Palma mantiene el pulso de su industria hotelera. La capital balear ha cerrado la temporada de verano con una ocupación del 89%, prácticamente en línea con el 90% registrado en 2025, pero con un escenario de mercado marcado por el aumento de los ingresos por habitación, un cliente más exigente y nuevos retos operativos. Entre ellos, uno destaca por encima del resto: el acceso a la vivienda, que amenaza con dificultar la captación de profesionales en uno de los principales motores económicos de la ciudad.
El balance de junio a septiembre es positivo para la Asociación Hotelera de Palma. Según los datos presentados este miércoles por su gerente, Mercè Peñaranda, el coste por habitación ha aumentado un 8,9%, mientras que el gasto por habitación ha crecido un 8,3%. Esta evolución se produce en un contexto en el que las estancias turísticas son más cortas y los clientes reservan con menor antelación, un comportamiento que obliga a los establecimientos a afinar sus estrategias comerciales y operativas.
El presidente de la patronal, Francisco Serrano, ha destacado que el perfil del visitante es cada vez «mucho más exigente y crítico». La competitividad hotelera, por tanto, no depende únicamente de mantener elevados niveles de ocupación, sino también de responder a unas expectativas crecientes en materia de servicio, experiencia y calidad.
En este escenario, el factor humano continúa siendo uno de los principales activos del sector. Serrano ha puesto en valor la puntuación media de 9,46 obtenida por el personal de los 83 hoteles integrados en la asociación. «Es un orgullo, ya que el factor humano es el patrimonio más importante», ha señalado.
La vivienda entra en la estrategia empresarial de los hoteles
La dificultad para acceder a una vivienda se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la operativa hotelera en Baleares. Más allá de su dimensión social, el problema tiene consecuencias directas sobre la capacidad de las empresas para atraer trabajadores, cubrir vacantes y sostener la actividad durante los meses de mayor demanda.
Ante esta situación, los establecimientos de Palma han comenzado a poner en marcha soluciones propias. Algunos hoteles han habilitado espacios para alojar a sus plantillas, mientras que otros ofrecen ayudas directas para el alquiler. Son medidas que buscan aliviar una barrera que afecta tanto a los residentes como a los profesionales que llegan a la isla para trabajar durante la temporada turística.
Serrano ha reclamado la necesidad de tomar «decisiones valientes» para afrontar el problema de la vivienda y ha advertido de que las dificultades para encontrar alojamiento condicionan la captación de personal. La situación resulta especialmente relevante para un sector que necesita combinar flexibilidad en los periodos de máxima actividad con estabilidad en sus equipos. Según el presidente de la asociación, una de las ventajas competitivas de Palma reside precisamente en los hoteles que permanecen abiertos durante todo el año, capaces de ofrecer empleo estable y una menor rotación de trabajadores.
Sin embargo, los refuerzos temporales y las sustituciones por bajas siguen siendo uno de los principales focos de dificultad operativa. A ello se suma el absentismo laboral: los datos de la patronal reflejan picos de casi el 30% en determinados establecimientos durante la temporada alta, frente a una media anual del 14,8%, según ha explicado Peñaranda.
La combinación de vivienda inaccesible, necesidades de contratación y absentismo sitúa la gestión del talento entre las prioridades estratégicas de la hotelería palmesana. Mantener la calidad del servicio exige no solo inversiones en instalaciones y producto, sino también condiciones que permitan atraer y retener a los profesionales.
Nuevas conexiones para ampliar el mapa internacional
La estrategia de Palma también pasa por diversificar sus mercados emisores y reforzar su conectividad aérea. Entre las novedades destacadas por la asociación figura la conexión directa con Nueva York, cuya operativa está prevista para marzo, junto con las incorporaciones de Montreal y Abu Dabi. Para Serrano, estas rutas representan una oportunidad para ampliar el alcance internacional del destino sin desplazar a los mercados tradicionales. «El objetivo no es sustituir los mercados tradicionales, sino complementarlos de forma equilibrada», ha afirmado.
La apertura a nuevos mercados puede contribuir a reforzar el posicionamiento internacional de Palma y a ampliar las oportunidades comerciales de sus establecimientos. El reto, en cualquier caso, consiste en convertir esa conectividad en una demanda que aporte valor al conjunto del año y no únicamente a los meses de mayor actividad.
El invierno, la asignatura pendiente
La desestacionalización continúa siendo uno de los grandes objetivos del sector. Aunque Palma cuenta con establecimientos que operan durante todo el año, la actividad registra una caída significativa durante los meses de invierno.
Según los datos aportados por Serrano, la ocupación se sitúa en torno al 50% en noviembre, mientras que la actividad media desciende hasta una horquilla de entre el 30% y el 35% durante el trimestre de enero a marzo. La patronal quiere aprovechar este periodo para dinamizar la demanda mediante eventos y actividades dirigidas al público local. La iniciativa busca que los residentes disfruten también de las instalaciones y los espacios hoteleros de la ciudad, ampliando su utilización más allá del visitante internacional.
Esta estrategia permitiría explorar nuevas fuentes de demanda durante los meses de menor actividad, al tiempo que contribuiría a sostener el empleo y a aprovechar mejor las infraestructuras existentes.
El balance de la temporada deja una doble lectura. Por un lado, Palma mantiene una ocupación elevada y registra incrementos en el coste y el gasto por habitación, señales de fortaleza en un mercado turístico consolidado. Por otro, las estancias más cortas, la mayor exigencia del cliente, las dificultades para encontrar trabajadores y la caída de la actividad invernal evidencian los límites de un modelo que necesita seguir evolucionando.
La próxima etapa de la hotelería palmesana dependerá, en buena medida, de su capacidad para equilibrar estas variables: ampliar mercados internacionales, mantener estándares de calidad, garantizar el acceso al talento y generar actividad más allá de la temporada alta.
Con un 89% de ocupación estival, el desafío de Palma ya no consiste únicamente en llenar habitaciones. Pasa también por consolidar un modelo hotelero competitivo durante los doce meses del año, capaz de generar valor económico sin desligarse de las condiciones de vida de quienes hacen posible su funcionamiento.

