Foto: Harold M. Lambert/Lambert (Getty Images)

A todo trabajador le llega ese momento en la vida en el que cree que es hora de que le promocionen o que le suban el sueldo. La pandemia, además, ha hecho que muchas personas se marquen nuevos objetivos en sus carreras profesionales. En lugar de decir adiós, tal vez sea el momento de negociar unas mejores condiciones laborales.

Que no beneficie a todos

A todo empleado le gustaría ganar más dinero. Pero lo que el trabajador quiere no siempre es lo mismo que necesita el jefe. Hay que negociar de forma en la que todos ganen algo. Y es que cualquiera puede ser sustituido, así que hay que evitar que se tiene la sartén cogida por el mango. Es cierto que las empresas quieren trabajadores contentos, comprometidos y productivos. Además, la fuente de los salarios es la solución que los empleados proporcionan a sus jefes. Hay que aumentar el valor de esas soluciones para estar en mejor posición para negociar.

No ser responsable con las finanzas personales

Las finanzas personales de los trabajadores son responsabilidad de cada uno de ellos. Las empresas no tienen que ayudar a resolver los problemas que cada uno tenga con sus caseros ni hacer regalos por los años de servicio. Hay un acuerdo mutuo en todo contrato laboral: ¿cuál es la parte del trato del empleado? Hay que centrarse en lo que se aporta a la cuenta de resultados de la empresa para cambiar el salario.

No ser leal

El rendimiento de un trabajador es lo que justifica la petición de subida de salario. No se debe usar la amenaza de abandonar la empresa para hacerse valer, aunque se esté dispuesto a dejar el trabajo si no se consigue el aumento. El empleado debe centrarse en su contribución y explicar por qué la promoción es beneficiosa para la empresa. Tampoco se deben utilizar propuestas de trabajo de otras empresas, puede generar desconfianza y dar a entender al jefe que es cuestión de tiempo que el empleado se vaya. La lealtad es importante en una empresa, no se debe tirar como parte de la estrategia de negociación.

Pensar en cuánto y no en qué

La cantidad de horas que se trabajan no son la razón de un aumento de sueldo o a un ascenso. Lo que se hace durante esas horas es lo que importa. ¿Qué se puede hacer para impulsar los resultados que necesita la empresa? El agotamiento nunca es una estrategia. Trabajar de forma más inteligente sí lo es.

No tener ni idea del presupuesto

Pedir un aumento sin un conocimiento concreto del rendimiento de la empresa puede ser sinónimo de volar a ciegas. Hay que saber si la empresa cuenta con los medios y los sistemas necesarios para respaldar una petición de subida salarial.

Lo más importante: antes de pedir el aumento, hay que convertirse en una persona que lo merece. Demostrar las cualidades y obtener los resultados de quien trabaja por el sueldo que se pide. Trabajar por el interés de la empresa. Se trata de asegurarse de que lo que se pide se apoye en un valor.