A la inmortal frase del poeta Joan Margarit, «La libertad es una librería», tras este año pandémico, le ha salido una coda: «Y una librería es la resistencia». Tras meses de cierres y restricciones, las librerías afrontan el Día del Libro con un optimismo que aún sabe a precaución. La celebración, en sí misma, ya supone un atisbo de normalidad: la edición de 2020 se trasladó a julio, la primera vez desde 1930 que la fiesta variaba de fecha.

«La lectura ha sido durante todo este tiempo un bien refugio. En los libros hemos encontrado evasión, consuelo, ánimos e instrumentos para modificar una realidad cruel e insoportable», resume Paco Goyanes, propietario de la Librería Cálamo, en Zaragoza. Los datos concuerdan: de toda la industria cultural, el libro es el que mejor aguanta el embate de la pandemia. Aunque las primeras estimaciones vaticinaban un cataclismo (La Federación de Gremios de Editores de España calculó que se perderían 600 millones de euros para el pasado año) finalmente el confinamiento se descubrió como un aliado lector y las ventas han seguido creciendo en 2021: durante los tres primeros meses la facturación ha subido hasta los 87 millones de euros. Según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros, la lectura llegó a un máximo histórico (57%) durante los meses de reclusión, en los que el número de españoles que compraron libros aumentó un 1,3% respecto al año previo.

La mayoría de ellos (el 71,1%) escogió las librerías a la hora de adquirir ejemplares, algo que se ha dejado notar en el volumen de negocio muchas de las librerías independientes de nuestro país. «Todavía es pronto para hablar de porcentajes porque no contamos con el histórico suficiente, pero las ventas no solo se han mantenido, sino que han mejorado, si bien es cierto que los meses de marzo y abril de 2020, prácticamente a cero, lastraron mucho», apunta Marina Sanmartín, desde la madrileña Cervantes y Compañía. Concuerda también la librería Caótica, en Sevilla, que cifra el incremento en el 20%, y hace preguntarse a sus libreros, Maite Aragón y Rafa Castaño, los motivos del aumento: «¿Una mayor conciencia social? ¿Mayores índices de lectura? ¿Saturación de pantallas por el teletrabajo? ¿Ha tenido que ver con el horario de restricciones más duro de la hostelería y repartido el gasto que se ha dejado de efectuar en estos establecimientos? Sea lo que sea, el hecho es que se vende más».

Librería Caótica (Sevilla).

Además de esas, desde Cálamo identifican otras causas: «El decidido apoyo de los clientes, las dificultades de las grandes cadenas de librerías para abrir sus espacios debido a su tamaño o a su ubicación en centros comerciales, la disminución de la oferta de ocio, el cierre temporal de muchas bibliotecas públicas…», señala Goyanes. No obstante, el sol no luce igual para todos. En la Villa del libro, Urueña, el pueblo vallisoletano con más librerías que bares, el equilibrio aún es difícil. «En mi caso es inviable de momento recuperar el nivel de ventas anterior, porque la mayor parte siempre son presenciales y la movilidad aún está restringida. No tengo clientes de cercanía, tienen que desplazarse hasta aquí en coche y nos afecta que la hostelería esté cerrada o limitada. La caída es muy grande», explica Tamara Crespo, de Primera Página. La madrileña Tipos Infames, habla directamente de annus horribilis: «Para nosotros las cifras no son buenas, son muy malas aunque el sector esté satisfecho del año pasado. Arrancamos 2020 muy endeudados por la apertura de otra librería en la misma calle que la actual (San Joaquín) a lo que hay que sumar un descenso de las ventas en más del 35%», explican.

Las polémicas ayudas

El pasado agosto, el Ministerio de Cultura aprobó un presupuesto de 4 millones de euros para ayudar a la supervivencia de las librerías independientes, un apoyo que ha caído de forma desigual. La Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) que agrupa al 40% de estos establecimientos, criticó que no contaran con ellos para su aprobación y adaptación de esa inversión a sus necesidades. «Las ayudas han sido importantes, pero no suficientes, entre otras cosas porque no han llegado para compensar la ausencia de ingresos durante los meses del confinamiento, sino para invertir en mejoras tecnológicas y sanitarias. Es cierto que en la nueva situación estas mejoras resultan indispensables, pero también lo es que nadie desde la Administración ha tenido en cuenta el dinero perdido y fundamental para mantener los negocios a flote», apunta Marina Sanmartín. En Primera Página utilizaron estas ayudas para mejorar su web y adquirir un ordenador.

