Anna Burgess Yang, 38 años, forma parte de lo que se ha llamado la ‘Gran Renuncia’ o la ‘Gran Dimisión’: el goteo masivo de trabajadores estadounidenses que han dicho adiós a sus trabajos, voluntariamente, desde que se inició la recuperación postpandémica.

Pero Burgess no renunció una vez a un empleo, sino dos, en 2021. “Trabajaba en fintech. Era gerente de producto en una pequeña compañía de software. La gestión de productos es muy estresante, pero también sentía que mi carrera se había estancado. Había alcanzado el nivel ejecutivo en la empresa y, por la falta de foco en ventas y marketing, fuerzas ajenas a mi control, el producto nunca ganó mucha tracción”, nos cuenta desde Chicago. Se esforzaba por “llevar el producto al siguiente nivel”, pero sentía que su esfuerzo era en vano. Su empleo le permitía mucha flexibilidad y, por eso, aguantó “muchos aspectos frustrantes del trabajo más tiempo del que debería”.

“La pandemia fue el punto de inflexión”, explica. La presión en el trabajo aumentó, y “esto se sumó al estrés de tres niños en casa por el cierre de las escuelas. Hacia octubre de 2020 llegué a mi límite y decidí dar un giro completo a mi carrera”. En febrero dejó la fintech, en la que había trabajado durante quince años, y comenzó en una agencia de marketing de contenido. Pero sintió que “no encajaba”. Había un “desajuste” con la carrera profesional que quería. Así que decidió dejar el puesto y trató de encontrar el “trabajo adecuado”. En octubre se unió a una pequeña agencia de marketing de contenido. “Ha resultado ser el trabajo perfecto: un equipo increíble, centrado por igual en la satisfacción del cliente y en el bienestar de los empleados”. Es gerente de cuentas en la agencia Campfire Labs y, como siempre le ha gustado mucho el periodismo, también escribe sobre fintech, lo que la mantiene conectada con su “vida anterior”.

Unos meses después de dar el paso no lamenta ni por un momento su decisión de renunciar. Al contrario. “La transición al trabajo en remoto ha conllevado que muchos trabajadores (y empresas) ya no estén limitados por la geografía”, afirma. Sus hijos aprendieron a distancia durante casi un año durante la pandemia. A través de esta experiencia se dio cuenta de que necesitaba una empresa que la valorara profesionalmente y se preocupara a la vez por integrar vida y trabajo. “La ‘Gran Renuncia’ ha demostrado que los empleados tienen opciones. Muchas”.

En Chicago, y en todo Estados Unidos, muchos miles de trabajadores han dejado sus puestos de trabajo cada día de manera voluntaria desde que comenzó a despegar la economía el pasado año. La movilidad existía, pero el ritmo de las renuncias disparó las alarmas: el pasado noviembre se alcanzaba un récord histórico, con 4,5 millones de estadounidenses que decidieron despedirse de sus trabajos ese mes, según los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estado Unidos.

¿Qué motivos pudieron empujar a tantos trabajadores a dejar sus empleos sin mirar atrás? Una encuesta del Centro de Investigaciones Pew ha proporcionado algunas pistas: la mayoría de los que renunciaron a un trabajo en 2021 citan los bajos salarios, la falta de oportunidades de ascenso o no sentirse respetado en el trabajo como razones principales de su dimisión; y cerca de la mitad de los encuestados mencionan asuntos relacionados con el cuidado de los hijos en ese periodo o la falta de flexibilidad laboral.

Pero más allá de los motivos personales de cada trabajador, la ‘Gran Renuncia’, fenómeno complejo, aún se sigue analizando para comprender qué grandes factores han podido impulsar esta desbandada laboral y empujado a tantos miles de empleados norteamericanos a decir a sus jefes “Yo dimito”, y si esta tendencia podría tener un ‘efecto contagio’. ¿Podría llegar a España? Los expertos consultados por FORBES España ofrecen miradas distintas para arrojar luz sobre esta revolución laboral.

Págame bien, fórmame bien, trátame bien

Por el lado de las empresas, en este contexto, se habla cada vez más de la importancia de cuidar el bienestar de los empleados para ‘evitar’ la ‘Gran Dimisión’. ¿Hasta qué punto es determinante? “Tener una cultura que asegure que todo el mundo importa y sabe que importa es vital, y es el principal problema ahora mismo en muchas organizaciones. ¿Qué es más importante que tratar bien a la gente? Nada. Págame bien, fórmame bien, trátame bien”, nos responde Lee Cockerell, exvicepresidente ejecutivo de los parques Walt Disney World y experto en liderazgo y desarrollo directivo.

