En España el salario medio cambia según el código postal, el sector de actividad, la edad del trabajador o el tamaño de la empresa. En términos generales el sueldo medio en España está cerca de los 30.000 euros al año —concretamente, en los 29.540 euros, cerca de 1.900 euros netos al mes—, pero la realidad es muy distinta cuando se desglosa por alguno de esos parámetros, y más aún si se cruzan entre ellos.
No es lo mismo trabajar en una tecnológica en Madrid que en Murcia. Y dentro de estas comunidades y sectores, tampoco se cobra lo mismo a los 30 años que a los 50, con diferencias salariales también en función de si es una pyme o una gran compañía. Así lo refleja la Encuesta anual de Estructura Salarial, que el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha actualizado con datos hasta 2024.
En el primer nivel, el regional, es el País Vasco la comunidad con el mayor salario medio: 35.170 euros. Le sigue Madrid (34.410), Navarra (32.605) y Cataluña (31.730). En el umbral intermedio, cerca del salario medio en España, están ya Baleares (29.075), Asturias (28.562) y Aragón (28.062). Y los niveles más bajos los ocupan Extremadura (24.979), Canarias (25.120) y Castilla-La Mancha (26.062).
Por sectores, el suministro de energía es el mejor remunerado, con un salario medio de 57.932 euros. Le siguen las actividades financieras y de seguros (51.863), información y comunicaciones (42.742), y las industrias extractivas (41.952). Los sueldos más bajos se localizan en la hostelería (17.653 euros de media) y en las actividades artísticas, recreativas y de entretenimiento (20.383).
Por edad, el salario medio aumenta con los años. Entre los menores de 25, el salario se sitúa en los 15.136 euros. De 25 a 34 años, la ganancia promedio en España aumenta hasta los 25.103 euros. En los trabajadores de 35 a 44 años, está en 29.533 euros. De 45 a 54, en los 32.201 euros. Y entre los mayores de 55, en 32.037 euros.
Por cargo, el sueldo medio de los directores y gerentes se ubica en los 63.865 euros, seguido de los técnicos y profesionales científicos e intelectuales, con salarios medios de entre 40.554 y 45.514 euros, según el área. Los trabajadores de los servicios de protección y seguridad cobran 35.621 euros de media, seguidos de técnicos profesionales de apoyo (34.917) y operadores de instalaciones y maquinarias fijas (30.836).
En el otro extremo se encuentran los trabajadores no cualificados en servicios (16.062 euros); los trabajadores servicios de restauración y comercio (18.918); los trabajadores de servicios de salud y el cuidado de personas (19.479); los peones de la agricultura, pesca, construcción, industrias manufactureras y transportes (22.030) y los empleados de oficina encargados de la atención al público (23.138).
El INE distribuye a los trabajadores por tramos salariales en referencia al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), que en 2024 fue de 15.876 euros. Casi la mitad, un 49%, percibe un salario anual que se ubica entre el SMI y el doble, es decir, entre 15.876 y 31.752 euros. Otro 20% está en el siguiente tramo, entre los 31.752 y los 47.628 euros; mientras que un 18% gana menos del SMI —en gran medida, por la parcialidad—.
El ‘salario emocional’ y la IA
Más allá de estas cifras, lo que el INE no recoge es el ‘salario emocional‘, esas otras retribuciones no económicas que la empresa puede ofrecer a sus empleados para mejorar su calidad de vida. Engloba desde el ticket restaurante o el seguro médico, al teletrabajo o los cursos de formación. Y dentro de esa lista se cuela ya también la inteligencia artificial.
Tras realizar 2.000 entrevistas durante el pasado mes de abril, LLYC y Appinio han publicado un informe que cifra en el 45% el porcentaje de trabajadores que, entre dos ofertas idénticas, elegiría la que ofrece herramientas avanzadas de IA integradas para trabajar, frente a la que no las ofrece.
Es decir, para casi la mitad del talento activo en España, no ofrecer IA en el puesto de trabajo es equivalente a no ofrecer un beneficio que el competidor sí ofrece y condiciona su elección. El stack tecnológico ha pasado a pesar tanto como el ticket restaurante o el seguro médico en la decisión de aceptar una oferta laboral. Y la distribución por edad es muy plana, lo que apunta a una preferencia transversal y consolidada.

