La longevidad aumenta seis minutos cada hora porque, entre otras razones, los avances médico-científicos, y muy especialmente las investigaciones genéticas, están posibilitando luchar contra enfermedades que en el pasado eran necesariamente mortales y de impacto masivo para la población.

Las personas vivimos cada vez más años, la esperanza de vida al nacer en Japón, el país más longevo del mundo, es de 83,9 años, seguido por España, con una media de 83 años. Pero también aumenta en continentes menos avanzados, como por ejemplo en África, donde la esperanza de vida al nacer en Argelia ya supera los 75 años.

Salvo en el periodo de las grandes guerras, catástrofes o pandemias masivas, la humanidad ha venido consolidando año tras año un deslizamiento positivo en su esperanza de vida. El problema que se está detectando en las últimas décadas es que este desarrollo positivo coincide con una reducción acelerada de las tasas de fertilidad, contracción que se inició en los países más desarrollados pero que ha sido tendencialmente imitada por todas las regiones del planeta.

Menos nacimientos, mayor esperanza de vida, terapias genéticas, avances y nuevos descubrimientos en la medicina tradicional, en la conservación de los alimentos, etc., todos juntos en la misma coctelera nos llevan al fenómeno global que, junto con el mundo digital, está transformando el planeta aunque apenas se hable de ello: me refiero al envejecimiento de la población.

Según las estimaciones de Naciones Unidas, la población mundial mayor de 65 años se va a duplicar alrededor del año 2050. Es un fenómeno igual de disruptivo que la digitalización pero, a diferencia de ésta, apenas nos estamos preparando para el envejecimiento de la población, un proceso irreversible que traerá sin duda elementos negativos que habrá que gestionar, pero sobre todo un nuevo mundo de oportunidades que tendremos que saber aprovechar.

En Mapfre analizamos continuamente el futuro porque, entre otras razones, tenemos que anticiparnos a los riesgos que tendrán nuestros clientes. El envejecimiento puede ser uno de ellos, depende de lo que hagamos para acomodarlo a nuestra realidad. Nosotros, junto con la Deusto Business School, hemos desarrollado el concepto Ageingnomics que hace referencia a la economía del envejecimiento que, en esencia, resume la aproximación en positivo que deberíamos hacer en todos los niveles de la sociedad para convertir esa mayor longevidad en mayor crecimiento y desarrollo.

La esperanza de vida tras la jubilación también se está desplazando. Cuando nacieron los sistemas actuales de pensiones, sistemas de reparto en los que los trabajadores pagan la pensión de sus ‘mayores’, la supervivencia más allá de los 65 años era de apenas ocho o nueve años; hoy van camino de los 15 o incluso alcanzarán los 20 años.

La primera medida que las sociedades están acometiendo ante esta realidad es el desplazamiento de la edad de jubilación, lo que conlleva un aumento de la inversión en capital humano que, a su vez, afectará positivamente al consumo y crecimiento económico.

Pero hay más, necesariamente vamos a tener que adaptar los modelos sociales y organizativos a una realidad en la que una de cada tres personas será mayor de 65 años, lo cual se producirá en países como en España en los próximos 12 o 15 años.

Van a nacer nuevas profesiones relacionadas con ese ocio activo, habrá que diseñar infraestructuras que recojan también esa realidad. Los entornos urbanos, los patrones de consumo, e incluso los iconos del marketing van a reflejar esa sociedad gobernada por los ‘jóvenes jubilados’.

Solo se me ocurre un nubarrón que puede impedir que este nivel de desarrollo y crecimiento económico no se produzca. Para vivir ‘económicamente’ esta prometedora etapa, los futuros jubilados tienen que tener suficiencia de rentas, algo que todos los informes advierten que no va a estar garantizado solo con la pensión pública.

Abordarlo de una manera global, bajo el concepto de Ageingnomics nos va a permitir entender todos los aspectos y adoptar las decisiones que permitan un aprovechamiento positivo de esos seis minutos que ganamos cada hora.

Antonio Huertas Presidente de Mapfre