No hables demasiado rápido: los nervios podrán calmarse respirando profundo antes de entrar a la sala con el seleccionador. Vocaliza y no des la sensación de que deseas salir de allí lo antes posible.

Deja de moverte de forma nerviosa. Para los pies y relaja las manos. La mayoría de la ropa que lleves delatará este estado innecesario de nervios.

Habla sin dudar y de forma rotunda. Abre bien antes la garganta e incluso ensaya un trabalenguas si esto te ayuda.

Mantente de pie mientras esperas. No hagas que la primera impresión que vean de ti sea postrado en un sofá. La espera durará minutos y es recomendable hacerla erguido y sin estar sentado.

Encuentra tu mejor posición a la hora de sentarse: esta es en la que te sientas cómodo y que deje espacio suficiente entre tú y el entrevistador. Relajarte en tu silla hará todo más fácil.

Muestra tus manos: dará confianza y no dejará lugar a dudas de que no tienes nada que esconder.

Haz sentir especial al interlocutor, muestra interés y enséñale mediante gestos y preguntas que te interesa lo que te cuenta.

Escucha. Esta parte es importantísima. Evita caer en redundancias al seleccionar correctamente tus preguntas. Esto se consigue con una escucha activa.

Usa tu propia voz. Parecer más serio o formal solo te hará verte menos natural. Habla como si lo hicieras con un amigo o familiar, con un tono de respeto y calma, claro.

Sé tú mismo en todo momento. Piensa que si encajas en el puesto por cómo eres, serás seleccionado y le gustarás al entrevistador. Dar una imagen errónea irá en detrimento de tu actividad profesional.