Bad Bunny no es solo el artista más escuchado del planeta: es un fenómeno cultural, económico y social capaz de convertir cada concierto en un acontecimiento global. Hoy, 22 de mayo, el puertorriqueño arranca en Barcelona su esperadísima gira española antes de aterrizar en Madrid, donde ofrecerá diez conciertos consecutivos en el Riyadh Air Metropolitano entre finales de mayo y junio. Después de revolucionar la Super Bowl con una actuación cargada de simbolismo latino, agotar entradas en tiempo récord y hasta lanzar una colección junto a Zara, Benito Antonio Martínez Ocasio ha demostrado que trasciende la música para convertirse en una marca total.
Forbes ha preguntado a seis profesionales del sector, analistas culturales y fans célebres qué opinan sobre la dimensión artística, mediática y cultural de esta auténtica máquina puertorriqueña.
PASCUAL EGEA
Presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM)
“Sin ninguna duda, es uno de esos artistas a los que hay que ver en directo. No sé cuánto estaría dispuesto a pagar, pero creo que merecía la pena hacer un esfuerzo para conseguir una entrada, porque más que un concierto, sus shows funcionan como un evento cultural. Lo que diferencia a Bad Bunny es su capacidad para convertir cada gira en una extensión de su universo artístico. Más allá de sus canciones, construye una narrativa con estética, identidad cultural y una conexión muy fuerte con el público mainstream, algo que no todos los artistas consiguen equilibrar. En cuanto al formato de residencia, lo ha reinterpretado para una nueva generación. El convierte la ciudad en un destino cultural, genera una ‘peregrinación’ de fans. Creo que el público será muy diverso, pero con un perfil común: gente joven o de mentalidad abierta, muy conectada con la cultura digital y con una sensibilidad hacia lo urbano y lo latino. No solo fans de su música, sino de lo que él representa”.
FERNANDO DELGADO
Director de [PIAS] Iberoamérica
“Tengo la suerte de poder asistir a uno de sus conciertos en Madrid. La entrada me costó 140€. No se trata tanto de un concierto como de una ceremonia, una apertura de DJ o unas fiestas patronales concentradas en un recinto. Espero que sea una traslación de la cultura latina, puertorriqueña, del orgullo popular sin exclusiones. Espero que rompa la estructura del clásico concierto de estadio con una escenografía frontal y pantallacas. Ha roto los límites del público latino per se para alcanzar “blanquitos burgueses” como yo. Creo que estará tan pendiente del show como del público. Alrededor suyo hay casi un universo. Ha trascendido a su audiencia natural, alcanza a cayetanos, modernitos, familias… Es increíble que exista un show tan personalista, tan centrado en una sola figura que no es el mejor cantante y que baila razonablemente bien, pero no es que sea un espectáculo en sí mismo. Su personalidad y arrastre, sus comuniones siempre con grupos de personas felices a su alrededor y sus historias coreografiadas lo hacen más cercano al musical, al ritmo fiestero y contagiante de un líder, un gurú de la gozadera. Es difícil de comparar con otros artistas al haber cambiado tanto el diálogo con el fan y los medios. Pienso en aquellas giras míticas de Michael Jackson y sus estatuas, Queen en los 80, quizá U2 y los Stones, claro. Un Live Aid en residencia podría ser una comparación razonable, por el impacto mediático y alcance de público y debate social”.
ARTURO PANIAGUA
Periodista musical
“Si surge la oportunidad de ir a verlo para contarlo, iría. Se trata de un acontecimiento cultural. De lo contrario, creo que hay que combatir contra el FOMO, el miedo a perdernos algo y a vivirlo luego todo el rato en los stories de Instagram. Me imagino el concierto de Bad Bunny como una gran fiesta, una celebración con su comunidad de seguidores. E incluso, si no eres seguidor habitual suyo, funciona como una comunión de ritmos latinos y tropicales. Creo que representará muy bien lo que es la España actual. Respecto al modelo de residencia, ha demostrado que un artista puede aspirar a reunir a un gran público incluso por encima de lo que habitualmente se plantea. Coldplay hicieron cuatro fechas en el Estadi Olímpic de Barcelona en 2023 y eso ya parecía muchísimo. Bad Bunny ha demostrado que se podía plantear esta residencia en estadios. La demanda de los discos y las canciones estaba ahí en streaming y era evidente, y traducir eso a alguien que pague una entrada y vaya a un concierto es difícil. Si se hubiesen anunciado más conciertos también habrían sido sold out”.
