1. Creer en tu idea por encima de cualquier cosa
Es esencial, ¿si tú no crees en tu proyecto, quién va a hacerlo? Tienes que estar 100% seguro de que lo que vas a presentar es posible y viable. Tu idea es tu futuro y tienes que creer en ello más que nadie.

2. Contar al inversor detalladamente tu proyecto
Tienes que ser lo más claro posible con el inversor, explicar de una forma clara y sencilla cada punto de tu idea. Además deberás mostrarle y explicarle porqué crees que es viable con estudios de mercado, de marketing… es decir, defender tu proyecto hasta el final.

3. Ser lo más creativo posible
Tanto en el proyecto en sí, como en la forma de presentarlo. Los inversores cada vez más miran la originalidad y la calidad de un producto o servicio. Además una buena forma de presentarlo que se salga de aburridos convencionalismos, puede darte el pequeño empujón que te hace falta.

4. Tener una actitud que denote seguridad en ti mismo
La actitud que demuestres frente a los posibles inversores puede determinar que la negociación salga bien o mal. Si estás intranquilo, nervioso, alterado o dubitativo lo más normal es que los inversores no acaben de convencerse y de invertir en tu idea. Lo mejor es mostrar una actitud de total seguridad en ti mismo y en la idea, respirar profundo, templar los nervios y ¡adelante!