Cristina Pedroche (Madrid, 1988) es una reconocida presentadora de televisión, profesora de yoga, modelo y ahora DJ. Saltó a la fama por sus atrevidos y polémicos vestidos para dar las campanadas de fin de año, como el de la diseñadora Adlib Charo Ruiz en 2014. Acaba de debutar en Ibiza con su nueva faceta artística detrás de la cabina de DJ.
¿Cómo ha sido hasta ahora su relación con la música?
Ha sido como una vía de escape. Me gustaba escuchar música desde niña, cuando estudiaba, y cantaba canciones de Malú, por ejemplo, mientras hacía las cosas del colegio. A medida que fui creciendo, pasó a ser más importante, como un apartado de fiesta con amigos en discotecas. La vida te va llevando por diferentes derroteros. He sido siempre buena estudiante, muy trabajadora, deportista, y la música me ha acompañado.
¿Frecuentaba entonces la noche y el mundo de la música?
He vivido la noche desde el otro lado. He sido camarera, azafata de imagen… Y no me ha gustado mucho la fiesta porque, trabajando, ves cómo la gente bebe y disfruta y lo contemplas de otra manera. Me ha dado siempre pereza la fiesta. La música me ha acompañado en momentos de felicidad, de soltarme la melena u olvidarme un poco de todo. No me ha llamado la atención la fiesta nunca hasta que he llegado a Eivissa.
¿Cómo descubrió la fiesta ibicenca?
Mi marido, David, me dijo: «Tienes que descubrir UNVRS, es el mejor club del mundo y hay que ir tarde». Pensé: «¿Qué hago yo viendo a David Guetta a las tres de la mañana?». Me acosté con los niños a las diez y él me despertó a las dos para decirme: «¿Nos vamos? ¿Vienes?». No me lo pensé mucho y me levanté. Al llegar a UNVRS, me impresionó increíblemente por su grandeza, lo bien que suena todo y cómo sientes la música dentro de ti. Cuando empezó el show, flipé muy fuerte. Hubo un momento en que pensé: «De aquí no me sacan». Sentí algo tribal, me llegaba a las caderas y, al ver tantas almas bailando al mismo son, me pareció indescriptible. Estaba como en trance, bailaba y me iba de mi cuerpo. Fue una experiencia total, me sentí alucinada, pese a que nunca me he drogado. Otra noche fuimos a Ushuaïa Ibiza y me pasó lo mismo. Fuimos al backstage y me pareció una locura.
¿Así llegó al mundo de la electrónica?
A partir de ese momento sentí que esta música tocaba otra cosa distinta y me puse, al día siguiente, a escuchar más canciones, otros artistas y a adentrarme en la electrónica. Escuché a Calvin Harris, David Guetta y lo más comercial al principio; luego, a las mujeres DJ, que son diosas. Cómo se mueven, qué rollo tienen y la música que hacen, desde Peggy Gou hasta Charlotte de Witte. Son pivones y poderosas.
¿Significa un empoderamiento de la mujer en un mundo tan machista como el de los DJ?
No me gusta la palabra «empoderar», porque es como si te hubiesen quitado el poder. Hay que reconectar con nuestro poder, que ya lo tenemos. Nadie nos ha podido quitar el poder de ser mujer, aunque algunas veces no nos dejen expresarlo.
¿La idea de ser DJ surgió de improviso?
Estaba con David en Londres y llamó Sebastián Gamboa para preguntarle: «¿Qué te parece si el closing party de tu restaurante StreetXO lo hace tu mujer?». Y, de repente, pensé: si alguien como Sebastián, un mito como DJ, piensa que puedo hacer eso, es porque lo cree y está confiando en mí. Le di varias vueltas y, en Madrid, me encontré con Sebas en la discoteca Kapital, por la tarde, para ver la cabina, y le dije: «Vamos a probar». Me hizo un par de pruebas de sonido y de canciones y recapacité: «Si lo trabajo, lo lograré. No voy a ser la mejor DJ en dos meses, pero lo haré mejor que cuando empecé».
¿Fue un aprendizaje difícil?
Los conceptos básicos me han parecido relativamente fáciles porque tengo buen oído. Me puse a estudiar, escuchar música y a trabajar con Sebas dos o tres horas al día. Le acribillé a preguntas sobre efectos, músicas, ritmos, mezclas y otros dilemas. Empezamos con cosas sencillas y puristas y ya me vi detrás de la cabina de Ushuaïa Ibiza (risas). Me animó mucho y me convenció de que podía hacerlo. Me aseveró: «Si tu energía es buena y pones la música que te gusta, todo fluirá y vas a contagiar al público de esa energía y tu ritmo. Obsérvales, mira cómo bailan y piensa qué canción va bien detrás de la anterior».
¿La colaboración con Sebastián Gamboa ha sido casual o fruto de sus ganas de aprender a pinchar?
Al principio fue casual, como un reto, pero luego me entraron las ganas de aprender, hacerlo bien y me volqué con toda intensidad con Sebas y ChatGPT, hasta tal punto que me atreví a elegir determinadas canciones que me gustaban, pero Sebas no veía acordes para mi set. Quería desarrollar mi propia creatividad desde el principio. Soy muy atrevida y perfeccionista.


¿Teme a las críticas?
No tengo miedo porque nadie me va a criticar más que yo a mí misma. No puedo ser tan maligna con la crítica como yo. Soy mi peor enemiga. La primera ocasión que escuché un set mío en la habitación del hotel, se me saltaron las lágrimas de lo bien que lo había hecho.
