Digi vuelve a intentarlo. Apenas dos meses después de aplazar su salida a Bolsa por la inestabilidad de los mercados, la filial española del grupo de origen rumano ha reactivado su debut bursátil en Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia con una operación más perfilada.
La diferencia más visible respecto al primer intento es la entrada de un inversor ancla. Global Portfolio Investments, vehículo inversor de la familia Domínguez de la Maza, propietaria del grupo Mayoral, se ha comprometido a invertir 100 millones de euros.
Ese respaldo fija una referencia de valoración previa a la operación de hasta 1.700 millones de euros y ofrece al mercado una señal de confianza que no estaba formulada con la misma claridad en el intento anterior.
La primera tentativa se frenó en primavera. Digi había explorado la operación con los inversores y, según la compañía, la respuesta preliminar había sido positiva. Pero el deterioro de las condiciones de mercado, marcado por la volatilidad internacional y las tensiones geopolíticas, aconsejó posponer el debut.
Ahora esas tensiones se despejan con los acuerdos de paz en Oriente Medio y los máximos que registra el Ibex 35. Sin embargo, hasta ahora la bolsa española registra una sequía, con una única salida en lo que va de año, la de la ingeniería asturiana TSK en mayo.
La operación prevista ahora en la teleco combina una oferta pública de suscripción —acciones nuevas— y una oferta pública de venta —títulos ya existentes en manos de la matriz—, con la colocación de hasta el 25% del capital de Digi Spain.
El objetivo declarado es dotar a la filial de una fuente adicional de financiación para sus proyectos de infraestructura fija y móvil en España, sin que Digi Communications pierda el control. La matriz conservaría al menos el 75% del capital tras la operación.
La fórmula de Digi —caracterizada por las tarifas agresivas y la sencillez comercial— le permitió ganar clientes en un mercado dominado por grandes grupos y obligó al sector de las telecomunicaciones españolas a recalibrar precios.
La fusión entre Orange y MásMóvil en 2024 fue un punto de inflexión. Bruselas autorizó la operación con remedios destinados a preservar la competencia, entre ellos la cesión de espectro a Digi y la posibilidad de un acuerdo de roaming nacional.
Ahora la ambición de la compañía de origen rumano es pasar de operador alternativo a cuarto operador con red propia en España. Y esa transformación requiere más capital que el modelo que la hizo popular entre los consumidores.

