Baleares

Un plan de choque para salvar a las abejas de Ibiza del cambio climático

Las ayudas para la recuperación, mantenimiento y consolidación del entorno agrario y prevén una partida clave para la apicultura, azotada por el calor.

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En Eivissa, el problema de las abejas ya no es cuánto miel pueden producir. Es si tendrán suficiente alimento para sobrevivir. La falta de lluvias, las altas temperaturas y la desaparición de numerosas floraciones están reduciendo el néctar y el polen disponibles en el campo de la isla, obligando a los apicultores a recurrir a la alimentación suplementaria para mantener vivas sus colonias. Ante esta situación, la Associació d’Apicultors d’Eivissa ha reclamado al Consell y al Govern balear una línea extraordinaria de ayudas que permita compensar parte de ese coste.

La petición llega en un momento en el que la propia administración insular está reforzando su apoyo al sector. El Consell d’Eivissa acaba de abrir una nueva convocatoria de ayudas para la recuperación, mantenimiento y consolidación del entorno agrario y la agrodiversidad, dotada con 1,1 millones de euros procedentes del Impuesto de Turismo Sostenible. El plazo para solicitarla permanecerá abierto hasta el 2 de octubre. Entre las medidas incluidas figura una ayuda de 300 euros por asentamiento apícola, siempre que esté formado por un mínimo de cinco colmenas inscritas en el Registro General de Explotaciones Ganaderas.

La evolución de esta línea refleja además el creciente peso de la apicultura dentro de la política agraria de la isla. En 2025 fueron subvencionadas 1.665 colmenas, frente a las 960 de 2020. Pero el contexto en el que llega esta nueva convocatoria es sustancialmente más difícil para los productores.

El cambio climático endurece los veranos

Durante las últimas semanas, los apicultores han constatado una importante reducción de los recursos florales. Las altas temperaturas y la escasez de precipitaciones han acortado o eliminado floraciones y, con ellas, buena parte del néctar y el polen que necesitan las colonias. El pasado junio fue especialmente adverso. La Agencia Estatal de Meteorología calificó junio de 2026 como extremadamente cálido en Ibiza, con una temperatura media de 24,7 grados, 2,4 grados por encima de lo habitual. En Sant Joan de Labritja se alcanzaron los 37,6 grados y se registraron 22 días cálidos.

Para los apicultores, además, el problema no termina con un verano especialmente duro. La asociación advierte de una sucesión de episodios de calor y falta de precipitaciones durante los últimos años. En junio de 2022 el déficit de lluvia rondó el 92%; en junio de 2023 alcanzó el 62%; julio de 2024 volvió a registrar condiciones adversas y junio de 2025 fue el mes de junio más seco de Baleares desde 1961.

El resultado es que las colmenas están llegando a un punto en el que necesitan una ayuda que normalmente debería proporcionar el propio ecosistema. “En estos momentos la preocupación de muchos apicultores no es cuánto vamos a producir, sino cómo conseguimos mantener vivas nuestras abejas”, explica Vicente Marí, presidente de la Associació d’Apicultors d’Eivissa. La diferencia es importante. La alimentación suplementaria no se plantea como una herramienta para aumentar la producción de miel, sino como un mecanismo de emergencia para evitar que las colonias mueran cuando sus reservas naturales se agotan.

Y tiene un coste. Los productores deben asumir la compra del alimento, pero también desplazamientos adicionales a los apiarios, más horas de trabajo y revisiones más frecuentes de las colmenas. Por eso, la asociación plantea establecer una ayuda económica por cada colmena registrada y reclama que la respuesta llegue antes de que se produzca una mortalidad elevada.

La importancia de las abejas como polinizadores

La presión sobre las colmenas tiene además una dimensión que trasciende a los propios apicultores. Las abejas son uno de los principales agentes polinizadores y su actividad contribuye al mantenimiento de la biodiversidad, los ecosistemas y el paisaje rural de Eivissa. Ese es precisamente uno de los argumentos que explica que la apicultura haya ganado espacio dentro de las políticas de conservación agraria de la isla. El programa de ayudas del Consell no se limita a las colmenas: contempla también 54 euros por hectárea labrada, 130 euros por hectárea sembrada y ayudas de entre 27 y 225 euros por hectárea para el mantenimiento de almendros y algarrobos.

El programa, que alcanza ya su séptima edición, busca compensar los sobrecostes de las explotaciones agrarias y mantener en producción tierras que forman parte del paisaje tradicional de Eivissa. En 2025, 376 beneficiarios recibieron 744.900 euros, que permitieron labrar 2.995 hectáreas y sembrar otras 893. El presidente del Consell, Vicent Marí, ha defendido precisamente esa dimensión territorial de las ayudas: “Mantener el paisaje no es sólo una cuestión de identidad, sino también de protección del territorio, prevención de incendios y futuro para el sector primario”.

En el caso de las abejas, ese futuro se enfrenta ahora a una paradoja: el turismo aporta recursos para conservar el campo, pero el cambio de las condiciones climáticas está haciendo cada vez más difícil que ese mismo campo pueda alimentar a sus polinizadores. La prioridad de los apicultores ibicencos, al menos por ahora, no es producir más miel. Es conseguir que las colmenas lleguen vivas a la próxima floración.

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