Ambos problemas tienen la suficiente dimensión y trascendencia como para prestarles la necesaria atención so pena de convertir las grandes ciudades en espacios insostenibles medioambientalmente y en conflictividad social.

La OCDE pone el acento en el potencial de las ciudades de pequeño y medio tamaño  –con menos de un millón de habitantes– de países emergentes que concentran el 59% de la población urbana mundial y carecen de planificación urbana porque ésta se ha dirigido hacia las grandes áreas metropolitanas–. Esta asimetría en el crecimiento urbano está produciendo –señala el organismo multilateral– “ciudades fragmentadas, desiguales y disfuncionales”, y una crisis de vivienda por la falta de una oferta asequible capaz de atender a la oleada de inmigrantes.

La OMS advierte que la urbanización rápida y sin planificar también contribuye a la pobreza urbana, que se está convirtiendo en una grave y omnipresente característica y, en gran medida, no reconocida, de las ciudades. Según el organismo, la pobreza se puede encontrar en todos los rincones del planeta, desde ciudades de Suecia, Reino Unido o de Estados Unidos, y calcula que 828 millones de personas –un tercio de la población urbana– viven en condiciones infrahumanas en barrios marginales insalubres.

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La gran mayoría de estos barrios marginales –más del 90%– están ubicados en ciudades de países emergentes, algunas de las cuales están entre las que experimentan mayor desarrollo urbano. Según un trabajo de la británica Royal Geographical Society, “una de cada seis personas de la población mundial vive ahora en asentamientos ilegales y esta cifra aumentará a una de cada tres para 2050, aun con un menor crecimiento de la población. Ningún gobierno tiene la capacidad de manejar esta escala de crecimiento. Para poder acomodar a estas personas se tendría que construir una casa cada segundo y ningún gobierno o empresa privada puede esperar lograr esto, por lo que la gente lo hace por sí misma y el resultado son los asentamientos ilegales”.

La OCDE subraya otro problema que acecha a las ciudades, junto con el de la infravivienda: la desigualdad económica, cuyo problema se hace más difícil de solucionar en la medida que el crecimiento de la economía mundial está desacelerándose. Y recuerda que la equidad y la reducción de la pobreza van de la mano estimando que el 75% de las ciudades del mundo arrojan niveles más altos de desigualdad de ingresos que hace una generación.