Este miércoles, 28 de septiembre, FORBES ha celebrado la primera edición del Forbes Summit Reinventing Euskadi. Un evento que ha contado con la presencia de destacadas figuras del mundo político y empresarial vasco (aquí puedes leer el resumen de la jornada). Entre ellos, Arantxa Tapia, consejera de Desarrollo Económico, Sostenibilidad y Medio Ambiente del Gobierno Vasco, que se ha sentado junto a Andrés Rodríguez, editor y director de Forbes España, para charlar sobre la importancia de la digitalización.

Andrés Rodríguez: ¿Cómo han cambiado las cosas? ¿Cómo han cambiado los usos y la producción después de la pandemia?

Uno de los temas que se ha comentado esta mañana es el de la cadena de suministro. A largo de la pandemia ya vimos cuan importante era el hecho de estar globalizado, pero también el tener una cadena de suministros lo más localizada posible. Ahora, con la invasión de Rusia a Ucrania, se ha acrecentado esa posición. Aquel concepto —que apareció hace bastantes años— de glocalización —es decir, lo global y lo local— empieza a ser cada vez más relevante.

Estados Unidos y la Unión Europea tienen cada vez más en cuenta lo importante que es, además del desarrollo tecnológico en el país, la fabricación basada en ese desarrollo tecnológico (cosa que se había olvidado).

Por suerte, en Euskadi, los gobiernos que nos precedieron tomaron la decisión de que teníamos que ser industriales, sobre todo; y es uno de los elementos que nos ha traído hasta aquí. No solo industrializar la tecnología, sino que las materias primas sean lo más cercanas posibles. Son elementos en los que vamos a ir profundizando a lo largo del tiempo y ya se está viendo que están empezando a ser cruciales.

Se ha hablado de las baterías cuando nos planteábamos qué va a ser de esas energías renovables, cuánto necesitamos de diferentes accesorios para que esas energías renovables sean utilizables. Eso pasa por una serie de materias primas que no existen en la cercanía. ¿Qué va a hacer Europa para conseguir hacer frente a una situación de prácticamente monopolio de China? Creo que son temas que están sobre la mesa y se están trabajando.

¿Esta necesidad de localización, que es obvia, será temporal?

Creo que estamos aprendiendo que no, sino que será necesaria a largo plazo. En este momento lo necesitamos como lo necesitamos en pandemia. Recordad la crisis que vivimos porque no éramos capaces de fabricar mascarillas, respiradores… Capacidad tecnológica teníamos, lo que no teníamos era capacidad productiva. Creo que ahí hemos aprendido a que no solamente la técnica, la tecnología y el conocimiento son necesarios, sino también la capacidad productiva.

¿Qué nos pasó con las vacunas? En el mundo en general hubo grupos de investigación trabajando en el desarrollo de una vacuna lo más rápido posible, pero desde que se consiguió hasta que fuimos capaces de producirla en masa y que llegara a todos los países (y pensad cómo sigue África) sufrimos un lapso de tiempo.

Tecnología e I+D+i, pero también producción y fabricación. Creo que esto ha llegado para quedarse

¿Cuánto se ha acelerado la puesta en valor de la sostenibilidad de las empresas y por qué se ha acelerado tan rápido? ¿Ha sido sólo la pandemia?

La pandemia ha sido importante, pero creo que lo que nos ha abierto los ojos definitivamente ha sido la invasión de Ucrania por parte de Rusia, donde hemos visto la gran dependencia energética que teníamos. Sostenibilidad energética y cambio climático estaban empezando a asociarse cada vez más con el Green Deal (el pacto verde europeo), y nos hemos dado cuenta que es imprescindible ponerlo en valor.

Nuestra industria y nuestro tejido económico en general están avanzando en dos conceptos. Uno es la descarbonización. Como se decía en la segunda mesa, la descarbonización es más que electrificación, pasa por otros elementos y nuestra industria está en ello. ¿Por qué? Porque son proveedores de otras industrias que exigen ser mucho más sostenibles. Luego, esa descarbonización está presente y se están haciendo inversiones.

El segundo es que la inversión sostenible siempre la hemos tenido en mente en Euskadi porque el sistema regulatorio del Estado español ha hecho que para que nuestra empresa fuera competitiva frente a la de Francia o Italia hemos tenido que ser mucho más sostenibles y se han hecho muchas inversiones.

Esos dos pilares están ahí, y hay un tercer elemento que creo que ha llegado para quedarse, que es el de la economía circular. ¿Qué hacemos con todos esos residuos que genera la industria? La parte de residuos urbanos creo que la hemos trabajado mucho y muy bien durante muchos años, y nos queda la de residuos industriales. Ya no podemos trabajar únicamente con vertederos, sino que necesitamos reciclar esos elementos y volverlos a introducir en la cadena de suministros. Son una fuente de materiales secundarios que nos pueden hacer ser mucho más autosuficientes. Es un camino que antes veíamos como a largo plazo, y ahora es un must dentro de todo esto.