¿Ha sido buena alumna?
Soy buena alumna, trabajo mucho, a fondo, y hasta que no tenga dominado el set o la mezcla no me quedo tranquila. Soy muy nerviosa, pero he de reconocer que los nervios que tengo como DJ son diferentes, es como un cosquilleo interno… Con ritmo. He practicado en casa poniéndome obstáculos a mí misma, a ver cómo salía adelante, y lo he logrado. He hecho cosas importantes, como las campanadas de fin de año y concursos en la televisión. Ese es mi medio y ahí me siento más segura.
¿Piensa dedicarse en serio a pinchar o lo ha hecho solo para promocionar el restaurante de su marido, StreetXO?
No me gustaría pinchar solo en la fiesta de Ibiza porque estoy apasionada con esta nueva faceta de mi carrera. Ya me he comprado la mesa de DJ y lo tengo todo en casa para practicar. Ya confecciono listas con canciones que me gustan para hacer un set y Sebas me corrige a veces, pero me gusta tanto que no descarto repetir la experiencia.
¿Conoce las discotecas de Eivissa?
Conozco las principales. Me flipa la música de Hï Ibiza, Ushuaïa Ibiza y UNVRS, que son las que conozco hasta ahora. Tengo pendiente descubrir el underground de DC-10, pero posiblemente lo descubra el 1 de enero, en la fiesta de Año Nuevo. Gamboa me dice que es lo más real, auténtico y una escuela de nuevas promesas DJ.
¿Qué tipo de música selecciona?
Me gustan estilos como el afro house, el house, el techno y toda la música de baile. Pincho lo que me gusta, lo que me mueve y me hace vibrar a mí y a la gente. Sebas dice que soy un poco ecléctica en este sentido. La profesión de DJ te deja fluir y no hay que ser cuadriculada. Cada uno tiene su gusto y estilo. A mí me gusta empezar con un tema fuerte y seguir la sesión con ritmos más potentes.
¿La faceta de DJ es un nuevo reto en su polifacética carrera?
Espero que sí. Ya tengo varias propuestas y el día 28 de octubre pincharé también en StreetXO, en Madrid, un día antes de mi cumpleaños. Hacía tiempo que no estaba tan ilusionada con algo como ahora pinchando. Es como si estuviera meditando, muy concentrada en lo que hago, sin móviles, problemas, emails ni nada que me distraiga. Estoy presente todo el rato, es mi terapia ahora mismo y me siento otra persona. He cumplido un sueño que no sabía que tenía y estaré eternamente agradecida a Sebastián Gamboa por haberme involucrado. Quizá, si me lo hubiese pedido otra persona, me hubiese negado porque pensaría que quiere tener a una famosa para montar una fiesta, pero él tiene cabeza, es un mito, no tiene postureo y que confiara en mí ha sido fantástico.
¿Se lanza ahora a una carrera musical? ¿Es consciente del significado que pueda conllevar para otras mujeres?
Las mujeres han llegado tarde, pero vienen con mucha fuerza y son ya imparables. Tienes los ejemplos de DJ como Amelie Lens, Charlotte de Witte, Peggy Gou, Nina Kravitz y otras que son increíbles. De repente, me han cambiado mis ídolos.
¿Por qué las chicas han tardado tanto en conquistar las cabinas de las discotecas?
Por el mundo machista y patriarcal en el que vivimos, en todos los aspectos. Pasa lo mismo en la tele, donde cuesta mucho que más mujeres lleven el mando de programas. Ese axioma de «como los hombres funcionan, seguimos con los hombres» no es bueno; hay que probar con las mujeres. La DJ belga Charlotte de Witte comenzó usando el nombre de un chico y, cuando triunfó, pudo cambiar a su nombre verdadero, el actual. Si el hecho de que me haya decidido sirve para que otras mujeres se animen a ser DJ, será para mí algo importante.
¿Pondrá a bailar al chef Michelin Dabiz Muñoz?
Ya lo he puesto a bailar, pese a que no es muy bailongo. Le encanta mi música y lo que estoy haciendo como DJ.
¿Qué le gusta de Ibiza?
Es una vía de escape. Estoy feliz y me voy con pena, solo pensando en cuándo voy a volver. Me encanta la energía de la isla, el mar, el ambiente, el aire. Parece que se respira de otra manera, la gente es superamable y nos han acogido muy bien. El restaurante StreetXO de David lo está reventando. Da gusto estar aquí y no esperaba menos porque es uno de los mejores sitios del mundo. Se preocupan de la gastronomía al igual que de la fiesta. Parece que aquí no pueda fallar nada, mola todo.
Ha tenido relación con la moda ibicenca con su traje de las campanadas de medianoche. ¿Cómo ocurrió?
Mi relación con Ibiza en general crece cada vez que vengo aquí. Tendré que comprarme una casa, me cuesta mucho irme y siempre quiero quedarme más tiempo. Estoy enamorada de Charo Ruiz como diseñadora. Fue la primera que confió en mí en 2014 con un vestido de transparencias increíble para las campanadas de fin de año y ya ves la que se lió. He vestido de Adlib en ocasiones importantes. No pude pinchar con un vestido de Adlib porque había un compromiso con Nuria Sardá, ya que su tienda está en Ibiza Gallery y debemos ayudar a las marcas del sector. Y tenía claro lo que quería para ponerme.

