sus clientes europeos tokens promocionales identificados como OpenAI y SpaceX. OpenAI afirmó rápidamente que aquellos tokens no representaban una participación en su capital, que no había autorizado ninguna transferencia y que no respaldaba la oferta.

Robinhood explicó que los productos proporcionaban una exposición indirecta a través de un vehículo de propósito especial. En otras palabras, los compradores obtenían un derecho diseñado para seguir la valoración de la compañía, pero no figuraban en el registro de accionistas de OpenAI.

Para muchos inversores, esta diferencia no es especialmente relevante. Quien compra un token vinculado a Tesla normalmente quiere que suba el precio de Tesla, no tener derecho a votar en su junta anual. Un producto que replique de forma fiable la evolución de la acción puede ofrecerle todo lo que busca.

Además, la inversión convencional ya está fuertemente intermediada: la mayoría de los estadounidenses mantiene sus acciones a través de brókeres y nunca aparece directamente en los libros de accionistas de las empresas.

Aun así, tener exposición al precio no equivale a ser propietario. Una acción lleva aparejados derechos legales; un producto que la representa ofrece únicamente los derechos que su emisor se compromete a proporcionar.

Esto determina cómo se gestionan los dividendos, los derechos de voto y las operaciones corporativas, si el token puede canjearse por el activo subyacente y qué ocurre si quiebra el emisor o el custodio. Por eso es importante leer la letra pequeña del folleto de cualquier valor tokenizado antes de invertir.

¿Por qué quieren los bancos depósitos tokenizados?

Los depósitos tokenizados son, en la práctica, la respuesta de los bancos a las stablecoins. Ambos permiten mover dólares mediante una blockchain, pero quienes los poseen tienen derechos frente a instituciones diferentes y cuentan con protecciones distintas si algo sale mal.

Si Wells Fargo emite un dólar tokenizado, Wells Fargo debe ese dólar al titular, igual que ocurre con el saldo de una cuenta de depósito convencional. Cuando corresponde, se aplican las normas bancarias habituales y los límites del seguro federal de depósitos.

Una stablecoin como USDC, en cambio, es emitida por una empresa —en este caso, Circle— respaldada por reservas de efectivo y valores a corto plazo, como bonos del Tesoro estadounidense. Está diseñada para mantener un valor de un dólar, pero no es un depósito bancario asegurado.

¿Por qué poner un depósito en una blockchain?

Los bancos ya operan sistemas nacionales de pagos disponibles las 24 horas, como FedNow y la red RTP de The Clearing House, por lo que la velocidad, por sí sola, no supone una revolución.

El argumento más sólido está en las empresas que necesitan mover dinero entre distintas monedas y husos horarios, programar pagos para que se ejecuten cuando se cumplan determinadas condiciones o utilizar dinero bancario para liquidar un valor tokenizado sin tener que volver a recurrir a los sistemas de pago tradicionales.

Los bancos también tienen un motivo comercial evidente para desarrollarlos. Los depósitos financian los préstamos y mantienen a los clientes dentro del ecosistema de pagos de cada entidad.

Las stablecoins no necesariamente sacan dinero del sistema bancario —sus emisores mantienen sus reservas en bancos—, pero sí pueden desviar depósitos y actividad de pagos hacia compañías emisoras de stablecoins como Circle o Tether, con sede en El Salvador.

La tokenización de depósitos permite a los bancos ofrecer una funcionalidad similar sin poner en riesgo su negocio. La contrapartida es que un depósito tokenizado incorpora el riesgo de crédito del banco emisor y no es intercambiable automáticamente con el de otra entidad.

Una stablecoin con reservas íntegramente respaldadas elimina el apalancamiento propio de un depósito bancario, pero introduce otro tipo de riesgo: el del propio emisor. El titular confía en que la compañía mantenga y gestione las reservas tal como ha prometido.

Esa fragmentación es precisamente el principal obstáculo. Un token emitido por un banco todavía no puede utilizarse para pagar directamente a un cliente de otra entidad.

La red de The Clearing House pretende solucionar esta limitación y permitir que los depósitos tokenizados circulen entre los bancos participantes. Según lo publicado, el lanzamiento está previsto para el primer semestre de 2027, con las grandes multinacionales como primeros usuarios.

En resumen

La tokenización ya no es simplemente un conjunto de proyectos piloto, pero tampoco ha transformado todavía las finanzas de arriba abajo como prometían sus defensores.

Puede hacer que un activo sea más fácil de transferir, pero no convierte una mala inversión en una buena, no crea liquidez donde no la hay ni convierte un producto que replica un activo en el valor que representa.

El hecho de que bancos, gestoras de activos, bolsas y cámaras de compensación estén desarrollando estas soluciones a gran escala hace que resulte difícil considerar la tokenización como otro simple experimento tecnológico. Sin embargo, la verdadera medida del progreso no será cuánto de Wall Street acaba trasladándose a las blockchains, sino si el sistema financiero funciona realmente mejor una vez que lo haga.

Este artículo ha sido traducido de Forbes.com

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