Nuestro enemigo más peligroso no son nuestros errores o fracasos. No es nuestra situación actual, nuestros problemas de liquidez o incluso la mala situación del mercado. Nuestro enemigo más peligroso es lo que elegimos aceptar sobre nosotros mismos, nuestras situaciones, nuestro potencial y nuestro éxito.

En nuestra búsqueda por la perfección y la responsabilidad personal para el éxito de nuestros esfuerzos nos enfocamos mucho sobre nuestros errores e ignoramos sistemáticamente nuestros logros. A menudo se sitúan en el límite entre nuestras carreras y vidas familiares. Entre el equilibrio en una vida laboral inexistente, relaciones tensas, la tambaleante salud mental, problemas insuperables para resolver y muy, muy poco de aliento, parece que nuestra propia negatividad interna y creencias contraproducentes son la menor de nuestras preocupaciones.

A continuación se presentan tres estrategias para combatirlas y alcanzar nuevas alturas en tu carrera:
Vanidad. En lugar de minimizar nuestros éxitos y hacer hincapié en nuestras debilidades, tenemos que seguir el ejemplo de nuestros compañeros y dar crédito a quien crédito merece. Ser vanidoso es en realidad una forma de auto-cuidado vital para la construcción de la confianza. La confianza en tus logros engendra la confianza de los demás en ti.

Llegar al quid de la cuestión. ¿Te vas abajo cuando se te olvida la fecha límite para un trabajo? ¿Cuándo son críticos contigo? ¿Cuándo no eres capaz de prever una situación? La causa de tus inseguridades son pistas importantes para localizar el origen del problema. La clave, entonces, es aislar el problema y trabajar en él. Al cambiar tu percepción del problema tendrás margen para avanzar y no volver a cometer los mismos errores.

Sé tu mismo. Así es. Con defectos y todo. La mayoría del tiempo establecemos normas imposibles para nosotros mismos que nunca se podrían esperar de los demás. Olvídate de las normas y actúa como una persona de carne y hueso. Cuando lo hagas, pronto te encontrarás capaz de alcanzar nuevas alturas.