David King, fundador de Princess Yachts, ha fallecido a los 83 años tras un periodo de enfermedad. Su marcha deja huella en toda la industria del motor yacht europeo, de la que fue uno de los grandes pioneros de la primera generación, junto a nombres como Robert Braithwaite (Sunseeker), Sam Newington (Fairline), Paolo Vitelli (Azimut-Benetti) y Norberto Ferretti (Ferretti Group), constructores que durante décadas compitieron y se impulsaron mutuamente hacia la excelencia.
Nacido en Dundee en 1942, King estudió ingeniería en el Real Colegio Naval de Dartmouth mientras servía en la Royal Navy. En 1965, ya fuera de la Armada, fundó junto a sus socios Cliff Viney y Brian Phillips la compañía Marine Projects, germen de lo que hoy conocemos como Princess Yachts, en un modesto cobertizo junto al agua en Plymouth. La idea original era montar un negocio de chárter, pero el trío decidió pronto construir sus propias embarcaciones.
Antes incluso de terminar el primer barco, el célebre Project 31, ya lo habían vendido, junto con otros dos. Se vendieron a 3.400 libras cada uno, aunque más tarde descubrieron que el coste real de construcción había sido de 3.460 libras por unidad. King solía recordar esta anécdota como una de sus favoritas: una lección de que todo negocio de éxito nace de errores asumidos, y que la voluntad de mejorar importa más que acertar a la primera.
La compañía fue creciendo con modelos cada vez mayores, convencido King desde el principio de que construir embarcaciones pequeñas no resultaba rentable. Con el tiempo, Princess llegaría a ofrecer yates de hasta 40 metros de eslora. En 1982 lanzó el Princess 45, entonces el mayor yate a motor de producción construido en el Reino Unido, y hacia comienzos de los 90 las exportaciones ya suponían más del 60% de la producción, lo que le valió en 1988 el Queen’s Award for Export Achievement.
A principios de los 80, Marine Projects pasó a manos del magnate vinícola sudafricano Graham Beck, aunque King siguió al frente de la compañía y como miembro influyente del consejo de Renwick PLC, vehículo inversor de Beck que durante años también fue propietario de Fairline Boats. Durante esa década y la primera mitad de los 90, la empresa compaginó la producción de la gama Princess con la fabricación por contrato, incluyendo durante años la gama de veleros Moody. A finales de los 90, sin embargo, la creciente demanda de Princess hizo que esa actividad se dejara de lado para concentrar toda la capacidad en la marca propia. En 2001 la compañía adoptó el nombre de Princess Yachts, convertida ya en uno de los grandes empleadores de Plymouth.
En 2008, Princess Yachts fue adquirida por L Capital, fondo vinculado a Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia y propietario de LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy). King fue una figura clave para cerrar aquella operación. Desde entonces la compañía ha seguido creciendo, y en la primavera de 2023 cambió de manos de nuevo: su actual accionista mayoritario es el fondo estadounidense KPS. Hoy Princess Yachts emplea a cerca de 3.000 personas, factura más de 300 millones de libras y construye alrededor de 150 barcos al año, con una gama que va de los 14,6 a los 36,5 metros de eslora.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como una persona sencilla, modesta y profundamente generosa. King construyó buenos barcos porque le importaba de verdad: navegó y mantuvo sus propios Princess, conocía de primera mano lo que funcionaba y lo que no, y siguió formando parte del equipo de desarrollo de producto de la marca mucho después de dejar la presidencia, hace ya más de una década. De hecho, en febrero de 2026 —apenas unos meses antes de morir— seguía activamente vinculado a la compañía. En 2025, con motivo del 60º aniversario de la marca, King fue precisamente el protagonista de la celebración, recordando los inicios de la empresa y la construcción de aquel primer Project 31.

