Quejarse de todo: nada te parece bien, te has acostumbrado a protestar y no hay quien te pare. Si no quieres que compañeros y jefes acaben hartos de ti, deberías empezar a mirar las cosas desde otra perspectiva y quejarte solamente cuando sea necesario.

Estar pendiente de tu móvil personal: te pagan por trabajar, no por sentarte a mirar el móvil, así que olvídate de hablar por WhatsApp, ojear Twitter y cotillear las 200 fotos de sus vacaciones que acaba de subir tu mejor amiga cuando estés en la oficina.

Llegar tarde: un día puedes perder el tren o verte metido en medio de un atasco y aun así no sería excusa para llegar tarde a trabajar. Debes salir algo antes de casa o por lo menos con el tiempo suficiente para no llegar tarde todos los días.

Decir que sí a todo: estás hasta arriba de trabajo, porque sea el jefe el que te pida hacer una sola cosa más no digas que sí. Es mejor decir que no a alguna cosa y hacer bien las que ya tienes pendientes que hacer muchas y mal. Piénsalo detenidamente.

No delegar tareas: si no tienes tiempo de hacer todo y tienes personas a tu cargo, ¿por qué delegas en ellos alguna tarea? Tienes que aprender a no querer ser omnipresente, los demás también saben hacer las cosas bien y si no, enséñales.

No planificar: improvisar está bien para salir de fiesta con tus amigos porque al final esas noches son las mejores, pero cuando se trata de trata de trabajar, lo mejor es que te marques una agenda y unos objetivos. Cuantos menos sobresaltos, mejor para todos.

Mezclar vida personal y laboral: has discutido con alguien de la familia antes de salir de casa pero, ¿qué culpa tienen tus compañeros? Esa no es una excusa para que les hables mal o les pongas peor cara que de costumbre. Las cosas de casa, en casa.

Tomarse demasiadas confianzas: que un compañero no te ponga mala cara a las bromas o que un jefe sea simpático, no quita que tengas que tratarlos con profesionalidad. Recuerda que un trato profesional no tiene por qué ser aburrido.

Irse antes de tiempo: a menos que tus superiores te digan que te puedes ir antes de tiempo, no deberías abandonar tu puesto antes de llegar tu hora de salida. Si pasa algo, te necesitan y no estás puedes buscarte un problema.

No hablar las cosas: muchas empresas se ahorrarían problemas si sus altos cargos y sus empleados se comunicaran como es debido. De los silencios innecesarios surgen los malentendidos, las envidias y otros problemas puntuales más específicos.