¿Están las empresas motivadas para hacer esto?

Sí, están motivadas. Primero, porque regulatoriamente nos hemos encargado de ponerles la obligación, que es un elemento motivador muy importante. Pero también desde el punto de vista de esas materias primas que no sean vírgenes, sino que sean secundarias y que estén ya aquí (la cadena de suministro local) también es un elemento que puede ser competitivamente relevante.

Nadie discute la digitalización, pero creo que la primera motivación de la digitalización es «si no soy digital, no venderé, no seré competitivo». ¿Cómo va a ayudarnos la digitalización a un futuro más verde? Parecen dos planos diferentes, ¿no?

Son lo mismo. En la mesa de Industria se planteó la pregunta digitalizarnos para qué. En el momento en el que decidamos para qué nos digitalizamos y para qué tiene que ser para ser más competitivos, para vender más y mejor, para estar mejor posicionados en la cadena de suministro, para que nuestros clientes se sientan más satisfechos… En ese momento sabremos qué es lo que tenemos que digitalizar y cómo lo tenemos que hacer. Digitalizar porque sí, y meternos en un proceso que nos da trabajo y ninguna rentabilidad no está bien.

La digitalización está íntimamente asociada a todo el proceso de sostenibilidad. Si no tenemos unas redes eléctricas inteligentes y digitalizadas, poco vamos a poder hacer. Si tenemos que poner en marcha vehículos inteligentes y conectados, estamos hablando de vehículos digitales. Si tenemos que introducir economía circular y saber cuánto residuo generamos, de qué tipo es, a dónde lo estamos llevando y cómo lo podemos reutilizar, pues necesitamos una trazabilidad y eso pasa por un sistema digital.

Es un acompañamiento, no es una verticalización, sino una cosa horizontal que tenemos que usar todos y todas.

Esta digitalización que obviamente nos va a ayudar a la sostenibilidad, ¿qué huella tiene? Porque parece que toda digitalización es limpia y no deja huella.

Digitalizar evidentemente requiere energía. Todos sabemos que cuando usamos estos elementos, además de todo un proceso productivo que tiene su huella de carbono, mientras los usamos y los recargamos, y usamos esa nube de la que hablamos —que no es una nube inmaterial, sino un data center—… Todo eso requiere mucha energía.

¿No corremos el riesgo de que la borrachera de digitalizarnos nos haga olvidarnos de esto? Del coltán, de dónde va nuestra tableta anterior, dónde tiro el cargador viejo… De esas cosas.

Por eso digitalización, sostenibilidad y economía circular también están absolutamente unidas. Energía, economía circular, cómo reutilizamos estos materiales, y —sobre todo— para qué nos hemos digitalizado y cómo lo vamos a poner en marcha en nuestro proceso productivo, de tal manera que utilizando lo mínimo consigamos el máximo rendimiento.

No se trata de digitalizar todo porque sí, ni de tener miles de datos que no sabemos para qué sirven. Hay que enfocar y definir qué es lo que queremos hacer para ser eficientes energéticamente. Lo que hacemos con un horno en siderurgia lo tendremos que hacer con nuestros datos y nuestra digitalización.

Hoy estamos inaugurando el nuevo formato de entrevistas exprés en Forbes. La última pregunta: ¿qué asignaturas tenemos pendientes?

Yo creo que hay muchas cosas que estamos haciendo bien y creo que es importante reconocerlo, pero tenemos asignaturas pendientes y se han citado muchas en las que tenemos que continuar trabajando, profundizar y abordarlas de alguna manera distinta.

Creo que una de las que ha salido en todas las mesas es la del talento, que tenemos que abordarla de forma diferente. En una reunión que tuve con empresarios y empresarias de este país, me decían que «el talento hay que atraerlo, retenerlo y entender qué es lo que quiere». Así como entendemos a nuestros clientes, tenemos que entender qué es lo que quieren nuestros jóvenes cuando llegan a nuestras empresas.

Talento, digitalización, sostenibilidad, colaboración público-privada son cosas que en Euskadi hemos trabajado mucho y tenemos que continuar. No podemos olvidarnos de que todos los instrumentos financieros que tenemos que poner en marcha pasan más allá de la típica financiación bancaria. En este momento hay dinero y vamos a ser capaces de usarlo. En Euskadi nunca hemos sido muy proclives a ello, pero es algo que hay que abordar. Y no nos podemos olvidar de esas cadenas de suministro que tienen que ser locales, tienen que hacernos ser una sociedad muy abierta, muy global y muy local. Global y local, combinar ambas cosas. Son las tareas que tenemos.

Muchas gracias, consejera. Nos gustaría volver el año que viene.

Muy bien. Eskerrik Asko, aquí estaremos.