Fue el psicólogo inglés Spearman el que introdujo el concepto de “Inteligencia General”, hecho que desmontó las creencias hasta entonces asentadas en el siglo XX. Su teoría era tan sencilla como que quien es válido para un área lo debería ser también para cualquier otra.

Sin embargo, su conclusión (conocida como Factor G) comenzó a “perder fuelle” frente a otras que tenían más en consideración al grupo: Group Intelligence o Inteligencia de Grupo. El núcleo de muchas compañías pasó a ser el grupo y este cambio de paradigma planteó la cuestión sobre qué es lo que marca la diferencia.

El estudio del MIT parte de la base de que al existir individuos más capaces, también hay grupos más sobresalientes que otros. Hecho que justifican a partir del Factor C, que hace alusión a la inteligencia colectiva.

Pero según se desprende de sus investigaciones, el Factor C no guarda relación directa con la inteligencia media del grupo, pero sí con su sensibilidad, la distribución de los turnos de conversación y la proporción de mujeres en el grupo. De esta forma, no tiene demasiada cabida la creencia de que los miembros más inteligentes forman espontáneamente grupos más capacitados.

Pero la inteligencia emocional sí es un factor dominante en la configuración de equipos, además de ser una habilidad que tiende a estar más desarrollada en las mujeres. Así que el género femenino tiene más capacidad para gestionar la comunicación no verbal y descifrar los significados inconscientes que revelan muchos gestos de los miembros.

El estudio asegura que esta habilidad capacita a las mujeres a leer la mente a través de los ojos, hecho que constituye un rasgo de la personalidad y no una habilidad que se pueda moldear.