Hay apellidos que funcionan como una llave. Kushner es uno de ellos. Durante años estuvo asociado al inmobiliario de Nueva York y Nueva Jersey; después pasó a ocupar el centro de la política estadounidense cuando Jared Kushner se convirtió en el marido de Ivanka Trump y en uno de los asesores más cercanos de Donald Trump en la Casa Blanca. Ahora el apellido vuelve a estar en primera línea, pero por un motivo muy diferente: Josh Kushner, el hermano menor de Jared, ha acordado comprar los Los Angeles Lakers junto a Bob Iger por 12.500 millones de dólares, en una operación que, si recibe la aprobación de la NBA, se convertiría en la mayor transacción de la historia del deporte.
La cifra es descomunal incluso para los estándares estadounidenses. Mark Walter había adquirido el control de los Lakers apenas 14 meses antes por una valoración de unos 10.000 millones de dólares; ahora el acuerdo eleva el valor de la franquicia hasta los 12.500 millones. Pero lo verdaderamente interesante no es solo cuánto cuesta el equipo, sino quién está detrás del comprador. Josh Kushner no llega a Los Ángeles desde la industria deportiva, sino desde Silicon Valley y el capital riesgo, después de haber construido una fortuna estimada por Forbes en 5.200 millones de dólares. Su principal activo es Thrive Capital, una firma que ha apostado por algunas de las empresas tecnológicas más importantes de la última década.
Josh Kushner: el hermano que llevó el apellido a Silicon Valley
Josh Kushner tiene 41 años y ha construido una trayectoria empresarial muy diferente a la de su hermano Jared. En 2010 fundó Thrive Capital, una firma de capital riesgo que apostó desde sus primeros años por compañías tecnológicas con capacidad para convertirse en gigantes. La estrategia funcionó: la cartera de Thrive ha incluido inversiones en Instagram, Spotify, Stripe y OpenAI, entre otras empresas que terminaron alcanzando valoraciones multimillonarias. Forbes estima que Kushner posee alrededor del 66% de Thrive, una participación que explica buena parte de los 5.200 millones de dólares que calcula que vale su patrimonio.
La dimensión actual de la firma ayuda a entender por qué Josh puede aparecer ahora al frente de una operación de 12.500 millones de dólares. Thrive gestiona aproximadamente 25.000 millones de dólares en activos y en 2026 ha levantado más de 10.000 millones para su mayor ronda de fondos hasta la fecha: unos 9.000 millones destinados a inversiones en compañías en fases avanzadas y otros 1.000 millones para operaciones en empresas más jóvenes. No es, por tanto, simplemente el heredero de una fortuna inmobiliaria colocando dinero familiar en empresas de moda. Es el fundador y principal propietario de una plataforma de inversión que se ha convertido en uno de los actores relevantes del capital tecnológico estadounidense.
Hay, además, una conexión especialmente reveladora con el hombre que ahora comparte con él la compra de los Lakers. Bob Iger, antiguo consejero delegado de Disney, figura entre los inversores de Thrive junto a multimillonarios como Henry Kravis, Mukesh Ambani, Jorge Paulo Lemann y Xavier Niel. La relación entre ambos antecede a la operación deportiva y ayuda a explicar que el acuerdo de los Lakers no aparezca de la nada: Iger aporta una trayectoria extraordinaria en entretenimiento y medios, mientras Kushner llega con experiencia en tecnología, capital riesgo e inversiones de crecimiento.
La expansión de Thrive tampoco se ha quedado en el software. La firma ha comenzado a ampliar su estrategia hacia activos de deporte, medios y entretenimiento, una evolución que se hizo visible con su inversión en A24 y que ahora gana una dimensión mucho mayor con los Lakers. Antes de esta operación, Thrive ya había entrado en el capital de los San Francisco Giants, su primera inversión deportiva, y mantiene exposición a los Miami Heat. El movimiento encaja con una estrategia más amplia para invertir en negocios culturales y de entretenimiento además de las tradicionales compañías tecnológicas.
Y la vida personal de Kushner añade otra conexión con el mundo de la cultura y la moda. Está casado desde octubre de 2018 con la supermodelo Karlie Kloss, con quien comenzó su relación en 2012, cuando ella tenía 19 años. La pareja se casó inicialmente en una ceremonia íntima en el estado de Nueva York ante unos 80 invitados y posteriormente celebró una segunda fiesta en Wyoming. Kloss también ha desarrollado su propia faceta empresarial y filantrópica a través de Kode With Klossy, una iniciativa centrada en acercar la programación y la tecnología a jóvenes mujeres.