En Caótica valoran estas y otras herramientas institucionales como los ERTE, pero también critican que se hayan dado soluciones al sector de espaldas al propio sector: «Se nos han concedido préstamos que podrían haber sido subvenciones. Hoy nuestros gastos fijos son mayores que antes, y necesitamos aguantar al menos cinco años con un nivel de amortización muy alto para seguir adelante. Más difícil habría sido no tener nada, aunque habría sido necesario hacer más. Algunas librerías ya han echado el cierre. Veremos si la amortización de los préstamos nos permite evitar el cierre a medio-largo plazo», avisan. Desde Tipos Infames y Cálamo coinciden en poner el foco en la escasa actuación de las comunidades autónomas para mantener el tejido librero en sus territorios: «En casi todas las comunidades se han echado de menos las compras en librerías para dotar a las bibliotecas públicas, algo sencillo, barato y que hubiera tenido una enorme repercusión en el conjunto de la cadena del libro, incluido también su último eslabón, el lector. La pandemia no ha corregido el desprecio que la mayoría de las administraciones públicas tienen por el libro y por las bibliotecas», critica Goyanes.

David contra Goliat

Si algo hermana a las librerías independientes es una profunda sensación de agradecimiento hacia la fidelidad de sus clientes, su «parroquia», sin cuyo apoyo –singularmente durante el confinamiento duro– habrían tenido que echar la persiana. Las ventas a través de sus propias webs les mantuvieron a flote, así como las iniciativas solidarias como los vales o bonos canjeables que animaron la reapertura. «Nunca han dejado de llegarme pedidos, no solo por la web, sino que las redes sociales han sido otra tabla de salvación a la que agarrarse, internet ha sido el único nexo de unión con los lectores», indica Tamara Crespo.

Pero también tiene su reverso, porque Amazon ha capitalizado buena parte de esas compras online, vía elegida por un 38,4% de los compradores. «Durante la pandemia las ventas de Amazon han crecido, pero también las de las librerías independientes, que han demostrado una fortaleza y una imaginación extraordinarias. Plasmar esa fortaleza en la venta online es una asignatura pendiente extremadamente complicada», apuntan desde Cálamo.

Librería Primera Página (Valladolid).

En este sentido, el escudo diseñado para combatir al gigante, la plataforma Todostuslibros.com también ha vivido un empujón debido al coronavirus. La iniciativa agrupa a más de 400 librerías independientes y una facturación superior al millón de euros. Estén o no en la plataforma, los libreros coinciden en que la forma de plantar batalla al dominio de Amazon es reforzar que no son Amazon. «No tenemos la sensación de que sea nuestra competencia, nosotros ofrecemos algo que ellos no tienen y que, en estos últimos meses, todos hemos aprendido a valorar: el trato humano, la posibilidad no solo de comprar libros, sino de comentarlos y completar así el ciclo de la lectura, que gana cuando es compartida», indican desde Cervantes y Compañía. «Amazon es un rival no de las librerías, sino de la sociedad. Imitar su modelo para competir contra ellos, es del todo incoherente para cualquiera que pretenda abanderarse como “salvador” de los libreros independientes. Los impuestos que pagan en nuestro país son irrisorios, sus condiciones laborales son draconianas, sus prácticas comerciales son tóxicas», subrayan desde Caótica.

Tamara Crespo reconoce que muchos aún se sorprenden de que su eficiencia en la venta a través de la web iguale a la de Amazon, y tira de fábulas para abordar la problemática: «Amazon es un Goliat al que solo pueden poner coto los gobiernos, si es que quieren salvaguardar la economía y el comercio nacionales y locales, que no lo sé, porque algunos parece que se tragan eso de que un almacén logístico de Amazon da empleo y no lo contrario. La resistencia libresca, la de compradores y vendedores irredentos o, al menos, concienciados, es hoy, en efecto, tan pequeña como ese David de la mitología, pero necesaria para mantener la esperanza».

No cabe duda de que las filas de la resistencia están mermadas. Muchas han cerrado sus puertas para siempre, como Los Editores en Madrid, o Brontë Liburudenda en Irún; pero también ha habido nacimientos. Fahrenheit 451 en Barcelona, Amapolas en Octubre en Madrid o Inusual en Granada. La esperanza aún es frágil y precavida, pero asoma la nariz. Porque hoy es su día.