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Actualidad

La basura espacial ya es un negocio: la startup española PERSEI Space quiere limpiar la órbita

PERSEI Space, spin-off de la Universidad Carlos III de Madrid, prepara para 2027 una demostración en órbita de su tecnología de desorbitado sin combustible. La compañía ya trabaja con la ESA y ha conseguido una ayuda NEOTEC de 335.000 euros mientras desarrolla su primer producto comercial.

La spin off de la Universidad Carlos III de Madrid
por Francesco Fusi1 octubre 20261 octubre 2026Tiempo de lectura 7 minutos

Hay una nueva infraestructura que se está llenando más deprisa de lo que la mayoría puede imaginar: la órbita terrestre. Satélites de comunicaciones, observación, navegación y defensa comparten cada vez más espacio con etapas de cohetes y fragmentos de antiguas misiones. Y alrededor de ese problema empieza a aparecer algo que hasta hace poco parecía difícil de imaginar: un mercado para limpiar el espacio.

La Agencia Espacial Europea (ESA) contabiliza actualmente unos 47.080 objetos que son seguidos de forma regular por las redes de vigilancia espacial. De ellos, alrededor de 18.840 continúan en el espacio, mientras unos 15.900 siguen funcionando. El resto son objetos que ya no cumplen una misión activa. La estimación es todavía más inquietante cuando se amplía la escala: existen más de 1,2 millones de fragmentos de más de un centímetro y más de 50.000 de más de diez centímetros alrededor de la Tierra.

El problema no es solo ambiental. Es económico. Cada nuevo satélite que se pone en órbita comparte un recurso limitado con miles de objetos que ya están allí. Una colisión puede destruir un activo valorado en millones de euros, generar miles de fragmentos y aumentar todavía más el riesgo para otras misiones. A medida que crecen las grandes constelaciones comerciales, mantener las órbitas utilizables deja de ser una cuestión exclusivamente científica y se convierte también en una cuestión de infraestructura, regulación y negocio.

Ahí quiere entrar PERSEI Space, una deep tech española nacida en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) que desarrolla sistemas capaces de desorbitar satélites sin utilizar combustible.

Su tecnología se basa en algo que parece sencillo pero encierra años de ingeniería: una amarra electrodinámica, una cinta conductora que se despliega desde el satélite y aprovecha la interacción entre la corriente eléctrica, la ionosfera y el campo magnético terrestre para generar una fuerza que modifica su órbita.

En lugar de encender un motor y consumir combustible, el propio entorno espacial hace el trabajo.

La tecnología que quiere sustituir al combustible

La compañía fue fundada en 2023 por investigadores vinculados a la UC3M, aunque la tecnología llevaba desarrollándose varios años antes dentro de proyectos europeos. Entre sus fundadores está Jesús Manuel Muñoz Tejeda, doctor en Ingeniería y actual CEO, junto a investigadores como Gonzalo Sánchez Arriaga y Manuel Sanjurjo Rivo.

El desarrollo ha recibido un respaldo considerable de fondos europeos. El proyecto E.T.PACK-F, en el que participa PERSEI Space, contó con un presupuesto de 2,5 millones de euros, financiado íntegramente por el European Innovation Council. El proyecto llevó la tecnología hasta TRL 8, un nivel que significa que el dispositivo está listo para su demostración en condiciones reales.

La siguiente prueba será precisamente la decisiva. El dispositivo de vuelo E.T.PACK-F se terminó en diciembre de 2025 y la demostración en órbita está prevista para 2027. El sistema será un pequeño satélite de unas 12 unidades CubeSat y menos de 20 kilos, equipado con una amarra de aproximadamente 420 metros. Está diseñado para desplegarse en órbita y demostrar que puede generar la fuerza necesaria para reducir progresivamente la altura del satélite sin consumir propelente.

Es la diferencia entre tener una tecnología prometedora y tener una tecnología que ha demostrado que funciona en el espacio. Y esa diferencia es fundamental para convertirla en negocio.

Del proyecto universitario al producto comercial

PERSEI Space ya no está trabajando únicamente en una demostración científica.

La compañía prepara PEARSON, su primer producto comercial de desorbitado autónomo, concebido para integrarse en nuevos satélites o utilizarse en operaciones de retirada de objetos que ya se encuentran en órbita. También desarrolla el Green Mobility Module (GMM), un sistema más pequeño destinado a satélites de entre 70 y 210 kilos.

La lógica empresarial es sencilla: si los operadores de satélites van a tener que demostrar cada vez más que sus misiones terminan de forma segura, disponer de un sistema que permita eliminar el satélite sin cargar con grandes cantidades de combustible puede convertirse en una ventaja comercial.