La conexión con la familia Trump tampoco se limita al parentesco. Karlie Kloss es cuñada de Jared Kushner y, por tanto, está integrada en la misma familia política que Ivanka Trump. La propia Kloss ha hablado públicamente de las diferencias políticas que mantiene con algunos miembros de la familia, lo que resulta relevante para no convertir automáticamente los vínculos familiares en una misma posición política. Pero, desde el punto de vista empresarial y social, el matrimonio de Josh Kushner con una de las modelos más conocidas del mundo añade otra pieza a una red familiar que conecta capital riesgo, tecnología, política, moda, medios y ahora deporte profesional.
OpenAI, SpaceX, Spotify, SKIMS y A24: el mapa de las apuestas de Thrive
La cartera de Kushner explica mejor que cualquier biografía por qué su apellido ha ganado peso en los círculos empresariales estadounidenses. OpenAI es probablemente el nombre más potente, pero está lejos de ser el único. Thrive apostó por empresas como Spotify y Stripe y ha construido una cartera que combina tecnología, consumo, medios y entretenimiento.
Uno de los movimientos más llamativos fue su entrada en A24, el estudio detrás de algunas de las películas y producciones televisivas más influyentes de los últimos años. También está entre los inversores de SKIMS, la compañía fundada por Kim Kardashian, cuya valoración alcanzó los 5.000 millones de dólares en una ronda de financiación de 2025. Josh Kushner aparece así conectado a una red que atraviesa desde la inteligencia artificial hasta el entretenimiento y las marcas de consumo.
La lógica es importante: Thrive no necesita ser propietaria de una compañía entera para beneficiarse de su crecimiento. Su modelo consiste en entrar en empresas con potencial, acompañarlas durante su expansión y capturar parte de la creación de valor. En el caso de OpenAI, por ejemplo, una inversión realizada cuando la compañía tenía una dimensión muy diferente puede convertirse en un activo extraordinariamente valioso a medida que aumenta su valoración.
Ese modelo también explica por qué la fortuna personal de Josh no puede entenderse simplemente mirando cuánto dinero tiene en una cuenta. Forbes estima su patrimonio en 5.200 millones de dólares, pero una parte fundamental está vinculada al valor de su participación en Thrive. La riqueza del inversor está, por tanto, conectada con el valor de las compañías que forman parte de su universo de inversión.
El otro Kushner: del negocio inmobiliario a la Casa Blanca y Arabia Saudí
Mientras Josh construía su carrera en Silicon Valley, Jared Kushner siguió un camino completamente diferente. Hijo de Charles Kushner, comenzó trabajando en el negocio inmobiliario familiar y fue consejero delegado de Kushner Companies entre 2008 y 2017. Antes de entrar en la Administración Trump compró también el New York Observer, convirtiéndolo en otro activo de su creciente red empresarial.
Su vida cambió cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca en 2017. Jared, casado con Ivanka Trump, se convirtió en uno de los asesores principales del presidente y participó en la política de Oriente Medio, incluido el proceso que desembocó en los Acuerdos de Abraham. Cuando abandonó Washington, hizo algo especialmente relevante desde el punto de vista financiero: convirtió parte de las relaciones construidas durante aquellos años en una nueva plataforma de inversión.
En 2021 fundó Affinity Partners, una firma de private equity con sede en Miami. Desde entonces ha conseguido levantar alrededor de 4.600 millones de dólares de capital, procedentes en buena medida de inversores de Oriente Medio. Forbes calcula que Affinity gestionaba más de 5.400 millones de dólares en activos en septiembre de 2025 y estima que la fortuna personal de Jared ha alcanzado aproximadamente 1.000 millones de dólares.
La diferencia con su hermano es casi perfecta para explicar la familia. Josh construyó una red alrededor de Silicon Valley; Jared construyó otra alrededor de Washington y Oriente Medio. Uno apostó por OpenAI, Spotify y Stripe; el otro terminó captando miles de millones de dólares de fondos soberanos del Golfo. Ambos, sin embargo, tienen el mismo punto de partida: el imperio inmobiliario de Charles Kushner.
Charles Kushner: donde empieza realmente la historia
Para entender por qué dos hermanos pueden moverse hoy con naturalidad entre Silicon Valley, Wall Street, Washington, Hollywood y el deporte, hay que volver una generación atrás.