Cockerell comparte su visión de este fenómeno desde su experiencia en el día a día con multitud de empresas y organizaciones. ¿Qué perfil de trabajadores dimite? “Están renunciando a todos los niveles. Desde posiciones senior hasta profesionales que acceden por vez primera al mercado laboral. Renuncian si no logran las condiciones laborales que desean. La gente puede encontrar nuevas oportunidades, porque hay empresarios que se ajustarán a sus necesidades y expectativas. Una crisis siempre genera cambios que perduran en el tiempo”.

Desencanto con la profesión y trabajar por proyectos

Los cambios voluntarios de trabajo siempre han existido, recuerdan los expertos. Pero la ‘Gran Renuncia’, con mayúsculas, “es una ‘etiqueta’ que se ha puesto a un momento social específico en el que los ciudadanos, en este caso, norteamericanos, deciden de manera voluntaria salir de su empleo -sin tener otro a cambio-, y esto es provocado por un entorno pandémico o postpandémico”, explica Fernando Botella, CEO de Think&Action, que asesora y trabaja con ejecutivos de grandes empresas.

¿Qué ha podido provocar esta masiva estampida de trabajadores? “Citaría tres factores. Primero, el desencanto con la profesión o puesto de trabajo. Esto no es nuevo, pero cuando en el ecosistema laboral algo cambia de forma potente, como puede haber sido la llegada del virus o los nuevos modos de trabajar, es como si explotara algo que ya estaba dentro”, afirma.

Dos factores más explicarían esta fuga laboral, y que se producen, además, “con más fuerza en EEUU que en Europa o España”, dice este experto en formación y desarrollo de directivos. “El modo de relacionarnos profesionalmente está cambiando. Nos interesa cada vez más trabajar por proyectos y la tecnología está ayudando a que esto suceda. A los seres humanos del presente y del futuro inmediato nos va a gustar mucho más saltar de un sitio a otro y encontrar nuevos lugares donde demostrar talento. Y, por último, el factor de ‘culo inquieto’: cuando no hay apenas paro, como en EEUU, y tengo posibilidad de estar en diferentes sitios, el sentido de estar en continuo estado de prueba para estar en un lugar mejor me anima a tomar decisiones yo. No cuando me echen”.

Flexibilidad del mercado laboral

Valentín Bote, director de Randstad Research, asegura que el fenómeno en EEUU surge por una confluencia de motivos. “Coyunturales, como puede ser esta crisis -llevamos ya dos años-, que ha tensionado sectores profesionales que ahora se ven menos atractivos y más arriesgados para los trabajadores, como es el caso del sector sanitario, y muchos se plantean si merece la pena seguir por ese camino o no. Y otro elemento son las medidas de apoyo a las personas que no trabajan, para todos los estándares: ayudas motivadas por el Covid -de en torno a 600 dólares a la semana-, lo que supone un apoyo para quien decida dar ese paso, mientras encuentra otras opciones”.

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Por otro lado, cita “factores estructurales de enorme importancia, es decir, la diferente naturaleza del mercado laboral norteamericano, respecto al español, por ejemplo, ya que en Estados Unidos es mucho más flexible. Esa mayor flexibilidad trae de la mano una tasa de paro en EEUU mucho más reducida, a un nivel muy cercano al pleno empleo; y, además, permite que un buen profesional, cualificado y preparado, tenga mayor facilidad para encontrar un nuevo trabajo que en un país como España”, afirma Valentín Bote.

Paro friccional y puestos sin cubrir

A juicio de Juan Ignacio Cáceres, profesor de Economía en la Universidad CEU San Pablo, el fenómeno se explica, fundamentalmente, por el paro friccional: “El que se genera cuando las personas voluntariamente dejan su trabajo, pero para buscar otro en el que les paguen más o tengan mejores condiciones. La tasa de paro en EEUU se ha reducido un 60%: pasó del 6,5% del año 2020, al 3,9% en diciembre de 2021. El mercado de trabajo norteamericano es muy flexible y, cuando la economía crece, las empresas contratan gente pagando salarios más altos”, explica.

“Como ha habido un exceso de demanda de trabajo y las empresas no han logrado contratar a todos los trabajadores que querían (en julio de 2021 había 10,9 millones de puestos sin cubrir), han incrementado los sueldos, especialmente en los empleos con menor cualificación, como los de ocio y restauración, que han registrado incrementos salariales de un 10% de media en agosto de 2021; y la respuesta de la gente ha sido cambiarse de trabajo a donde ganen más. Este hecho lo confirma el que la tasa de paro friccional se haya situado en noviembre de 2021 en 4,5 millones de personas que ‘han cambiado voluntariamente’ de puesto de trabajo, lo que supone una tasa de abandono del 3% de la población activa, porcentaje que es muy elevado”, afirma este doctor en Economía.

