Una compañía, entidad o proyecto inclusivo supone una lanza estratégica para el tejido empresarial de cualquier país y una herramienta competitiva de cara al exterior. La consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS) no resulta completa si no se asume la responsabilidad adquirida por los diferentes actores que se encuentran a los mandos de los poderes de decisión: Ejecutivo, empresas y organizaciones oficiales, a la hora de garantizar un acceso digno al mercado laboral para las personas con algún tipo de discapacidad. Debería suceder sin recurrir a las medidas compensatorias o alternativas de la Ley General de Discapacidad.

Iniciativas consolidadas, como la Fundación Integralia DKV, contribuyen a mejorar la empleabilidad del colectivo, centrado en la lucha contra la brecha digital que excluye (de forma evidente) a las personas con discapacidad, en un contexto de transformación digital de todos los sectores a través de la formación, el acompañamiento y el desarrollo de sus centros especiales de empleo, que para el consejero delegado de DKV y presidente de la Fundación Integralia, el Dr. Josep Santacreu, están diseñados para ser vías de tránsito: “Estamos identificando nuevos potenciales clientes, nuevos servicios y poniendo foco allí dónde nuestros servicios son más valorados. También diversificando y luchando contra la brecha digital de nuestros equipos, a través de nuevos servicios de testing de aplicaciones, de servicios de negocio digital para diferentes empresas”, explica.

Pioneros de la inserción

A lo largo de los 20 años de vida de DKV, su estrategia ha llevado por bandera la responsabilidad social corporativa, porque una compañía referente de los seguros de salud en nuestro país no podía evolucionar sin poner en el centro su firme compromiso con la discapacidad. Una actividad alineada con los ODS, concretamente con los números 3 (salud y bienestar), 13 (acción por el clima) y 17 (alianzas para lograr dichos objetivos). En el caso de Integralia, suma una fuerte apuesta por la convocatoria de innovación social en salud y el estudio de hábitos que tienen que ver con la salud de personas con discapacidad, asumiendo también el 4 (educación de calidad), el 8 (trabajo decente y crecimiento económico) y el 10 (reducción de las desigualdades).

La Fundación DKV Integralia nace en el año 2000 como primer centro especial de empleo de la compañía, ubicado en El Prat de Llobregat, convirtiéndose así en el primer contact center de Europa atendido exclusivamente por personas con discapacidad. Se trata, por tanto, de una iniciativa de emprendimiento social pionera, convertida en piedra angular de su estrategia, que defiende que un negocio debe ser rentable pero, sobre todo, responsable, donde el impacto positivo cobra especial sentido a medida que avanzan los años.

En un principio, su modelo de inserción laboral daba empleo a 9 personas. Hoy en día, esta organización social gestiona 7 centros especiales de empleo en diferentes ciudades de nuestro país y ayuda de forma directa a 490 hombres y mujeres. Más allá del apoyo a la atención al cliente de DKV, la empresa ha conseguido prestar este servicio a decenas de usuarios, entre los que se encuentran otras compañías, ONG y diferentes Administraciones Públicas. Junto a la financiación pública y las donaciones, se ha logrado que Integralia sea una entidad con capacidad para autofinanciarse al margen de su matriz (DKV), además de haber conseguido ampliar todas sus líneas de actividad, añadiendo conocimiento de negocio, marketing digital, consultoría junto a formación para la inserción laboral y back office (o gestiones de atención al cliente). Bajo el liderazgo del Dr. Josep Santacreu, su consejero delegado, se impulsa de forma significativa una Fundación para que, más allá de poder subcontratar un contact center externo o contar de forma directa con teleoperadores, esta atención telefónica sea gestionada por personas con discapacidad.

Desde su pistoletazo de salida, Integralia ha conseguido conformar un macroproyecto gestionado al 100% por personas con discapacidad, que ha afrontado los últimos 20 años creciendo de forma sostenible, bien mediante la apertura de nuevos centros, la ampliación de líneas de servicios, multiplicación del impacto social e impulso de programas de cooperación internacional al desarrollo. Una entidad sin ánimo de lucro cuya misión pasa por la inserción socio laboral de personas con discapacidad física, sensorial y orgánica con prioridad en la alta discapacidad y con dificultades para incorporarse al mercado laboral, a través de la formación, el empleo directo e indirecto y los itinerarios personalizados.

Gestión de la diversidad

El fortalecimiento de las políticas de gestión de la diversidad, hasta convertirse en agentes del cambio y de la transformación social, es crucial en la estrategia de Integralia, que pone a disposición de otras empresas su experiencia en el terreno de la inserción laboral de estas personas. Un modelo replicable, escalable, de alto impacto social por parte de la Fundación, con centros que disponen de características claramente diferenciadoras en cuanto a volumen de clientes o beneficiarios y que, sin embargo, comparten un único modelo de inclusión, con la formación ocupando un lugar preferente.

