Empresas

Palantir, el poder detrás de los datos

La tecnológica de Peter Thiel y Alex Karp crece al calor de la inteligencia artificial y los contratos de defensa, mientras su estructura de voto concentra el poder en sus fundadores. Su expansión en Europa reabre el debate sobre la soberanía digital, la vigilancia y el uso de información sensible.

Palantir, el poder detrás de los datos. FOTO DE UNSPLASH.COM

Algunas empresas venden tecnología, Palantir vende algo más difícil de medir: la capacidad de convertir cantidades ingentes de información en decisiones. Sus programas ayudan a los servicios de inteligencia a relacionar datos dispersos, a los ejércitos a coordinar operaciones y a las compañías a detectar patrones en sus negocios.

La misma tecnología que promete anticipar amenazas o mejorar la gestión de una organización plantea una pregunta incómoda cuando entra en contacto con información sensible: quién puede acceder a ella, quién decide cómo se utiliza y quién responde si algo sale mal.

Fundada en 2003 por Peter Thiel, Alex Karp, Joe Lonsdale, Stephen Cohen y Nathan Gettings, la compañía nació vinculada a la necesidad de Estados Unidos de mejorar sus capacidades de inteligencia después de los atentados del 11 de septiembre. Más de dos décadas después, aquella apuesta se ha convertido en uno de los negocios más llamativos del sector tecnológico. Palantir trabaja con gobiernos, fuerzas armadas, servicios de inteligencia y grandes empresas, y ha encontrado en la inteligencia artificial un nuevo motor de crecimiento.

Su catálogo refleja esa doble vocación. Gotham está orientada a la defensa, la inteligencia y la investigación; Foundry permite integrar y analizar información corporativa y operativa, y su plataforma AIP incorpora modelos de inteligencia artificial a esos entornos de trabajo. A ellas se suma Maven Smart System, un sistema de planificación y mando militar que la OTAN adquirió en marzo de 2025 y que ha ganado relevancia en las operaciones de la Alianza.

La ambición de Palantir consiste en conectar datos que antes permanecían aislados y convertirlos en herramientas para actuar. Su ventaja no reside únicamente en el software, sino también en su integración en los procedimientos de sus clientes. Cuanto más se incorpora a una organización, más compleja puede resultar su sustitución.

Un negocio que crece a velocidad de vértigo

Los resultados explican buena parte del entusiasmo que despierta en Wall Street. En el segundo trimestre de 2026, Palantir ingresó 1.935 millones de dólares, un 93% más que en el mismo periodo del año anterior. Su negocio comercial en Estados Unidos avanzó un 149%, hasta 764 millones de dólares, mientras los ingresos procedentes del Gobierno estadounidense aumentaron un 90%, hasta 809 millones.

La compañía elevó sus previsiones para el conjunto del ejercicio y situó sus ingresos esperados de 2026 entre 8.150 y 8.158 millones de dólares, lo que supondría un crecimiento interanual de aproximadamente el 82%. También mantuvo su previsión de registrar beneficios operativos y netos conforme a los principios contables estadounidenses (GAAP) en cada trimestre del año.

En el segundo trimestre obtuvo un beneficio operativo de 912 millones de dólares, equivalente a un margen del 47%, y un beneficio neto de 1.062 millones. Son cifras que muestran que Palantir no solo crece con rapidez: también ha conseguido convertir una parte significativa de sus ingresos en beneficios.

La cuestión es cuánto de ese crecimiento está ya incorporado en su valoración bursátil y hasta qué punto podrá sostenerlo cuando la inteligencia artificial deje de ser una promesa para convertirse en un mercado más competido. En una compañía cuyo negocio depende, en parte, de contratos públicos y de la confianza de grandes organizaciones, las expectativas financieras conviven con riesgos regulatorios, políticos y comerciales.

Los fundadores no necesitan poseerlo todo para mandar

La dimensión económica de Palantir contrasta con una estructura de gobierno diseñada para que sus fundadores conserven una influencia excepcional sobre la compañía. Alex Karp, consejero delegado; Peter Thiel, presidente y uno de los principales impulsores del proyecto, y Stephen Cohen, cofundador y presidente de tecnología, forman parte del núcleo de control de la empresa.