La propia PERSEI Space señala que sus sistemas están pensados para reducir masa, coste y complejidad operativa frente a alternativas basadas en propelente.

Y aquí aparece la verdadera oportunidad: no vender una solución para un problema científico, sino convertirse en un proveedor de infraestructura para la nueva economía espacial.

Europa empieza a pagar para resolver el problema

El dinero público europeo está siendo clave para llevar esta tecnología desde la universidad hasta el mercado.

En 2026, PERSEI Space recibió una ayuda NEOTEC de 335.000 euros del CDTI para continuar desarrollando su dispositivo de desorbitado hacia el primer producto comercial. Además, lidera el proyecto ECO-Tethers, financiado por la ESA con 300.000 euros, junto a Thales Alenia Space y Astroscale.

Este último proyecto es especialmente relevante porque ya no se limita a demostrar que una tecnología funciona.

La ESA está estudiando cómo podría integrarse en futuras misiones y qué necesidades tienen los potenciales usuarios. El consorcio está analizando cinco aplicaciones: desorbitado de satélites, retirada de etapas superiores de lanzadores, propulsión sin combustible para mantener o cambiar órbitas, movilidad de vehículos de servicio en el espacio y retirada activa de basura. Es decir, el negocio potencial va mucho más allá de “bajar satélites”.

La misma tecnología podría utilizarse para moverlos, mantenerlos en órbita o facilitar servicios de mantenimiento espacial.

Más satélites significa más negocio, pero también más basura

La oportunidad aparece precisamente porque el mercado espacial está creciendo. Desde el comienzo de la era espacial se han lanzado unos 7.320 cohetes que han colocado alrededor de 27.490 satélites en órbita. De estos, cerca de 18.840 permanecen todavía en el espacio. Solo unos 15.900 siguen funcionando.

La paradoja es evidente: la misma industria que está haciendo crecer la economía espacial está aumentando también la presión sobre el espacio orbital.

Y el fenómeno puede acelerarse. La ESA advierte en su informe de 2026 de que el crecimiento de las constelaciones comerciales está haciendo que el número de objetos en órbita aumente y que el escenario de una reacción en cadena de colisiones —el conocido síndrome de Kessler— pueda hacerse visible antes de lo previsto en determinadas simulaciones.

Por eso la eliminación del satélite al final de su vida útil empieza a dejar de ser una cuestión secundaria. Para los operadores, será cada vez más importante demostrar que un satélite puede abandonar la órbita de forma controlada. Para las aseguradoras, reducir el riesgo de colisión puede tener un impacto económico. Para los gobiernos, mantener las órbitas utilizables es una cuestión estratégica. Y para las compañías que desarrollen la tecnología necesaria, aparece un mercado nuevo.

España quiere hacerse un hueco en la economía espacial

PERSEI Space es un ejemplo de una tendencia más amplia: España intenta pasar de participar en proyectos espaciales europeos a crear compañías capaces de vender tecnología propia.

La compañía está vinculada al ecosistema de la UC3M y completó en agosto de 2026 su programa de incubación en el ESA BIC Madrid, después de dos años. En junio abrió además un nuevo laboratorio en Leganés.

En marzo fue reconocida como la startup con mayor potencial e impacto de la Comunidad de Madrid en los Premios EmprendeXXI, entre 199 candidaturas, y recibió una dotación de 6.000 euros, además de acceso a programas de aceleración e inversión.

Pero la cifra más importante para entender la evolución del proyecto no está en un premio.

Está en la trayectoria tecnológica. Lo que comenzó como investigación universitaria ha pasado por proyectos europeos, ha alcanzado un nivel de preparación tecnológica TRL 8, ha conseguido financiación pública para avanzar hacia un producto comercial y ahora tiene una fecha concreta para probar su tecnología en órbita: 2027.

La basura espacial tiene una factura pendiente

Durante años, la industria espacial estuvo obsesionada con una pregunta: cómo llegar al espacio. Ahora empieza a tener que responder otra: cómo salir de él.

Cada satélite que termina su misión sin ser retirado correctamente se convierte en parte del problema que tendrá que resolver la siguiente generación de operadores. En una industria en la que el número de satélites crece y el espacio orbital disponible no aumenta, la capacidad de retirar activos al final de su vida útil puede acabar siendo tan importante como la capacidad de ponerlos en órbita.

Para PERSEI Space, el objetivo inmediato es demostrarlo en 2027.

Después llegará el verdadero examen: conseguir que los operadores compren la tecnología.

Porque limpiar el espacio puede ser una misión científica. Pero para que exista una industria alrededor de ella, tendrá que convertirse en algo mucho más concreto: un servicio por el que alguien esté dispuesto a pagar.

Etiquetado:
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