En tan sólo ocho años, el osmio en su forma cristalina, se ha convertido en la superestrella del exclusivísimo mercado de los metales preciosos. El último, más caro y más escaso, por no decir el más bello de los metales preciosos, está despegando.

Guerra en Europa y un futuro incierto para la economía mundial. Precios de materias primas que suben a niveles nunca imaginados. Materiales de construcción importantes casi no están disponibles. La madera es cada vez más cara. El suministro de gas y petróleo ya no está garantizado. La expansión de las consecuencias de la guerra en Ucrania está tomando formas amenazantes e internacionales.

Uno no quiere temer lo peor, pero cabe preguntarse a qué conduce todo esto. Porque cada vez está más claro que el mundo está superpoblado, que nos dirigimos a una catástrofe climática y que cada vez hay más autócratas gobernando el mundo.

El osmio, con su extrema densidad de valor que supera en 30 veces al oro, se ha convertido en un «metal refugio». La disponibilidad del osmio es muy limitada, lo que lo hace aún más interesante. Existen 205.000 toneladas de oro ya extraído, frente a 22 toneladas de osmio que aún no se han extraído. A medio plazo, el osmio podría llegar a ser un medio de cambio que puede pasarse físicamente de una persona a otra.

El mercado de los diamantes, en particular, muestra la importancia del osmio. Mientras que la demanda de diamantes ha disminuido a medida que la controversia sobre los diamantes fabricados por el hombre ejerce presión sobre los precios de los diamantes naturales y los diamantes sintéticos, el uso del osmio como sustituto del valioso “Pavé de diamantes” está empezando a aumentar considerablemente.

Además, no existe forma alguna de falsificar el osmio. Su estructura cristalina se escanea a alta resolución y se almacena en la base de datos mundial del osmio. Este escaneo, incluso en un milímetro cuadrado de superficie cristalina es más de 10.000 veces más seguro que una huella dactilar biológica.

Se espera que a largo de esta década la confianza de los inversores en el osmio, el único metal precioso no falsificable, sea cada vez más importante. Las razones son los ratios cuantitativos existentes en la tierra, pero también otros factores como la reventa, pues acaba de surgir un interesante mercado secundario para el osmio, a través del cual se puede vender a particulares.

No habrá ningún otro metal precioso que siga al osmio. El osmio es el último de los ocho metales preciosos en introducirse en el mercado de la inversión y la joyería. También es improbable que se encuentren otras zonas mineras. Cuando una pieza de osmio fluye hacia la joyería, generalmente después no vuelve hacia el sector de activos tangibles. Así que es posible que el Big Bang del osmio ocurra. En este escenario, se supone que el volumen de extracción del osmio podría ser inferior a la demanda del mismo, incluso se podría dar el caso de que el osmio se agote por completo. En este caso, el precio podría subir rápida y considerablemente.

En el contexto de la teoría de carteras de valores, una adición de osmio como inversión tangible debería proporcionar en cualquier caso una buena diversificación y protección del valor. ¡Toque el osmio y experiméntelo!

*Marion Langenscheidt es directora del Instituto Español del Osmio.