La Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB) ha cuestionado el hecho de que «menos turismo signifique automáticamente más vida» y ha pedido que el debate sobre el modelo económico del archipiélago se lleve a cabo «sin extremismos».
La presidenta de la patronal, Carmen Planas, acompañada de sus vicepresidentes y de los representantes de las principales asociaciones empresariales de las Islas, ha presentado este miércoles la postura de la confederación ante la manifestación de este domingo. La protesta, convocada por la plataforma ‘Menys Turisme, Més Vida’, busca poner sobre la mesa, entre otras muchas cuestiones, la necesidad de apostar por el decrecimiento turístico.
Por su parte, los empresarios han defendido que los residentes en Baleares viven «de todo lo que el turismo aporta» y han rebatido que esta actividad económica sea causante de las múltiples problemáticas sociales. Pese a todo, la patronal ha dicho ser «plenamente consciente» de que el archipiélago atraviesa un momento de «enorme complejidad» debido a la dificultad para acceder a una vivienda, la presión sobre las infraestructuras, los problemas de movilidad, la protección de los recursos naturales o la sensación de que construir un proyecto de vida es cada vez más difícil.
Su propuesta para dar solución a estas realidades es transformar el modelo económico de las Islas de modo que el crecimiento y progreso de la economía vaya ligada a la mejora de la calidad de vida de los residentes. Ninguno de esos problemas son «aislados», han sostenido, y todos ellos están interrelacionados, lo que debería exigir que el debate sobre el presente y el futuro de Baleares sea «riguroso, honesto y sin extremismos».
Los empresarios asociados a CAEB han reconocido que el turismo influye en las problemáticas como el acceso a la vivienda o la movilidad, pero han defendido que «no explica por sí solo la crisis». En el caso de la vivienda, han subrayado, también juegan un papel determinante las décadas de escasa promoción de vivienda pública, el aumento de la población residente, las segundas residencias, la inversión inmobiliaria internacional, la existencia de viviendas vacías, la lentitud administrativa, la escasez de suelo disponible y las decisiones urbanísticas y fiscales acumuladas durante años.
Atascos y dificultades de movilidad
En el caso de la movilidad, pese que han admitido que se «tensiona» durante la temporada alta, han remarcado que los atascos, las dificultades de acceso a Palma o los problemas del transporte público «no desaparecen en enero». Ello vendría a indicar, han considerado, que existe una «base estructural que trasciende la llegada de visitantes», como son las insuficientes infraestructuras, la elevada dependencia del vehículo privado o una planificación que no se ajusta al crecimiento real de la población y de la economía.
Este mismo diagnóstico, para los empresarios, se extiende a servicios básicos como la sanidad, la educación, el agua, la energía o la gestión de residuos. Pese a que la actividad turística «incrementa la presión en determinados momentos», no puede analizarse al margen de la inversión pública, la eficiencia de las redes, la planificación demográfica, la calidad de la gestión y la capacidad de anticipación de las instituciones.
Además de resolver todos estos problemas, han señalado, Baleares también necesita a mejorar la productividad, favorecer la innovación, elevar salarios y generar oportunidades estables todo el año. «Nada se conseguirá únicamente reduciendo visitantes ni negando la necesidad de gestionar los flujos turísticos. Se conseguirá con planificación, inversión, evaluación, transparencia, diálogo y decisiones sostenidas en el tiempo», han subrayado.
A su parecer, cuando se habla de reducir el turismo «como si se tratara de una pieza que puede retirarse sin alterar el resto del sistema», se ignora cómo funciona la economía balear. Por lo tanto, el debate no debería ser «turismo sí o turismo no, más o menos turismo», sino cómo distribuir el valor generado por esta actividad económica para hacer del archipiélago un lugar «más próspero, habitable y sostenible», algo que «no debe recaer siempre en otros».
El problema de la vivienda
Antes de concluir que «menos turismo significa automáticamente más vida», una afirmación que juega con el nombre de la plataforma convocante de la manifestación del domingo, CAEB ha considerado que es necesario hacerse algunas preguntas.
«Si dejaran de venir una parte de turistas, ¿aparecerían automáticamente miles de viviendas asequibles?, ¿desaparecerían los atascos de enero?, ¿se reducirían las listas de espera sanitarias?, ¿mejoraría el transporte público?, ¿subirían automáticamente los salarios?, ¿se crearían más plazas educativas o infraestructuras hidráulicas?, ¿qué ocurriría con los miles de pequeños negocios que dependen, total o parcialmente, del gasto de quienes nos visitan?, ¿cuántos empleos desaparecerían y qué alternativas tendríamos para sustituirlos?», ha planteado la patronal.
Baleares, han concluido los empresarios, no debe elegir entre progreso económico y calidad de vida, sino exigir ambos y aspirar a gestionar un sector que «ha contribuido a construir una economía dinámica, miles de empresas, empleo, servicios públicos y un estado de bienestar que muchos territorios ansiarían».