Charles Kushner construyó el negocio inmobiliario familiar y convirtió Kushner Companies en una compañía con miles de millones de dólares en activos. Forbes calculó en 2024 que la empresa tenía un valor aproximado de 2.900 millones de dólares, frente a unos 1.000 millones en 2016. El conjunto de la fortuna familiar, incluyendo Kushner Companies, propiedades personales y las participaciones de Josh y Jared en sus respectivas firmas de inversión, fue estimado entonces en 7.100 millones de dólares.
El reparto familiar también resulta revelador. Charles y su esposa Seryl conservaban alrededor del 20% de Kushner Companies, mientras que el resto estaba repartido entre sus cuatro hijos: Jared, Josh, Dara y Nicole. Es decir, el patrimonio que hoy vemos convertido en capital riesgo, private equity y grandes inversiones deportivas no apareció de la nada: existe una base inmobiliaria familiar sobre la que cada generación ha construido su propia estrategia.
Charles Kushner también ocupa hoy un lugar singular en el mapa político: Donald Trump lo nombró embajador de Estados Unidos en Francia, otra conexión que amplía todavía más el alcance institucional de una familia que ya estaba profundamente vinculada al presidente a través de Jared e Ivanka.
Y ahora, los Lakers: la última pieza del puzzle
La operación de Los Ángeles parece encajar perfectamente en la evolución de Josh Kushner. Thrive comenzó en tecnología, después amplió su estrategia hacia medios y entretenimiento y finalmente entró de lleno en el deporte. Los Lakers son, hasta ahora, el movimiento más espectacular de esa transformación.
La operación está valorada en 12.500 millones de dólares, por encima de cualquier precio pagado anteriormente por un equipo deportivo. El acuerdo está liderado por Josh Kushner y Bob Iger y todavía necesita la aprobación del consejo de gobernadores de la NBA y completar el proceso de due diligence.
El salto es importante porque los Lakers no son simplemente otra franquicia. Son una de las marcas deportivas más reconocibles del planeta, con una historia que incluye a Magic Johnson, Kobe Bryant y LeBron James y una capacidad de generación de ingresos ligada a derechos audiovisuales, patrocinios, merchandising y experiencias en directo. El precio de 12.500 millones refleja también una tendencia más amplia: el deporte estadounidense se ha convertido en una clase de activo cada vez más atractiva para grandes fondos e inversores privados.
Y Josh ya conoce ese terreno. Thrive tiene inversiones en los San Francisco Giants y los Miami Heat, de modo que la compra de los Lakers no es su primer contacto con el deporte profesional. La diferencia es la escala. Esta vez no se trata de una participación minoritaria: se trata de entrar en una de las franquicias más valiosas y reconocibles del mundo.
Una familia, cinco mundos y miles de millones
La historia de los Kushner resulta especialmente llamativa porque no existe un único imperio Kushner. Existe una familia que ha construido varias plataformas de poder y riqueza que se cruzan entre sí.
Está Charles, el inmobiliario que creó la base patrimonial. Está Jared, que convirtió su paso por la Casa Blanca en una plataforma de inversión internacional respaldada por capital de Oriente Medio. Está Josh, que convirtió el capital riesgo en una fortuna de miles de millones y construyó una cartera alrededor de algunas de las compañías tecnológicas más prometedoras del mundo. Y, en el centro de todo, permanece una red de relaciones que conecta Trump, Silicon Valley, Wall Street, Hollywood y ahora la NBA.
La compra de los Lakers, por tanto, no es el principio de la historia. Es el momento en que todas esas piezas se vuelven visibles a la vez. Un Kushner está vinculado a la Casa Blanca a través de su matrimonio con Ivanka Trump; otro ha invertido en OpenAI, SpaceX, Spotify y SKIMS; su padre está al frente de un histórico negocio inmobiliario y ha sido nombrado embajador por Trump; y ahora Josh coloca 12.500 millones de dólares sobre la mesa para hacerse con una de las mayores marcas deportivas de Estados Unidos.
Eso es lo que hace que el apellido Kushner sea mucho más interesante que una simple conexión familiar con Donald Trump. En menos de dos generaciones, la familia ha pasado de los edificios de Nueva Jersey a construir una red empresarial que atraviesa algunos de los sectores más poderosos de la economía estadounidense. Y los Lakers son, de momento, su escaparate más caro.