DARÍO PRIETO
Periodista cultural de El Mundo
“No pienso ir a los conciertos de Bad Bunny en España. Las veces que le vi, fui invitado. No pagaría nada. Me gustaría contar que la primera vez que le vi fue en el recinto ferial de Ifema (Madrid), que tocó unas 40 canciones, a una media de 30 segundos por canción (“así sabes que te va a cantar las que te molan”), lo aplaudió un rapaz y que lo más destacable fue que en la entrada estaba el Pequeño Nicolás discutiendo con un policía. Creo que lo que marca la diferencia en esta gira es el marketing y el tamaño. El hecho de ocupar un estadio como el Metropolitano durante tanto tiempo supuso batir un récord, que tampoco duró tanto, puesto que ya lo ha superado Shakira. Respecto al marketing, no deja de ser un efecto llamada: ‘Si tanta gente quiere ir a ese concierto, debe ser porque es muy bueno, ¿no?’. Bad Bunny es el músico más escuchado del mundo. Y eso requiere un engagement con el público, que necesita registrar la experiencia de estar en uno de sus shows cantando sus canciones. El hecho de permitir a más gente la oportunidad de acceder a algo así supone sembrar para el futuro, ampliar su masa de seguidores, que le consideran alguien cercano y no un extraterrestre inalcanzable. ¿Con quién podría compararlo? No se trata tanto de su música, como de la dimensión que ha alcanzado lo que hacen: Rihanna, Eminem, Ed Sheeran, los Eagles, Phil Collins… En definitiva, la música mainstream de cada época”.
MARITA ALONSO
Analista pop y escritora, su último libro es La Venus del smartphone (Carpe Noctem)
“No iré a ver a Bad Bunny. Los precios son cada vez más prohibitivos y reconozco que cuando comienzo a ver el bombardeo en redes de stories plasmando momentos, me entra FOMO. Lo que me atrae de sus conciertos y de su música es que hay una fuerte carga política y la forma en la que reivindica que el reguetón puede ser una herramienta para rendir homenaje a sus raíces y denunciar la realidad social de su país. Vivimos en pleno boom latino y aunque, por descontado, es maravilloso disfrutar de ese aire hedonista que tradicionalmente rodea a las actuaciones de artistas como Jennifer López o Shakira, valoro especialmente que en momentos como este haya artistas que alcen la voz. Su último disco es político y desde su propuesta y escénica de adelantar la conversación sobre Puerto Rico celebrando su cultura desde la propia isla caribeña y denunciando la realidad sociopolítica de los residentes. Lo maravilloso de Bad Bunny es que es capaz de congregar a diferentes generaciones e incluso a personas de diferentes ideologías. Por fin creo que somos menos snobs y somos capaces de disfrutar de música que va más allá de lo alternativo. Y lo digo yo, que para alabar a Bad Bunny no paro de mencionar su activismo político… Supongo que soy una esnob, pero también una reguetonera”.
JOSÉ LUIS MARTÍNEZ ALMEIDA
Alcalde de Madrid
“Celebro que un artista de la talla mundial como Bad Bunny vaya a tocar 10 días en Madrid durante esta primavera. Estoy seguro, porque ya se han agotado las entradas, que va a ser un éxito completo y que vamos a poder disfrutar enormemente. También espero poder asistir a uno de esos conciertos. Los ojos y la atención del mundo en el ámbito musical durante esos días van a estar aquí en Madrid, lo que es bueno para nuestra ciudad a nivel internacional”.
MARISA FERNÁNDEZ ARMENTEROS
Productora de cine
“No es casual que en Los domingos suene Callaíta, el éxito de Bad Bunny. Fue un empeño personal de la productora de la ganadora del Goya a la mejor película 2026. “De hecho, el guión original tenía una frase de un concierto suyo en Sacramento: ‘Dios está en nuestros corazones’”, relata a Forbes Marisa Fernández Armenteros. La negociación fue lenta y el precio “considerable”, pero consiguió a través de Mishael de la Cruz, productor del artista, que diera el ok final. “Me hace ilusión pensar que está presente en la película como en mi vida”, confiesa como una fan. “Iré a verle el 3 de junio. La entrada me costó 600 euros y pico, porque la selección era por correr en la zona VIP. Una persona con actitud de hormiga habría dado marcha atrás, pero yo seguí adelante”, relata. “Hace cinco años no sabía quién era y ahora mi boy es el Rey de Reyes, don Benito Antonio Martínez Ocasio, con todos los nombres y apellidos”. De hecho, le consulta todo cada día en su despacho. “Mi amiga Isabel Coixet [Armenteros es también productora del último filme de la directora, Tres adioses] me regaló una silueta a tamaño natural, de él (foto) y la tengo siempre delante, junto al Goya por Los domingos”.

