Economía

El FMI eleva el crecimiento de España y del mundo, pero alerta de los riesgos de la IA y la deuda

El organismo mejora cuatro décimas su previsión para la economía española, pero eleva al 3,7% la estimación de inflación. A escala mundial, advierte de los riesgos de la deuda, la crisis energética y la concentración de la inversión en inteligencia artificial.

El FMI eleva al 2,5% el crecimiento de España en 2026

La economía mundial crecerá un 3,1% en 2026, según las nuevas previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), que ha revisado una décima al alza su estimación anterior. Sin embargo, detrás de esta mejora hay una realidad menos uniforme: la inversión en inteligencia artificial sostiene parte del crecimiento, mientras el encarecimiento de la energía, el aumento de la deuda y los riesgos financieros amenazan con frenar la actividad. En este escenario, España destaca entre las principales economías desarrolladas, aunque también afronta presiones inflacionistas.

El organismo prevé que el producto interior bruto (PIB) español avance un 2,5% este año, cuatro décimas más que en su anterior estimación, y un 1,8% en 2027. La revisión sitúa a España por delante de las principales economías de la eurozona, para la que el FMI anticipa un crecimiento del 1,1% en 2026 y del 1,2% el próximo año.

La fortaleza relativa de la economía española contrasta con la moderación del crecimiento europeo y refleja una coyuntura en la que el consumo, el empleo y los servicios siguen desempeñando un papel relevante. Sin embargo, el FMI también eleva su previsión de inflación para España hasta el 3,7% en 2026, antes de que se modere al 2,7% en 2027. El dato introduce un contrapunto a las perspectivas de crecimiento: una economía puede avanzar por encima de sus socios europeos y, al mismo tiempo, sufrir un encarecimiento de los bienes y servicios que presione los presupuestos de hogares y empresas.

El crecimiento mundial depende cada vez más de un grupo reducido de países

La revisión del FMI mejora ligeramente las perspectivas globales, pero no elimina los desequilibrios. El organismo espera que el crecimiento mundial alcance el 3,4% en 2027, frente al 3,5% registrado en 2025. Las economías avanzadas crecerán un 2,1% este año, antes de moderarse al 1,9% el próximo ejercicio.

Uno de los datos más significativos del informe es la concentración de la expansión económica. Según el FMI, 32 países representan el 95% del crecimiento mundial, frente a los 54 países que concentraban esa proporción en abril. La evolución refleja una economía internacional cada vez más dependiente de un grupo reducido de mercados, en un momento en que las diferencias en el acceso a la tecnología, la inversión y la energía condicionan las perspectivas de cada país.

Estados Unidos crecerá un 2,3% en 2026 y 2027, mientras que China avanzará un 4,5% este año. India volverá a destacar entre las grandes economías, con un crecimiento previsto del 7%, aunque inferior al 7,7% del año anterior.

La inteligencia artificial es uno de los factores que explican parte de esta divergencia. La inversión en centros de datos, semiconductores y equipos tecnológicos está impulsando la actividad y el comercio internacional, con una concentración de la demanda especialmente elevada en Estados Unidos y China. El FMI advierte de que este impulso no se distribuye por igual y de que las economías menos integradas en las cadenas de suministro tecnológicas pueden quedar al margen de una parte importante de sus beneficios.

La inteligencia artificial impulsa la economía, pero también aumenta los riesgos

Foto FMI

La expansión de la IA se ha convertido en uno de los principales motores de inversión, pero también en una fuente de incertidumbre para los mercados. Las valoraciones bursátiles de las empresas vinculadas a esta tecnología dependen, en parte, de que las inversiones actuales se traduzcan en ganancias de productividad y beneficios sostenibles.

El FMI advierte de que una corrección en los mercados financieros vinculados a la inteligencia artificial podría afectar a la confianza y a las condiciones de financiación. El riesgo no se limita a una caída de las cotizaciones: el aumento de los rendimientos de los bonos y las amenazas cibernéticas también pueden comprometer la estabilidad financiera.

Para las empresas, el desafío consiste en distinguir entre las inversiones tecnológicas capaces de mejorar la productividad y aquellas cuya rentabilidad depende todavía de expectativas difíciles de cumplir. Una desaceleración de la inversión en IA podría afectar a los proveedores tecnológicos y a los mercados que se han beneficiado de la expansión de sus infraestructuras.

La transformación también tendrá consecuencias sobre el empleo. Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, ha advertido de que el impacto de la inteligencia artificial puede extenderse gradualmente por el mercado laboral.

«Un tsunami que avanza lentamente, pero un tsunami al fin y al cabo»

señaló al referirse a la magnitud de los cambios que puede provocar esta tecnología.

El organismo estima que alrededor del 40% del empleo mundial podría verse afectado a largo plazo, ya sea mediante la transformación de tareas, la reducción de determinados puestos o la aparición de nuevas funciones. Esta cifra no equivale a una previsión de destrucción del 40% del empleo, sino al alcance potencial de la transformación laboral.

La energía y la deuda vuelven a presionar a las empresas

La otra gran amenaza para el crecimiento procede de la crisis energética y del encarecimiento de la financiación. El FMI prevé que la inflación mundial alcance el 4,7% en 2026, antes de moderarse al 4,1% en 2027. Las previsiones están condicionadas por la evolución del conflicto en Oriente Medio y por la normalización de los suministros de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz.

Un encarecimiento persistente de la energía puede trasladarse a los costes de producción, el transporte y la distribución, reduciendo los márgenes empresariales o elevando los precios finales. Para los hogares, el impacto dependerá de la evolución de los salarios y de cuánto del incremento de costes termine trasladándose al consumo.

La deuda añade otro factor de presión. El organismo insta a los gobiernos a reforzar sus finanzas públicas y recuperar margen presupuestario para afrontar futuras crisis. Las empresas, por su parte, deben gestionar sus necesidades de financiación en un contexto en el que refinanciar deuda puede resultar más caro y en el que las decisiones de inversión están condicionadas por una mayor incertidumbre.

La combinación de energía cara, deuda elevada y expectativas exigentes sobre la inteligencia artificial reduce el margen de error para las compañías. También obliga a los inversores a evaluar con mayor cautela los proyectos que dependen de una expansión continuada del crédito o de un crecimiento de la demanda tecnológica difícil de sostener.

España mantiene su ventaja, pero el crecimiento no elimina los riesgos

Las previsiones del FMI dibujan una economía española más dinámica que la de sus principales socios europeos, aunque sometida a las mismas incertidumbres internacionales. La revisión al alza del PIB hasta el 2,5% en 2026 ofrece una señal favorable para la actividad empresarial, pero la previsión de inflación del 3,7% muestra que el crecimiento no está exento de costes.

El desafío será mantener el dinamismo económico si las tensiones energéticas persisten, las condiciones financieras se endurecen o la inversión tecnológica pierde impulso. La evolución del consumo, la productividad y la capacidad de las empresas para incorporar nuevas tecnologías será determinante para sostener el crecimiento en los próximos años.

La economía mundial seguirá avanzando, según el FMI, pero el dato agregado del 3,1% oculta diferencias cada vez mayores entre países y sectores. Para España, la oportunidad consiste en conservar su ventaja relativa frente a Europa sin confundir una previsión favorable de crecimiento con una garantía de estabilidad.

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