La diferencia entre propiedad y poder es fundamental. Palantir cotiza en Bolsa y cuenta con grandes inversores institucionales, pero el reparto de sus acciones ordinarias no determina por sí solo quién tiene la última palabra. Su estructura de acciones de clase F y el acuerdo de voto de los fundadores les permiten controlar conjuntamente hasta el 49,9% del poder de voto, sujeto a las condiciones establecidas por la compañía.

Es un mecanismo que protege la continuidad de la dirección frente a las presiones de los accionistas, pero también limita la capacidad de estos últimos para influir en las decisiones estratégicas. En una empresa que trabaja con información crítica para gobiernos y grandes corporaciones, esa concentración de poder adquiere una dimensión que va más allá de la gobernanza empresarial.

Las fortunas personales de sus fundadores, por su parte, dependen de sus participaciones y de la evolución de la cotización. El valor de esas posiciones puede alcanzar decenas de miles de millones de dólares, pero fluctúa con el mercado y no equivale necesariamente a dinero disponible. Las estimaciones patrimoniales también varían según las acciones computadas, las ventas realizadas y el tratamiento de otros activos.

La paradoja es evidente: Palantir ha construido un negocio de escala global con capital procedente de miles de inversores, pero su sistema de voto reserva a un grupo reducido de fundadores una capacidad de decisión desproporcionada respecto a su participación económica.

Europa, entre la dependencia y la soberanía digital

La expansión europea de Palantir se ha producido en un terreno especialmente delicado. Sus herramientas se han integrado en organismos de defensa, policías, servicios de inteligencia y sistemas sanitarios. Al mismo tiempo, la creciente preocupación por la dependencia tecnológica de Estados Unidos ha llevado a distintos gobiernos a estudiar alternativas nacionales o europeas.

La contradicción no es menor. Para las administraciones, sustituir una plataforma ya integrada en procesos críticos puede exigir tiempo, dinero y una reorganización técnica compleja. Mantenerla, sin embargo, puede significar depender de un proveedor estadounidense en áreas que los gobiernos consideran estratégicas.

Francia ofrece uno de los ejemplos más claros. La Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) utiliza Gotham desde 2016, después de los atentados terroristas de 2015, y ha recurrido a la compañía para apoyar sus tareas de inteligencia. En junio de 2026, el Gobierno francés anunció que sustituiría las herramientas de Palantir por tecnología de la empresa francesa ChapsVision, con el objetivo de reducir la dependencia de un proveedor extranjero. La transición, no obstante, puede prolongarse durante varios años.

El caso francés ilustra la dificultad de convertir la soberanía digital en una decisión inmediata. No basta con elegir un proveedor europeo: también hay que desarrollar capacidades, garantizar la continuidad operativa y comprobar que la alternativa puede responder a las necesidades de un servicio de inteligencia.

La posición europea, además, dista de ser uniforme. Algunos organismos buscan alternativas, mientras otros mantienen herramientas que consideran útiles para sus operaciones. La adquisición de Maven Smart System por parte de la OTAN en 2025 muestra, de hecho, que la presencia de Palantir en las estructuras de seguridad occidentales sigue ampliándose.

El Reino Unido ilustra esa tensión desde otro ángulo. Palantir obtuvo un contrato de 330 millones de libras para desarrollar la plataforma de datos del Servicio Nacional de Salud (NHS), destinada a facilitar la integración y el análisis de información operativa del sistema sanitario. Su implantación ha generado críticas por la sensibilidad de los datos y por la relación de la compañía con las autoridades migratorias estadounidenses.

La oposición no se limita a las declaraciones públicas. Según una investigación de The Guardian publicada en octubre de 2026, al menos 16 entidades sanitarias y organismos de Inglaterra no utilizan la plataforma o han optado por no implantarla. Algunos cuestionan sus ventajas frente a las herramientas existentes; otros han expresado reservas por el historial de la compañía. El NHS, por su parte, sostiene que el sistema puede aportar mejoras operativas, aunque no todos los resultados positivos que se le atribuyen pueden imputarse exclusivamente a la plataforma.