Rotación habitual entre sectores y hartazgo por la pandemia

Para Javier Blasco, director del centro de investigaciones laborales de Adecco Group Institute, la ‘Gran Dimisión’ se debe, sobre todo, “a una rotación habitual entre profesiones y sectores, por un mercado muy dinámico, liberal, con pocas barreras de salida en las empresas, a diferencia de países como el nuestro, donde normalmente hay una expectativa de indemnización que hace que los trabajadores sean más reacios a abandonar una organización, salvo que se les indemnice. Además, es un país con una presencia importante del sector tecnológico, que tiene una elevada rotación deseada. Esto, en EEUU, creo que se ha llevado al extremo”.

La ‘Gran Dimisión’ se debe, sobre todo, “a una rotación habitual entre profesiones y sectores, por un mercado muy dinámico, liberal, con pocas barreras de salida en las empresas, a diferencia de países como el nuestro, afirma Javier Blasco, de Adecco Group Institute

Y esto se ha unido a la situación creada por la pandemia, continúa Blasco. “Y esto sí que es novedoso: debido a cierto hartazgo y ‘reseteo’, probablemente, por la cercanía con la enfermedad, situaciones difíciles o la previsión de que las crisis puedan ser incluso más frecuentes, en la escala de valores de cada uno, parece que las necesidades vitales o vinculadas al propósito de las personas se ponen por encima de los intereses profesionales. Y eso lleva a que algunas personas hayan decidido, incluso, abandonar sus puestos de trabajo sin tener nada en previsión”.

El “no aguanto más” de profesionales agotados

Entre los profesionales que más han sufrido el zarpazo de la pandemia se encuentran, sin duda, los sanitarios. “Yo renuncio”. En los últimos tiempos, Jenny Phillips, 51 años, enfermera, ha escuchado estas palabras en su entorno laboral en numerosas ocasiones. Phillips trabaja en una compañía nacional de salud en EEUU que ofrece servicios de atención sanitaria, como enfermería a domicilio. Por su cargo, directora ejecutiva de Salud en el Hogar, viaja entre distintos estados, y ha sido testigo aquí y allá de historias de renuncias de profesionales agotados.

“La enfermería como profesión es estresante. No se toleran los errores, incluso los no peligrosos; y existe la expectativa continua de atender cada vez a más pacientes en menos tiempo. Durante la pandemia, las expectativas continuaron aumentando, pero los salarios no. Y llega un momento en que se llega al límite: la calidad de vida es tan mala que no importa a lo que tengas que renunciar. Simplemente, no puedes continuar”, nos explica. El personal sanitario no era suficiente para afrontar la crisis sanitaria y, además, “la pandemia también se volvió muy estresante, porque había gente que se negaba a usar mascarillas o a vacunarse. Su libertad personal significaba más para ellos”, aunque esto pudiera suponer “una mayor carga para el sistema de salud. Pero las enfermeras ya estábamos exhaustas”.

Phillips no sólo cita el periodo de la pandemia como motivos para decir “hasta nunca”: “Como enfermera, durante varios años trabajé para el sistema de salud, aunque personalmente no podía acceder a él. Mi seguro era muy caro, pero sólo me cubría en caso de catástrofe”. Cuando se trabaja con estrés para un sistema sanitario al que ni siquiera se puede acceder, “llega un momento en que se dice: ‘¡Basta!’. Muchas enfermeras que conozco personalmente se están uniendo a la protesta y están abandonando la enfermería como profesión”.

El estallido de la ‘Gran Dimisión’ y el papel de las mujeres

El académico que acuñó el término la ‘Gran Renuncia’, Anthony Klotz, profesor de la Universidad de Texas A&M, apuntó en su momento cuatro razones que podrían explicar el fenómeno. La primera se refería a empleados que ya habían decidido dejar sus cargos en 2020, pero retrasaron su decisión, ante la incertidumbre generada por la pandemia; y con la mejora económica y el avance de la vacunación, gran parte de ellos habrían dado ese paso en 2021.

Además, Klotz apuntaba otros tres motivos: el impacto de la pandemia, que abrió en muchos ciudadanos procesos de reflexión y revaluación de su vida; el auge del trabajo en remoto, ya que muchas personas se acostumbraron a trabajar desde casa durante la pandemia y luego no han querido regresar a la oficina; y el agotamiento sufrido por muchos durante la crisis del coronavirus, como personas que teletrabajaron mientras cuidaban de sus hijos o trabajadores esenciales y del sector sanitario.

“En 2021, cuando comienza a rebrotar la economía, todos estos colectivos de trabajadores comienzan a renunciar a su empleo, muchos de ellos sin tener otro alternativo, y se produce ese ‘boom’ de la ‘Gran Renuncia’”, señala Mónica Vázquez, fundadora y managing partner de MV Executive Search, compañía de búsqueda y selección de directivos. “Esto se une a que el mercado laboral en EEUU es muy flexible y a los numerosos puestos sin cubrir. Es como si la Bella Durmiente, que ha sido el 2020, se hubiera despertado y ahora todo el mundo está contratando”, continúa.

