El Sapo pertenece a la élite del crimen: robó 2.700 millones de euros de un banco de Yecla (Murcia), 19 cuadros de la colección privada de Esther Koplowitz (Goya, Brueghel, Sorolla, etc.) y los 12 millones de euros del rescate que previamente pagó a los piratas somalíes que secuestraron el Alakrana para liberar a la tripulación. Ha escapado de la cárcel en dos ocasiones, ha sobrevivido a tiroteos y torturas y está diagnosticado como psicópata controlado: no experimenta empatía ni adrenalina. Una formación militar estricta y un coeficiente intelectual de 155 explican semejante historial.

Nacho Medina, creador y director de formatos como Callejeros, Callejeros viajeros o Frank de la jungla, ha tenido que medirse con este villano indomable para dirigir El Sapo, S.A. Memorias de un ladrón (Mediaset, disponible en Amazon Prime y Cuatro). Una docuserie insólita -con más de dos años de preproducción, ideada por Iñigo Pérez-Tabernero (Señor Mono)- en la que el delincuente descubre todas sus cartas.

«Él me fue midiendo poco a poco. Lo que ha funcionado ha sido ese combate entre nosotros»: el desafío comenzaba dos días después de morir su padre -Tico Medina, de quien heredó la voluntad de retratar a los personajes-. Nacho reconoce que El Sapo es un personaje irrepetible que se define a sí mismo como un ser sin conciencia, vengativo, insaciable y mucho peor que maquiavélico para llegar a mis fines, que roba por elección para satisfacer sus gustos caros. «Es un hedonista», concluye el director.

Medina ha experimentado su intimidatoria mirada del reptil, de quien «no teme a la muerte» y actúa con total frialdad. «Los silencios de El Sapo pueden ser tan estremecedores como su mirada». El periodista tiene muy claro: «personajes como él se encuentran una vez en la vida».

A la pregunta obligada de la opinión de El Sapo sobre el resultado de la serie, Nacho cuenta que está encantado porque se ve retratado como un triunfador, y se respira la admiración que sienten el resto de personajes, en especial, los policías que le persiguieron. Explica que recientemente ha estado en Madrid y la gente quería hacerse fotos con él.