Si quieres asistir al Festival Forbes 30 Under 30 preinscríbete aquí
Empresas

Gamechangers | Guibert Englebienne, cofundador de Globant: “Comprar magia es fácil, construir disciplina es difícil”

Guibert Englebienne, cofundador de Globant y presidente de Globant X, impulsa la transformación de la compañía hacia un modelo nativo en inteligencia artificial.

Con esa frase resumió en South Summit 2026 uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan hoy las empresas: convertir el entusiasmo por la inteligencia artificial en resultados reales.

Hablamos precisamente con Guibert Englebienne, cofundador de Globant y presidente de Globant X, sobre cómo se gestiona esa transición cuando quien debe afrontarla es tu propia compañía. Globant busca convertirse en una organización “AI-native”, mientras el mercado todavía no sabe si premiar o castigar esa apuesta.

Globant cumple 23 años convertida en la prueba de que se puede construir una multinacional tecnológica desde la periferia para el mundo. Es una compañía independiente de servicios de tecnología y transformación digital, nacida en Buenos Aires, que diseña y desarrolla software a medida para grandes corporaciones. Cotiza en el NYSE desde 2014, opera en 35 países y facturó 2.455 millones de dólares en 2025 para clientes como Google, Santander, LaLiga o Electronic Arts. Pero atraviesa también el momento más duro de su historia bursátil: su acción ha caído más de un 70% desde enero de 2025, el crecimiento se ha frenado en seco tras años de doble dígito y en junio del año pasado despidió al 3% de su plantilla global. El mercado no duda de que vaya a sobrevivir. Duda de algo más profundo: si una compañía que durante dos décadas vendió horas de ingeniería humana puede seguir creciendo cuando la IA multiplica la productividad del software por órdenes de magnitud. Guibert Englebienne, su cofundador y hoy presidente de Globant X —el brazo de productos y plataformas de la compañía— está al frente de la respuesta concreta de Globant a ese reto: los AI Pods, su primer modelo de suscripción por resultados.

Antes de ser presidente de nada, Englebienne era programador. Lo era desde los doce años, cuando su padre le regaló una computadora en Mar del Plata y, según cuenta él mismo, ese día le cambió la vida. Estudió Física e Ingeniería Informática, se graduó primero de su promoción, investigó reconocimiento de huellas dactilares en IBM y después fundó —y cerró— seis compañías antes de encontrarse con quienes serían sus socios. En 2003, en plena crisis argentina, cuatro amigos se juntaron en un bar de Buenos Aires y fundaron Globant con una inversión de 5.000 dólares entre los cuatro: Englebienne, Martín Migoya, Martín Umarán y Néstor Nocetti. El día que entró, sus propios socios le dijeron algo que todavía hoy usa como metáfora central de su pensamiento sobre el liderazgo: “vos no venís acá a programar; venís a armar equipos y a hacer que ellos sean los mejores haciendo lo que hacés”. Para él, que disfrutaba programar, fue un cambio difícil de aceptar. Tuvo que enamorarse de un trabajo distinto: imaginar soluciones, opinar sobre ellas, verlas desde más arriba. “Si nosotros no hubiéramos tomado decisiones como ésta, posiblemente hoy seríamos una boutique y no una gran compañía global”, reconoce.

Esa renuncia personal es, para Englebienne, el ejemplo en miniatura de lo que hoy exige a los líderes que quieren sacarle verdadero valor a la IA agéntica: dejar de hacer lo que saben hacer bien para enseñar a sus equipos —y a las máquinas— a hacerlo mejor que ellos.

El símil de la Thermomix

Englebienne lo explicó en su keynote reciente en South Summit 2026 con una imagen que ha hecho fortuna: la Thermomix. Cuando se lanzó, muchos chefs pensaron que su profesión se había acabado. No fue así: el electrodoméstico les liberó del corte y la cocción mecánica, pero los obligó a redefinir su oficio, a rediseñar el menú, a firmar sus platos. “La Thermomix es como una suite agéntica: encarna todo lo que una compañía puede entregar. Y el chef es tu gente”. Su advertencia para quien no haga ese cambio: sus equipos programarán mucho más rápido, pero el software que entreguen será exactamente el mismo de siempre.

Hace un año, Globant lanzó el primer servicio de ingeniería de software por suscripción de la industria: los AI Pods, traducción práctica de esa metáfora. Una suite de agentes autónomos con supervisión humana que no se limita a generar código —eso, dice Englebienne, “parece magia” pero rara vez llega a producción— sino que incorpora el contexto del cliente: sus datos, sus estándares, el espíritu de su marca. Lo que antes eran horas facturadas hoy se mide en “supervised tokens”, una unidad que incluye el coste del modelo, del proceso y del aprendizaje acumulado. “Es outcome-based,” insiste. “Cada outcome tiene asociada una determinada cantidad de tokens”. El reto: convencer a clientes que llevan décadas pagando por personas de que ahora deben pagar por resultados.

Los primeros números avalan la apuesta, aunque todavía a escala modesta: al cierre del primer trimestre de 2026 los AI Pods alcanzaban un ingreso recurrente anualizado de 32,8 millones de dólares, con un pipeline que supera los 350 millones. Globant también integra en esta oferta a GUT, su división creativa, de modo que la suite agéntica de desarrollo incorpore el espíritu de cada marca cliente. “Creemos que el software puede tener alma”, dice, y pone como ejemplo a Disney: si la palabra que define a una marca es “magia”, la pregunta es cómo el software puede generar esa magia para ese cliente concreto.