El conflicto llegó también a los tribunales por un contrato de la Policía Metropolitana de Londres. El alcalde de la capital, Sadiq Khan, había bloqueado un acuerdo de unos 50 millones de libras por cuestiones relacionadas con el procedimiento de contratación y la confianza en el proveedor. El 14 de octubre, Palantir y la oficina del alcalde anunciaron un acuerdo para poner fin al litigio. La oficina municipal aclaró que el bloqueo no respondía a una prohibición general de contratar con la empresa.

En España, el contrato más relevante con la Administración central es el adjudicado en octubre de 2023 por el Estado Mayor de la Defensa para una solución de fusión y análisis de inteligencia del Sistema de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. Su importe asciende a 16,54 millones de euros y se tramitó mediante un procedimiento negociado sin publicidad.

El Gobierno ha confirmado, según una investigación publicada por EL PAÍS el 15 de octubre, que no prevé renovar el contrato cuando expire a finales de 2026. Las mismas fuentes explican que se estudia desarrollar una alternativa nacional. La decisión marcaría un cambio significativo en la relación entre la Administración española y la tecnológica estadounidense, aunque no supone por sí misma que otros países o instituciones vayan a seguir el mismo camino.

La cuestión de fondo no es solo dónde se almacenan los datos. También importa quién desarrolla el software, quién puede actualizarlo, qué dependencia operativa crea y qué margen conserva un Gobierno para cambiar de proveedor. La soberanía digital se convierte así en un problema industrial, de seguridad y de autonomía política.

La frontera entre seguridad y vigilancia

Las críticas a Palantir no se limitan a su presencia en Europa. En Estados Unidos, su relación con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha situado a la compañía en el centro del debate sobre el uso de datos para localizar y detener a personas migrantes.

Palantir lleva años trabajando con organismos federales estadounidenses, incluido el ICE. Sus herramientas permiten integrar información procedente de distintas fuentes, una capacidad que las autoridades pueden utilizar en investigaciones y operaciones de control migratorio. Organizaciones de derechos humanos han advertido de que estas tecnologías pueden facilitar prácticas que afecten a la privacidad. El debate se ha extendido también al ámbito sanitario.

En el Reino Unido, las objeciones se han traducido en una movilización de pacientes y profesionales. La organización Medact cifró en más de 47.000 las personas que habían escrito a las juntas de sus centros sanitarios hasta febrero de 2026 para expresar su rechazo a la participación de Palantir en la plataforma del NHS. El 1 de octubre se celebraron protestas en distintas ciudades británicas para exigir que el sistema sanitario pusiera fin a su relación con la empresa.

El precio político de una tecnología estratégica

La controversia también está relacionada con la visión política de sus dirigentes. Karp ha defendido públicamente que Occidente necesita reforzar sus capacidades tecnológicas y militares, y ha presentado a Palantir como una herramienta para que las democracias puedan defenderse de sus adversarios. Thiel, por su parte, lleva años siendo una figura influyente en el ecosistema tecnológico y en determinados sectores de la política estadounidense.

Esa proximidad entre tecnología, defensa y poder político alimenta las dudas sobre la neutralidad de una compañía que participa en decisiones de gran trascendencia pública.

Palantir se encuentra así en una posición singular. Su crecimiento comercial demuestra que empresas y administraciones están dispuestas a pagar por integrar y explotar sus datos. Su expansión militar confirma que los gobiernos consideran estratégica esa capacidad. Pero cuanto más central se vuelve su tecnología, más difícil resulta separar una decisión de compra de una decisión sobre dependencia, autonomía y control. La pregunta que acompaña a esas cifras, sin embargo, no cabe en una cuenta de resultados: a medida que Palantir gana peso en las decisiones de empresas y gobiernos, ¿quién controla a la compañía que ayuda a los demás a controlar sus datos?

Artículos relacionados