Se ha producido una paradoja en el futuro del trabajo. Sí, 2020 ha visto consolidar el remoto y acelerar su digitalización, generando un distanciamiento físico entre las personas que lo sacan adelante, pero las relaciones entre trabajadores y la cultura de las empresas van dirigidas a convertirse, cada vez, en más humanas, más cercanas. El entorno empresarial se ha vuelto incierto, mucho más complejo, hostil, y las soft skills están ganando terreno a las hard skills, porque antes de la transformación digital, debe haberse consolidado una transformación cultural de las compañías. Las mal llamadas habilidades blandas no tienen nada de débiles. Al contrario, se vuelven más necesarias que nunca y todos los cazadores de talento corporativo tienen sus radares activos en busca de profesionales que las desarrollen de forma natural en su día a día.

Raquel Roca, Directora del Máster en Gestión del Talento en la Era Digital y experta en Futuro del Trabajo y Transformación Digital, destaca la definición del estudio The Heart of Resilient Leadership: Responding to COVID-19, elaborado por Deloitte, en el que se ponen de manifiesto dichas cualidades. Ser resiliente, poner corazón (empatía) y cabeza (orientación a resultados); volverse ágiles en la toma de decisiones a corto plazo, sin dejar de generar estrategia para el medio y largo, así como liderar la narración. Es decir, saber proyectar un futuro convincente y tener dotes de comunicación para fomentar la inspiración.

“Se veía desde hace años que las empresas que tendrían un futuro serían aquellas que humanizaran la digitalización. Cuando vamos haciendo girar la organización para que sea más dinámica e introducimos herramientas como Trello, por ejemplo, no se busca el control de las tareas de las personas del equipo, sino su autogestión”, explica Raquel Roca. Se las empodera para que tomen las riendas de su trabajo desde una faceta de mayor confianza y libertad. Así como, según Roca, la introducción de tecnología como la Inteligencia Artificial (IA) o la robótica, imprescindibles para mejorar los procesos de productividad, no están para ‘robar’ el empleo a las personas, más bien para descargarlas de las tareas pesadas y rutinarias que, normalmente, se quieren evitar.

Se trata de una transformación que ya de por sí iba rápido. Es lo que opina Gonzalo Torres, Country Manager de Talent Garden en España y Francia: “Esta aceleración tan agresiva produce que tanto empresas como personas tengan que adaptarse con menos margen de tiempo. La consecuencia es que se van a destruir empleos, pero van a aparecer muchos más. Oportunidades no van a faltar. El problema es que seamos capaces de aprovecharlas”, sentencia Torres.

Antonio Serrano, Doctor en Derecho y CEO de Spacetechies, recuerda que los países con mayor penetración de la automatización y la robotización, como Japón, Corea del Sur o Alemania, son los que menores tasas de desempleo muestran. Serrano está convencido de que la destrucción de empleo será inversamente proporcional a la aparición de nuevas profesiones: “Lo que van a desaparecer son los profesionales dentro de un empleo que realicen tareas repetitivas y automatizables que no aporten gran valor. Es decir, todo lo que se pueda automatizar, se hará y si tu trabajo lo puede hacer una máquina, serás reemplazado por una máquina”, se muestra directo Serrano. “Ahora bien, hay cosas que las máquinas no pueden hacer al no poseer empatía, inteligencia emocional o creatividad. Por tanto, lo que tenemos que hacer es aportar nosotros el componente humano y de alto valor”.

Aquí entra en juego la responsabilidad corporativa para ayudar a los empleados en mayor riesgo de paro tecnológico a que adquieran cada vez mas conocimiento y relevancia en trabajos cognitivos, donde el ser humano puede aportar una diferenciación. “E incluso dar herramientas de emprendimiento a las personas, sobre todo si son mayores de 50 años, para que sean Silver Surfers y puedan optar a un desarrollo de una segunda carrera y vida laboral en el entorno digital, cuando se desvinculen de la empresa más tradicional”, declara Raquel Roca, autora de los libros Knowmads. Los trabajadores del Futuro y (precisamente) Silver Surfers, en el que aboga por un cambio de mentalidad sobre el significado del progresivo envejecimiento de la población y la manera en la que esto afecta al mercado laboral.

De nuevo, la humanización del futuro del trabajo es el futuro, en sí mismo.

‘Knowmad’, el perfil más demandado

El ‘nómada del conocimiento’ continúa siendo tendencia, incrementada por la obligación abrupta de subirse al tren de lo digital. Es el perfil que mejor le va de manera independiente. Por un lado, porque ha desarrollado destrezas digitales, pero sobre todo por su capacidad de aportar o reinventar(se) más rápido, incluso en situaciones extremas. “Ahora, todos estamos comprobando que entender y llevarse bien con la incertidumbre es un must y esto el nómada del conocimiento lo lleva de serie. Es fundamental desarrollar una mentalidad knowmad que nos permita tener una buena empleabilidad presente y futura, ya seamos trabajadores por cuenta propia o asalariados”, anima Raquel Roca.

Seguramente el cambio más significativo en esta nomenclatura venga porque el knowmad crece más desde ‘el ser’, lo que acaba teniendo un impacto positivo en ‘el ofrecer’ y en ‘el tener’. Y esto, insiste Roca, está 100% relacionado con el propósito y la realización. También es vital en las corporaciones, con un panorama poco alentador que dibujan muchos trabajadores que permanecen en ERTE y que, en el caso de desaparecer este mecanismo, la gran mayoría irán, seguramente, a engrosar la lista de desempleados. Antonio Serrano confía en que al comenzar a vacunar a la población se incentive un restablecimiento de la confianza que vuelva a dar lugar al consumo de productos y servicios, generando una mayor demanda y, por tanto, una necesidad de contratar nuevamente a muchos de esos perfiles perdidos.

