Hubo un tiempo en el que crear una empresa tecnológica exigía reunir perfiles muy especializados, asumir importantes inversiones y dedicar meses —o incluso años— al desarrollo de un producto. Hoy, ese proceso empieza a cambiar. La inteligencia artificial está reduciendo muchas de las barreras que durante décadas separaron las ideas de su ejecución y está transformando la forma en que nacen los negocios digitales. Para Tobías Carmona, fundador de Vivir de IA, este cambio no consiste solo en desarrollar software con mayor rapidez, sino en replantear quién puede construir tecnología y qué habilidades marcarán la diferencia entre los emprendedores del futuro.
Durante años, emprender en tecnología parecía reservado a quienes sabían programar. ¿En qué momento entendió que esa barrera estaba a punto de desaparecer?
Empecé mis estudios cursando Ingeniería Informática, pero con el tiempo me di cuenta de que gran parte de lo que aprendía estaba quedando obsoleto. Muchos de los lenguajes que nos enseñaban ya no eran los más utilizados y, además, sentía que no estaba aprendiendo realmente a programar. Fue entonces cuando decidí comenzar mi camino con la inteligencia artificial. Ahí descubrí el enorme potencial que tenía delante: por primera vez podía transformar mis ideas en código simplemente explicando lo que quería construir.
Si hoy las herramientas de IA están al alcance de cualquiera, ¿qué cree que sigue marcando la diferencia entre quien simplemente las utiliza y quien consigue convertirlas en un negocio?
Las herramientas de inteligencia artificial son un recurso extremadamente potente para crear aplicaciones y resolver problemas. Sin embargo, la clave no está solo en utilizarlas, sino en entenderlas a fondo y saber sacarles el máximo provecho. La verdadera diferencia entre quienes construirán grandes negocios y quienes se quedarán atrás será la capacidad de actuar. Las personas que decidan aprovechar esta revolución tecnológica serán las que marcarán la diferencia, mientras que quienes ignoren la ola de la IA perderán una oportunidad histórica.
Usted empezó a trabajar con el llamado vibe coding antes de que el término se popularizara. ¿Qué vio entonces que la mayoría todavía no estaba viendo?
Un amigo que trabajaba en una consultora tecnológica en Estados Unidos me comentó que estaban empezando a implementar el vibe coding para desarrollar aplicaciones para sus clientes. Eso despertó mi curiosidad. Empecé a investigar por mi cuenta y me quedé anonadado: literalmente podía construir cualquier cosa en muy poco tiempo.
Antes, lanzar un negocio digital requería equipos, inversión y largos tiempos de desarrollo. ¿Qué cree que sigue siendo irrenunciable incluso ahora que la IA ha reducido muchas de esas barreras?
Aunque la inteligencia artificial pueda sustituir parte del trabajo que antes realizaban equipos completos de desarrollo, siempre será imprescindible contar con personas capaces de pensar de forma lógica y estructurada. La IA necesita buenas instrucciones. Saber analizar un problema, diseñar una solución y explicarle correctamente a la IA cómo quieres que funcione un software seguirá siendo una habilidad fundamental. El vibe coding no ha venido para atrofiar nuestro cerebro, sino para darnos más agilidad y actuar como intérprete entre los humanos y las máquinas.
Hemos pasado de hablar de crear empresas a lanzar productos, probarlos y corregirlos casi en tiempo real. ¿Cómo cree que esta nueva velocidad está cambiando la forma de emprender?
Poder ganar velocidad para lanzar productos al mercado supone un cambio enorme para cualquier emprendedor. Hoy es posible desarrollar un MVP funcional en días o semanas, cuando antes ese mismo proceso podía tardar meses o incluso años. Esto permite validar ideas mucho más rápido, reducir costes y construir productos funcionales en tiempo récord.
Antes de enseñar a otras personas a crear software con IA, usted desarrolló y comercializó sus propios productos digitales. ¿Qué aprendizajes solo se adquieren cuando uno construye un negocio en primera persona?
Emprender es un camino de aprendizaje constante. Saber desarrollar software es una gran ventaja, pero por sí solo no garantiza el éxito. Puedes crear el mejor producto del mundo, pero si no sabes venderlo, no tendrás una empresa rentable. Y, al contrario, una buena capacidad comercial sin un buen producto tampoco es suficiente. El verdadero éxito está en combinar ambas habilidades: construir y saber comercializar.
Existe la idea de que la IA terminará homogeneizando los proyectos porque todos utilizan herramientas similares. ¿Comparte esa preocupación o cree que seguirá marcando la diferencia la capacidad de detectar buenos problemas que resolver?
No lo creo. Aunque muchas personas utilicen las mismas herramientas, la creatividad, la lógica y la visión de cada emprendedor seguirán marcando la diferencia. Las herramientas pueden parecerse, pero las ideas son infinitas. La capacidad de imaginar soluciones diferentes es un recurso exclusivamente humano y eso hará que cada software siga siendo único.
Si tuviera que anticipar cómo será el emprendimiento digital dentro de diez años, ¿qué habilidades cree que perderán importancia y cuáles serán imprescindibles para quienes quieran construir negocios desde cero?
Creo que dentro de diez años emprender será mucho más accesible que hoy. La inteligencia artificial está reduciendo enormemente la dificultad técnica y acelerando los procesos de creación. Precisamente por eso, el factor diferencial ya no será únicamente la capacidad de desarrollar tecnología, sino la creatividad. Las máquinas podrán ejecutar tareas, pero las ideas seguirán naciendo de las personas. Y esa creatividad será el activo más valioso para cualquier emprendedor en los próximos años.

