Célebre por sus publicaciones en redes sociales, donde muestra su mejor humor británico con un gran conocimiento de la realidad española, a Hugh Elliott le ha tocado el reto de ser embajador en Madrid en tiempos de brexit y de covid.

PREGUNTA. Usted ya tenía una importante experiencia de España antes de ser nombrado embajador.

RESPUESTA. Sí. Es una suerte enorme venir a un país cuyo idioma hablas. Aprendí lo básico en el colegio –guardo mi vieja gramática del 59– y después vine a España varias veces: recorrí el país en bicicleta, estuve en la Universidad de Salamanca y hasta hice de guía turístico. En los noventa, ya más formalmente, vine como diplomático.

P. Antes los embajadores no eran tan conocidos. Ahora sí, gracias a las redes sociales. Cuéntenos de esa diplomacia…

R. La diplomacia ha evolucionado. Siempre habrá diplomacia de pasillos, pero las redes son una obligación profesional, la responsabilidad de representar a tu país y abrir en muchas direcciones la conversación hispano-británica. Los diplomáticos siempre estamos aprendiendo cómo mejorar nuestro uso de las redes, y eso también –sobre todo en época de pandemia– nos permite conocer a más personas y llegar a ellas.

P. En una embajada como la suya, un tema clave es el consular: los ciudadanos.

R. El volumen de trabajo consular en España es mayor que en cualquier otro país: en tiempos normales, vienen aquí más de 18 millones de visitantes británicos. Ningún otro país se acerca a eso. Y ha habido mucho trabajo extra tanto por la pandemia como por la salida de la Unión Europea (UE). Un trabajo que sería imposible sin la colaboración con las autoridades españolas.

P. ¿Está yendo el brexit como se esperaba?

R. ¡Eso depende con quién se hable! En un cambio tan extenso del marco regulatorio, y que engloba tantos aspectos de la vida de ciudadanos de distintos países, era difícil saber con todo detalle cómo iba a ser. Lo que no ha cambiado es la afición, la amistad entre ambos países. Hay más de 400.000 británicos residiendo en España, pero es que hay 350.000 españoles en Reino Unido, el doble de lo que pensaba en 2016. Tras la gran incertidumbre del principio, el brexit se está desarrollando de una forma ordenada, y así hemos conseguido proteger los derechos de los ciudadanos europeos y británicos –darles la tranquilidad de que pueden seguir con sus vidas normalmente. Hay flecos, por supuesto, hay 59 temas que hay que seguir solucionando, y casos individuales –en ello estamos trabajando. Pero el proceso se está gestionando de una forma ordenada y los ciudadanos creo que cada vez lo aprecian más así.

P. Un reto: la movilidad.

R. El libre movimiento ya no existe, pero yo vine a España antes de que fuese miembro de la UE sin el menor problema. Con esto quiero decir que el hecho de vivir bajo otro marco normativo no significa que no seamos países muy cercanos, que no podamos ser amigos y aliados ni cultivar la fascinación mutua que caracteriza nuestra relación.

P. Más brexit. Cuando la empresa española se quiere internacionalizar, ¿sigue mirando a Gran Bretaña?

R. No hemos cambiado: seguimos siendo un país de oportunidades, un gran mercado y un centro internacional no sólo financiero, sino tecnológico, educativo… y eso tiene un atractivo enorme. Los malos augurios no se han cumplido: lo que vemos es que la economía británica sigue creciendo a gran ritmo y con un paro extremadamente bajo. Por eso hemos visto, tras el brexit, inversiones españolas importantísimas en ámbitos como la energía, las telecomunicaciones o la industria del automóvil. Y al revés también ocurre: seguimos siendo, en muchísimos sectores, el segundo inversor en España por detrás de Estados Unidos.

P. No se le puede entrevistar sin preguntarle por Gibraltar: ¿cuánto le ocupa de su tiempo y de sus preocupaciones?

R. Muy buena pregunta, porque es un tema que justo ahora ocupa tiempo. Hace poco más de un año que hemos alcanzado con España un acuerdo sobre la relación futura, que ahora a su vez se está negociando para plasmarlo en un tratado con la UE. Y debo decir que he visto un gran afán de todos por buscar acuerdos. Un afán que apoyan nuestros amigos del gobierno de Gibraltar, plenamente implicado en las conversaciones. Y, por tanto, aunque pueda parecer contraintuitivo, el trabajo conjunto en este tema representa casi un punto de encuentro. Queda trabajo por delante, pero me siento muy alentado por el espíritu positivo que han mostrado todas las partes a la hora de buscar soluciones.