Los números del giro

El telón financiero explica la urgencia. Globant cerró 2025 con ingresos récord, pero el crecimiento se desplomó: el cuarto trimestre cayó un 4,7% interanual y el primer trimestre de 2026, presentado el 14 de mayo, registró 607,1 millones, un retroceso del 0,7% que, aun así, superó el consenso y provocó un repunte bursátil del 13% en la sesión siguiente. La compañía prevé para 2026 un crecimiento de apenas el 0,3%-2,2%, y su acción ha perdido en torno al 80% de su valor desde los máximos de noviembre de 2021. En junio de 2025, dentro de una reestructuración vinculada a la transición hacia un modelo más intensivo en IA, redujo su plantilla en un 3%. “No fue ni siquiera significativo: fue la limpieza típica que uno hace de su negocio de vez en cuando”, matiza Englebienne, convencido de que la razón de fondo no es que haga falta menos gente, sino que el mercado todavía no termina de entender hacia dónde va este cambio. No es un problema exclusivo de Globant: toda la industria de servicios de TI y consultoría tecnológica —de Accenture a Cognizant, de EPAM a TCS— atraviesa la misma duda sobre cómo sostener el crecimiento cuando la IA multiplica la productividad del software.

Lo que Englebienne ha aprendido en este año de AI Pods es, según cuenta, contraintuitivo: la parte tecnológica resultó ser la fácil. Lo difícil ha sido la transformación cultural: encontrar a la gente adecuada, rediseñar los incentivos, resolver lo que en la mayoría de sus clientes es, en el fondo, un problema de alineación interna y no de modelos de IA. De ahí su conclusión, la misma con la que tituló su keynote en South Summit: “comprar magia es fácil, construir disciplina es difícil”. No es cuestión de desplegar IA en cada escritorio, insiste, sino de tener la disciplina para rediseñar la organización entera y conseguir que funcione con agentes.

El Far West de la IA

Para Englebienne, buena parte de la inversión empresarial en IA no ha rendido frutos porque las compañías se acercan al cambio de forma superficial: hacen pilotos cuando deberían repensar el negocio entero. Lo que más le preocupa no es que la tecnología sustituya al programador, sino la velocidad a la que cualquier producto puede ser replicado. “Hoy desarrollar software es muy rápido. Muchas compañías apoyadas por YC (Y Combinator, la influyente aceleradora de startups de Silicon Valley) están siendo replicadas de la noche a la mañana”, advierte. Por eso cree que la verdadera estrategia defensiva ya no es el software en sí, sino los humanos y cómo están integrados en un proceso con sentido, en una comparación que recuerda a la burbuja de internet de finales de los noventa, donde el entusiasmo inicial dio paso, dos décadas después, a una reconversión real. “Estamos simplemente arañando la superficie de un cambio tecnológico de escala fenomenal”, resume.

Crecer sin perder el espíritu de start up

Sostener esa velocidad en una compañía de casi 30.000 personas es, para Englebienne, el otro gran desafío. Cuando Globant llegó a los 500 empleados, sus fundadores decidieron que la cultura no sería un simple resultado del crecimiento. En 2008 diseñaron StarMeUp, un sistema que da a cada “Glober” un número finito de estrellas para reconocer a sus compañeros, con la misma capacidad que el propio CEO: “la repetición es fundamental en la creación de un hábito, y el hábito es la cultura”, explica. Esa plataforma ha evolucionado hoy hacia un sistema agéntico, y se completa con la cercanía deliberada del equipo de dirección, que se reúne todos los miércoles —25 personas que, según Englebienne, aprenden algo nuevo cada semana. “El Globant de hoy es una función del Globant de ayer”.

Englebienne reivindica también el espíritu emprendedor perenne de los argentinos. “La Argentina es el lugar de donde más unicornios han salido en América Latina”. Más allá de las dificultades económicas endémicas del país, “la capacidad de los emprendedores argentinos destaca”.

¿Y España? Es el principal mercado de Globant en Europa —que en conjunto representa cerca del 20% de sus ingresos globales— y funciona, según Englebienne, como puente natural entre Latinoamérica, Europa y Oriente Medio. “Nuestra historia demuestra que el terreno se ha nivelado con la competencia global, que el talento bueno está en todos lados”.

Tres consejos de un Gamechanger

“Sé un comunicador. Nuestra primera obligación como emprendedores es contarle nuestro sueño a otro y hacer que lo compre como propio.” Replicar la propia visión solo funciona, dice, si va acompañada de autenticidad: “la gente tiene que saber que vos sos accesible y vivís por esos valores”.

“No te enamores de la tecnología, sino del impacto que podés generar con ella.” Es la idea que guio su propia reinvención, de programador a arquitecto de soluciones, y la que les pide hoy a sus equipos frente a la IA.

“Estudia para tu mente, para aprender a aprender.” Ante la pregunta de qué deberían estudiar los jóvenes que quieran entrar al mercado laboral en los próximos años, descarta tanto el pesimismo sobre la ingeniería o la informática como la idea de que lo creativo está a salvo: “ninguna profesión es hoy inmune a tener que reinventarse”.

Globant ha demostrado durante dos décadas que se puede construir desde la periferia para el mundo, y ahora se juega algo más exigente que su próxima ronda de crecimiento: probar que sabe aplicarse a sí misma la disciplina que predica a sus clientes. Comprar magia —un modelo nuevo, una IA de moda, un titular optimista— es lo fácil. Lo difícil, y lo que finalmente separará a quienes lideren la próxima década de quienes se queden mirando cómo pasa, es construir la disciplina necesaria para que esa magia se convierta en valor real.

Artículos relacionados