Por otra parte, los trabajos más demandados serán aquellos relacionados con los nuevos modelos de empresa. “Sin duda, la COVID-19 ha dado paso en diferentes sectores a los modelos de trabajo distribuidos y, por ello, todos aquellos relacionados con la creatividad, la comunicación, la enseñanza y la tecnología serán los más solicitados”, aventura Pablo Rodríguez, CEO de HACK A BOSS. Según datos de McKinsey, un 70% del crecimiento potencial del trabajo europeo, hasta 2030, se desarrollará en los ámbitos de las tecnologías de la información y la comunicación, la salud, el trabajo social y la educación, donde podrían llegar a crearse 4,6 millones de nuevos empleos.

Competencias digitales para los más pequeños

La educación es la base, una vez más. Pero ya no se trata de una formación estática, sino continua, “que nos va a acompañar a lo largo de toda nuestra vida y que nos va a permitir adaptarnos a todos los cambios que están produciendo tanto la cuarta revolución industrial como la COVID-19”, opina Serrano, y añade: “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

Desde la consultora McKinsey Global Institute, han publicado el estudio The future of Work in Europe, en el que se han analizado alrededor de 1.100 mercados laborales locales de los 27 países miembros de la eurozona, además de Reino Unido y Suiza, y de él se desprende que más de la mitad de la fuerza laboral de la Unión Europea (UE) va a tener que afrontar nuevas habilidades dentro de sus actuales profesiones, en vistas a la próxima década.

Un 26% de los empleos europeos están en peligro debido a las reducciones en horas y/o salarios, legislaciones temporales o despidos permanentes que provoca la crisis económico-sanitaria.

Si focalizamos en el sector científico-tecnológico, el informe señala una aproximación de 4 millones de puestos de trabajo potenciales, con un fuerte crecimiento, en concreto, para los desarrolladores de software. También las profesiones STEM (relativas a Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), o las derivadas de la gestión empresarial y asuntos legales podrían aumentar en más del 20% a lo largo de los próximos diez años. “Lo que está claro es que en los próximos años mis hijos trabajarán en profesiones que aún no existen. De ahí que sea tan importante formarse en competencias digitales como la programación, la robótica, el diseño e impresión 3D y en habilidades como la creatividad, la innovación, el liderazgo o la iniciativa emprendedora”, cree Antonio Serrano, responsable de Spacetechies, un centro de formación en competencias digitales donde forman a niños desde los 5 años para trabajar en esta nueva economía digital y facilitar la empleabilidad desde las edades más tempranas.

Más allá de nuevos puestos o profesiones que en este momento, no existen, desde la escuela de programación gallega, HACK A BOSS, prefieren hablar de nuevos trabajos originados por el cambio en la forma de abordarse o ejecutarse. “Y sí, estos nuevos empleos requerirán de habilidades, fundamentalmente relacionadas con las capacidades intelectuales y tecnológicas, que pueden aprender, en nuestro caso, desde los 6 años”, apunta Rodríguez. “Sectores como la logística, el turismo, la medicina y, en general, la gran mayoría, darán paso a esta nueva forma de hacer las cosas sustentada por la tecnología y la transformación digital, que serán transversales a todos los sectores”, culmina.

Y aun así, para Raquel Roca, no será suficiente. “Necesitarán que les ayudemos a que amen aprender. Porque es algo que van a necesitar de por vida. Estar siempre actualizándose, ser exploradores de la vida. Debemos facilitarles herramientas para que sean capaces de buscarse la vida por sí mismos, con actitudes y aptitudes emprendedoras”, comenta Roca, quien traslada que deberíamos poder generar “pequeños mini knowmads”, que fluyan con el cambio, brillen desde su singularidad y aporten valor el día del mañana. Otro de los grandes cambios impulsados, de rebote, por la COVID-19, es el cambio de escenario en el que la ubicación física del trabajador deja de tener importancia. El concepto de oficina pierde sentido.

Ser o no productivo, esa es la cuestión, te encuentres donde te encuentres. “De hecho, el concepto de coworking, que era innovador hace 12 meses, hoy ya se podría tomar como tradicional. Si nos basamos en metros cuadrados, no estamos entendiendo dónde estamos hoy. En otros sectores vamos a modelos de economía colaborativa donde no tenemos propiedad, sino acceso a los bienes. En caso de oficinas, conceptualmente es algo parecido”, recuerda Gonzalo Torres.

Y en este nuevo paradigma, ¿qué papel juega la administración y los organismos oficiales? Según los expertos consultados, dejando momentáneamente de lado el coronavirus, las administraciones tienen dos asignaturas pendientes, desde hace tiempo. Por una parte, su firme apuesta por la innovación, la investigación y desarrollo, apoyando su financiación con más recursos que los destinados hasta la fecha. Por otra, se hace necesario invertir en educación de altísima calidad, aislándola además de luchas políticas. “Son decisiones de Estado, a largo plazo, con las que se garantizaría un país próspero, lleno de talento y capaz de adaptarse a los cambios que estén por venir”, apunta Antonio Serrano. Porque la formación continúa siendo eje vertebrador de cualquier transformación.