El documento España 2050 es, tras Agenda 2030 y España Digital 2025, el último plan de futuro producido por el Gobierno de Pedro Sánchez para que el país se mantenga como uno de los más avanzados del planeta. Se trata de 676 páginas que recogen varias ‘megatendencias’, como el cambio climático o el envejecimiento poblacional, para presentar nueve desafíos a los que España deberá hacer frente con 50 objetivos a alcanzar en 30 años a través de más de 200 propuestas.

Este tipo de hojas de ruta son una herramienta habitual para que los países busquen profundas transformaciones estructurales. Estonia ha logrado un rápido desarrollo gracias a su estrategia Digital Agenda 2020, mientras que Arabia Saudí estableció en 2016 la Visión 2030 con la intención de reducir su dependencia del petróleo. Según un estudio de PwC, España caerá de ser la 16ª economía del mundo al 26 en 2050, por lo que España 2050 trata de revertir esa tendencia.

Repetimos: 9 desafíos, 200 propuestas, 50 objetivos. Vamos a desgranar el documento, así que empecemos por los desafíos. Según los 100 expertos detrás de España 2050, el documento selecciona nueve retos por dos motivos: (1) son claves para el desarrollo económico y la sustentabilidad del país, y (2) hay casos de éxito en otros países que podríamos replicar.

Los nueve desafíos son los siguientes:

  1. Aumentar la productividad.
  2. Llevar la calidad la educación a la excelencia.
  3. Mejorar la formación y la recualificación de nuestra población.
  4. Ser una sociedad neutra en carbono, sostenible y resiliente al cambio climático.
  5. Preparar el estado para el envejecimiento de la población.
  6. Promover un desarrollo territorial equilibrado y sostenible.
  7. Resolver las deficiencias de nuestro mercado de trabajo y actualizarlo.
  8. Reducir la pobreza y la desigualdad.
  9. Mejorar el bienestar de la ciudadanía. Aumentar los índices de satisfacción.

Cada uno de estos puntos es un universo en sí mismo, aunque muchos de ellos pueden solucionarse atacando un solo problema: la productividad. El documento identifica la baja productividad como “la principal causa” por la que España no ha conseguido reducir la brecha de renta que mantiene con las economías más avanzadas de la Unión Europea. “¿Qué nos ha impedido converger con nuestros socios europeos? La clave está en la baja productividad”, dice.

Si se aumenta la productividad (desafío 1) se amortiguan los efectos negativos del envejecimiento demográfico (desafío 5), se crean nuevos empleos (desafío 8), se resuelven los problemas del mercado laboral (desafío 7) y se mejora la satisfacción de la ciudadanía (desafío 9). Y, para lograr ser más productivos, hay que mejorar la educación y la formación de los empleados (desafíos 2 y 3).

Es por ese motivo por el que el aumento de la productividad es el primero y uno de los elementos vertebradores de España 2050. De hecho, la palabra ‘productividad’ es una de las más repetidas: se menciona en 426 ocasiones. Otras que salen de manera recurrente son ‘educación’ (627), ‘trabajo’ (442), ‘futuro’ (396), ‘transición ecológica’ (298), ‘desigualdad’ (225), ‘crecimiento’ (223), ‘cambio climático’ (172), ‘sostenible’ (145), ‘satisfacción’ (100), ‘género’ (98), ‘inclusión’ (75), y ‘digitalización’ (55).

Surfeando las ‘megatendencias’

“España no debe detenerse aquí. Podemos y debemos ser aún mejores”, esa es la convicción que inspira el proyecto de España 2050. Y, para poder ser mejores, es fundamental que las ‘megatendencias’ sean catalizadoras del cambio durante los próximos 30 años.

El envejecimiento demográfico, la transformación digital y la transición ecológica son las tres ‘megatendencias’ que más afectarán a España y a otros países de Europa. Esas tres corrientes de cambio representan desafíos importantes que transformarán completamente la economía, pero también traerán oportunidades que deben ser aprovechadas para modernizar el tejido productivo.

El plan incluye una serie de propuestas para conseguirlo. Por ejemplo, el sector turístico deberá poner en marcha medidas de contención en el uso de recursos naturales, como el agua, para que no haya un uso masivo en verano. La industria deberá incrementar el uso de energías renovables para reducir las emisiones con la intención de descarbonizar la economía, mientras que la construcción debe centrarse en crear menos nuevos edificios y más en rehabilitar los existentes.

Otros sectores que se verán afectados serán el alimentario, que implementará nuevas tecnologías para optimizar la producción, o el financiero, que incentivará la inversión de sus clientes en criterios ASG. En ese aspecto, en España ya se gestionaban en 2019 un volumen de activos con criterios ASG cercano a los 285.454 millones de euros, un 700% más que los 35.710 millones de 2009, de acuerdo con un estudio de Spainsif, una asociación que promueve la inversión sostenible.

En total, España 2050 aglutina más de 200 propuestas que servirán de guía para superar los nueve desafíos de manera satisfactoria. Funcionan como una especie de mapa que señala el camino a recorrer para llegar al destino. Y, las 200, se pueden aglutinar en doce ejes de acción:

  1. Mejorar la formación durante toda la vida.
  2. Apoyo a la innovación a todos los niveles, no sólo el área científico-tecnológica.
  3. Modernizar el tejido productivo.
  4. Impulsar el desarrollo sostenible.
  5. Más oportunidades a los jóvenes en educación, empleo y vivienda.
  6. Conseguir plena igualdad de género.
  7. Captar talento extranjero y fomentar la inmigración legal.
  8. Fortalecer los servicios públicos, sobre todo en tres áreas: educación, salud y cuidados.
  9. Rediseñar las prestaciones sociales.
  10. Reformar el sistema fiscal para que mejore su capacidad recaudatoria.
  11. Modernizar la administración pública.
  12. No debemos afectar negativamente a las próximas generaciones.

La brújula: 50 objetivos para 2050

Treinta años son tiempo suficiente para que haya distintos cambios de gobierno. Echando la vista atrás, hace casi tres décadas, en 1991, Felipe González estaba en la tercera de sus cuatro legislaturas. Luego vinieron Aznar, Zapatero, Rajoy y ahora Pedro Sánchez, Ejecutivos en los que cada presidente ha traído sus propios planes para desarrollar el país a largo plazo.

Con la intención de que España se mantenga en la misma senda hasta 2050, el documento propone 50 objetivos que sirven de brújula para medir cómo se está progresando para alcanzar cada una de las metas. Y cada uno de los 50 objetivos, según dicen, ha sido seleccionado cumpliendo tres condiciones: son cuantificables, es decir, se pueden medir con indicadores; son ambiciosos, aunque realistas; y pueden actualizarse según la realidad cambie.

Todos los objetivos están recogidos en un cuadro al final del documento que funciona como herramienta orientativa. Por ejemplo, uno de ellos es que para 2050 la economía sumergida sólo representará un 10% del PIB, comparada con el 20% actual. Otro es reducir la tasa de abandono escolar temprano del 17% al 3%, incrementar el gasto público en educación del 4,3% al 5,5% o que el porcentaje de población adulta que no habla una lengua extranjera caiga del 46% al 25%.

La brújula que conforman los 50 objetivos es un instrumento interesante para medir las ambiciones detrás de España 2050, un documento que, de llegar a cumplir sus metas, dejaría un país con una economía más diversificada, productiva, ecológica y menos desigual. El Gobierno de Sánchez ya ha dejado plasmada la idea de su España ideal para 2050. Ahora sólo queda esperar a que pasen tres décadas para ver si eran o no unas metas que se ajustaban a lo que traería el futuro.