Pero al margen de estos colectivos, esta ‘headhunter’ afirma que “se ha comprobado que gran parte de los que han renunciado han sido las mujeres”. Diversos medios se han hecho eco de esta tendencia.

Según la plataforma Gusto, que ofrece servicios de gestión de recursos humanos y nómina para empresas con sede en EEUU, las mujeres están liderando las renuncias.

En 2021, cuando comienza a rebrotar la economía, todos estos colectivos de trabajadores comienzan a renunciar a su empleo, muchos de ellos sin tener otro alternativo, y se produce ese ‘boom’ de la ‘Gran Renuncia’

Al parecer, apunta Vázquez, “las mujeres han renunciado no sólo porque el trabajo no les interesara o estuvieran ‘quemadas’, sino también por el cuidado de los hijos, ya que durante la pandemia ha habido una reorganización familiar y los niños han estado en casa”.

La pandemia ha supuesto retos sin precedentes. Pero esta experta considera que, con independencia de los diferentes perfiles profesionales y de cada país, que pueden facilitar más o menos esa reincorporación al trabajo de la mujer, “dentro de lo que es una elección individual y es entendible, las mujeres deben pensar bien eso de ‘me quedo en casa y luego me reincorporo’ porque, en general, afirma, sólo funciona en los perfiles de mujeres muy cualificadas, con un determinado background profesional; y en los de menor cualificación”. Y es que cree que “las casas también pueden ser un ‘suelo pegajoso’, ese concepto del que se habla en las empresas porque la mujer no promociona, y convertirse en una trampa para las mujeres, en un retroceso. Hoy en día los cambios van muy rápido, aparecen nuevos conceptos, formas de trabajar, que te pueden dejar fuera del mercado”.

El empleo para toda la vida ha muerto

Y en este contexto de la ‘Gran Renuncia’, ¿qué esperan los universitarios ante los desafíos que encontrarán en el mercado laboral?

“Ya no buscan un trabajo para toda la vida. Son profesionales del mundo al servicio de la sociedad y tienen causas distintas, ya no son fieles a las empresas, sino que se preguntan: ¿qué hacen las marcas por la sociedad, por la sostenibilidad? Pero creo que las empresas en Europa, en general, aún no entienden esto. Siguen invirtiendo en la ‘retención del talento’, una tendencia que tiene los días contados. Nadie quiere que lo ‘retengan’, y menos los jóvenes profesionales de la generación Z, que son muy libres y se mueven, en lo personal y profesional, como si estuvieran jugando a la consola: van pasando por etapas cortas, muy intensas. Tienes que hablarles de proyectos cortos”, asegura Roberto Cabezas, director de Fundación Empresa y Career Services de la Universidad de Navarra.

“Vivimos un cambio de época, no sólo por los cambios tecnológicos acelerados, sino porque no sabemos si lo que estamos aprendiendo será válido en los próximos años. Estoy convencido de que el empleo para toda la vida ha muerto. La pandemia lo ha acelerado, pero creo que esto venía de antes. Por eso, la reinvención profesional se ha convertido para los jóvenes y todos los profesionales en activo en una necesidad inminente y obligatoria, porque no sabemos cuál va a ser el mundo laboral que heredaremos tras la pandemia”, continúa Roberto Cabezas.

Ante este escenario, ¿cómo preparar a los estudiantes para ese futuro incierto? “Es necesaria una formación que se base en valores y virtudes, porque creo que hay ciertos aspectos que no van a cambiar, como alimentar el pensamiento crítico o los valores fundamentales; y los jóvenes tendrán que construir como ‘otro yo digitalizado’ para asegurar una mejor empleabilidad y una mejor competencia y ser atractivo para las empresas”.

Según Randstad NV, proveedor mundial de servicios de empleo, la ‘Gran Renuncia’ no se ha frenado y podría continuar. En su informe Workmonitor 2022 dice que la felicidad en el trabajo es una prioridad para muchas personas en la era postpandémica, y se espera flexibilidad laboral en el trabajo. Señala, en concreto, que un tercio de los participantes en la encuesta dijeron haber renunciado a un empleo porque no se ajustaba a su vida personal.

Es el caso también de Anna. “Creo que el equilibrio de poder ha cambiado”, dice Anna Burgess, tras su doble renuncia el pasado año. Ahora los candidatos a un empleo también están entrevistando a la empresa o al empleador, al igual que están realizando la entrevista para optar al puesto. “La vida es demasiado corta para un empleo que te quita la alegría”.