Un proceso educativo que suma, construye y enriquece a los individuos en una faceta que, por distintos motivos, no ha sido accesible a la población con alguna discapacidad y que generacionalmente ha supuesto un freno en su desarrollo profesional y personal. Porque es la formación, junto al acompañamiento individualizado, lo que se antoja indispensable a la hora de hablar de una verdadera inserción laboral de personas con discapacidad, que a su vez fomentó, en 2013, el nacimiento de la Escuela Integralia.

La Escuela Integralia tiene el foco puesto en que estas personas adquieran competencias para el empleo que favorezcan su inclusión, por lo que, una vez realizada esta primera formación, los beneficiarios sean capaces de obtener un empleo en los centros de trabajo de la misma Integralia, donde pueden continuar su itinerario profesional adquiriendo experiencia laboral para encontrar, finalmente, un empleo en otra compañía que les permita seguir desarrollándose en un entorno laboral normalizado.

En este punto, es importante recordar que en su hoja de ruta, la Fundación Integralia tiene marcado con luces de neón el correcto cumplimiento de la Ley General de la Discapacidad, que obliga a las empresas de más de 50 empleados a mantener una cuota reservada a estas personas del 2% y que actualmente es incumplida por el 75% de las compañías, según el Barómetro de Deloitte, donde la Fundación ha incorporado dos preguntas acerca del grado de aceptación de la misma (concretamente, en la página 29). Según recoge el informe, las empresas tienen dificultades a la hora de contratar personas con algún tipo de discapacidad, de hecho, el 66% reivindican la complejidad de adaptar el perfil a la actividad de la compañía mientras un 22% señalan las necesidades de adaptación de accesibilidad física al centro de trabajo, sin olvidar un 21% de los encuestados que pone de manifiesto las barreras existentes para encontrar fuentes de reclutamiento adecuadas.

Llama la atención un 13% que considera un impedimento la falta de formación adecuada del que se traduce ese 8% restante que pone en duda el correcto rendimiento y desempeño en sus funciones que podrían tener las personas con discapacidad en su jornada laboral. La crisis económico sanitaria generada por la COVID-19 ha puesto de manifiesto, entre otros factores, que existe una brecha digital por la que las personas con discapacidad encuentran barreras cuando pretenden acceder a las nuevas tecnologías, uno de los principales elementos de inclusión socio laboral.

Brecha digital, formación

Según datos desprendidos del informe Tecnología y Discapacidad elaborado por la Fundación Adecco, un 42% afirma que le resulta “muy complejo y avanzado su uso”, seguido de un 32% con problemas de accesibilidad, al no poder manejar ciertos dispositivos a causa de incompatibilidades ocasionadas por su discapacidad. Además, un 20,6% no confía en lo digital y siente temor a convertirse en víctima de algún fraude, mientras que un 15,9% carece de recursos económicos para invertir en la compra o alquiler de nuevas tecnologías.

Los muros existentes a la hora de acceder a las nuevas tecnologías, en un mundo que gira sin remedio hacia lo digital, abocan a este sector a la exclusión. La búsqueda de empleo se realiza predominantemente online y alternativas como el trabajo en remoto solo son viables si se dan a través de la tecnología.

Por ello, la Fundación DKV Integralia apela, de nuevo, a la responsabilidad de todos los ámbitos con capacidad de decisión. Al Gobierno y las Administraciones Públicas, en su papel de regulador de las medidas que favorezcan la inclusión socio-laboral, pero también al sector empresarial que cumple una función fundamental implicándose en la inclusión de colectivos en riesgo de exclusión social, sin olvidarnos de las entidades del tercer sector y al propio colectivo de las personas con discapacidad, que no pueden (ni deben) bajar los brazos para revertir una situación que, a día de hoy, aún les mantiene anclados en los centros especiales de empleo.

Alianzas empresariales

En palabras de Josep Santacreu, presidente de Integralia y consejero delegado de DKV, antes, pocas personas con discapacidad podían llevar a cabo su propia transformación digital: “Hoy en día existen dos factores fundamentales que hacen que esto sea cada vez más frecuente. Uno es la tecnología, que nos permite hacer cosas sorprendentes y, otro, la metodología, porque gracias a la combinación de ambos hemos conseguido crear un modelo que hace posible que las personas con discapacidad se integren laboralmente”, apunta. En el contexto de la situación laboral y formativa de las personas con discapacidad en España, destaca el 34,5% de los individuos en activo, que presenta una tasa de actividad de 43,1 puntos inferior con respecto a la población sin discapacidad.

El modelo de inserción de Integralia viene adaptado a la actividad de cualquier organización y sector. De hecho, se pone de manifiesto con las alianzas empresariales e instituciones que se impulsan desde los centros de la fundación: Mútua Terrassa, Europ Assistance y Hospital Marina Salud, donde incluso, dicho modelo ha llegado a adecuarse para ser insertado en necesidades específicas de las propias organizaciones.