El anuncio realizado la semana pasada por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, de que su país adoptaría el bitcoin como moneda de curso legal, aprobado cuatro días después por el Parlamento de la región, hizo que la cotización de la criptodivisa subiera un 5%.

En las últimas semanas, el valor de bitcoin se había visto afectado por los controles cada vez más estrictos sobre su uso en China, así como por la incautación por parte del FBI de un rescate de 75 bitcoins (4,4 millones de dólares) pagado por Colonial Pipeline tras sufrir un ciberataque. El FBI pudo rastrear alrededor del 85%, unos 64 bitcoins (2,3 millones de dólares), transacciones que socavan la reputación de las criptodivisas como seguras y anónimas. De hecho, el bitcoin es ahora más fácil de rastrear que el efectivo.

La decisión de El Salvador de adoptar el bitcoin como moneda de curso legal es un impulso para la criptodivisa, y el interés que están mostrando países vecinos como Argentina, Brasil, Nicaragua, Panamá o Paraguay apunta a un cambio de dimensión que podría llevar a una adopción masiva, a pesar de las reticencias de los gobiernos de las economías más poderosas.

Si el carácter descentralizado de la criptodivisa ya hacía prácticamente imposible que algún país impidiera la adopción del bitcoin en el futuro, la posibilidad de intentarlo si la criptodivisa ya se utiliza de forma generalizada prácticamente desaparece.

Aceptar el bitcoin como moneda de curso legal. O no.

¿Qué está impulsando el interés de El Salvador y de un número creciente de economías regionales en el uso del bitcoin como moneda de curso legal, a pesar de las advertencias del FMI? Obviamente, la percepción del riesgo de las criptomonedas no es la misma para las economías fuertes que para las que llevan mucho tiempo sometidas a las fluctuaciones de la política monetaria y a la hiperinflación.

¿Es arriesgado el bitcoin? Se trata de una criptodivisa cuya volatilidad está ligada a los altibajos de su adopción, y forma parte de algo ya previsto en su diseño: el proceso de descubrimiento de precios.

Se emitirán nuevos bitcoins hasta llegar a los 21 millones de unidades, y aunque su uso dependerá en gran medida de lo que leamos en las noticias y de las imprevisibles decisiones de los países al respecto, el valor del bitcoin oscila de forma natural, y muchos lo aprovechan para especular. Sin embargo, este proceso de descubrimiento de precios completamente natural no tiene nada que ver con las características de la criptodivisa, y en cambio refleja cómo su valor está determinado algorítmicamente por un mecanismo que no está bajo el control de absolutamente nadie.

Populares y pioneros

El proceso de adopción de bitcoin es imposible de detener, fundamentalmente porque la propuesta de valor de bitcoin a largo plazo –una moneda que tiene sus propias reglas, política monetaria y consenso implementado por software, y con un valor independiente que no se ve afectado por las acciones o decisiones de ningún actor en particular– es clara, inequívoca y estimada como interesante por muchos.

De hecho, el presidente Bukele cree en esa propuesta de valor hasta el punto de convertirla en la moneda oficial de su país. ¿Por qué? Quizás por la tecnología que hay detrás de la criptomoneda, así como por otros factores relacionados con el marketing político.

Para muchos líderes latinoamericanos, una decisión así podría aumentar su popularidad al tiempo que se ganan una reputación de pioneros que les distrae de los muchos otros problemas a los que se enfrentan.

Además, Bukele no se ha limitado a adoptar el bitcoin: también ha propuesto a su país como centro de minería de bitcoins, vinculado a la explotación de importantes recursos para la producción sostenible de electricidad mediante la explotación de la energía geotérmica de sus volcanes.

El bitcoin al alza

Se trata de un movimiento que puede tener sentido por varias razones: en primer lugar, a pesar de su volatilidad, la evolución del bitcoin ha sido alcista, y hay quienes auguran valores mucho más altos, lo que si bien es una apuesta, desde el punto de vista nacional es lo mismo que adoptar una moneda fuerte con perspectivas.

En segundo lugar, en el caso de países como El Salvador, muchos problemas tienen que ver con el uso irresponsable de políticas monetarias que en demasiadas ocasiones han desatado la hiperinflación. El caso de El Salvador, que adoptó el dólar como moneda oficial en enero de 2001, es claro: renunciar al control de su política monetaria ha sido positivo.

Y en tercer lugar, estamos hablando de economías con escasa bancarización y muy dependientes de las remesas de los familiares que trabajan en el extranjero. Cualquier persona con un simple smartphone puede utilizar bitcoin para enviar remesas y será una gran noticia para las personas que dependen de estas remesas y no tienen cuenta bancaria.

Para países como El Salvador, el bitcoin podría ser la solución. Pero el resultado final de esta combinación de factores será, sin duda, un impulso muy fuerte para la adopción de bitcoin, lo que implica, para estos países, una profecía autocumplida: asumir un gran riesgo al adoptar una criptodivisa volátil, pero que, por su propia decisión de adoptarla, reduce ese riesgo con la esperanza de que su proceso de fijación de precios acabe produciendo importantes plusvalías para el país y sus ciudadanos. La percepción del riesgo depende de muchos factores, y todo indica que para las economías latinoamericanas, la adopción del bitcoin puede ser más una oportunidad que un peligro.