El culebrón del número uno del tenis mundial, Novak Djokovic, parece no tener final. Después de un par de semanas copando los titulares de la prensa mundial por su pelea con el gobierno australiano para poder quedarse en el país y jugar el Open, los coletazos del asunto han llegado hasta tal punto que hasta el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha comentado qué ocurrirá cuando llegue la hora de jugar el Mutua Madrid Open: «No hay que ignorar que sigue siendo el número uno del mundo y junto al resto de grandes figuras que vienen al Mutua Madrid Open es un gran reclamo para garantizar que el torneo tenga éxito de público que habitualmente tiene».

Todo empezó cuando el serbio fue retenido por las autoridades australianas por querer entrar en el país sin vacunarse y sin hacer cuarentena. Estuvo seis días retenido en un hotel, hasta que el juez Anthony Kelly falló en su favor, permitiéndole el paso.

Entonces, el Departamento de Inmigración de Australia azotó un nuevo golpe contra el serbio. Los papeles de su declaración de entrada en el país contenían discrepancias con sus declaraciones: según el tenista no había viajado en los 14 días anteriores a su vuelo a Melbourne, pero distintas imágenes en sus redes sociales le sitúan en Marbella y en Belgrado. Motivos suficientes para investigarle y, en caso de estar quebrantando la ley, iniciar otro proceso para cancelar su visado.

El serbio intentó defenderse echando las culpas a su equipo por el error en su visado, aunque no le valió de mucho. El gobierno volvió a quitarle el visado y, en esta ocasión, la justicia no falló en su favor. Finalmente, ha sido deportado y se ha quedado fuera de un torneo que podía ser vital para mantener su número uno.

De hecho, la insistencia de Djokovic por entrar en el país tenía mucho que ver con esto. El serbio acumula una cifra récord de 354 semanas en lo más alto del tenis (la anterior marca era de Roger Federer, con 310). Por no jugar este torneo y defender su corona en el primer Grand Slam del año perderá 2.000 puntos, lo que le dejaría a 235 del segundo, Daniil Medvedev (la diferencia actual es de 2.235 puntos). Y si Medvedev llega a ganar, sumaría 800 puntos, quitándole el número uno.

Pero los puntos y el número uno no son la única cifra que está en juego para el serbio. También lo está el suculento premio económico que recibe el ganador del Open: 4,4 millones de dólares australianos (2,79 millones de euros). Dinero que no le vendría mal para escalar puestos en la lista FORBES de los tenistas mejor pagados del mundo, en la que se encuentra en cuarta posición (por detrás de Roger Federer, Naomi Osaka y Serena Williams, en ese orden) con unas ganancias totales de 38 millones de dólares (32,12 millones de euros).

Pero la cosa no queda ahí. Si bien parece que para jugar en Madrid no tendrá ningún problema (la legislación española permite entrar al país tanto con pasaporte de vacunación como con PCR negativa, y no exige cuarentena), al serbio se le empiezan a cerrar otras puertas.

La primera en cerrarse ha sido la del Roland Garros. Ya lo dejó claro el presidente francés, Emmanuel Macron, el pasado 6 de enero cuando dijo que iba a «fastidiar a los no vacunados» y así ha sido con Djokovic: el gobierno galo ha asegurado que no dejará al serbio jugar el torneo por no estar vacunado. No ganar este Grand Slam supone no ingresar otros 1.400.000 euros (primer premio de 2021, aunque las cifras varían anualmente)

Otro país que requiere vacuna para entrar es Estados Unidos, donde podría perder los Masters de Indian Wells y Miami, que supondrían pérdidas de 1.209.730 dólares (1,06 millones de euros) y 300.110 dólares (263.510 euros), respectivamente. Y Wimbledon, en Reino Unido, donde se exige el mismo requisito. En este caso, el primer premio sería de 1.700.000 libras (2,04 millones de euros).