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Mujeres en la mar: el camino de las gracioseras 

Mucho antes de convertirse en uno de los destinos más singulares de las Islas Canarias —y de ser una de las canciones más populares de Quevedo—, La Graciosa estaba marcada por el aislamiento, la escasez de recursos y su dependencia de Lanzarote.

REYES ACUÑA, Javier. Cortesía

Piratas, pescadores, capitanes… Durante siglos, las historias del mar estuvieron protagonizadas por hombres que partían en busca de libertad, fortuna o, sencillamente, para «traer el pan».

A las mujeres, el imaginario popular les reservó otro lugar: podían ser sirenas que conducían a los marineros a la perdición o quienes esperaban en tierra a que sus hombres regresaran —con vida y dinero—. Pero hay una parte, menos romántica y literaria, que demuestra la valía de su trabajo.

Sin irnos muy lejos, en la isla de La Graciosa, en Canarias, mientras ellos «pescaban en el agua, ellas pescaban en tierra». Preparaban el pescado, lo cargaban y cruzaban hasta Lanzarote para venderlo o intercambiarlo por aquello que necesitaban siguiendo una ruta que hoy conocemos como el camino de las gracioseras.

Hasta 30 kilos de pescado

El objetivo era sencillo: llevar la pesca hasta los pueblos de Lanzarote y regresar con aquello que no podían conseguir en La Graciosa. 

El camino no lo era.

Las gracioseras atravesaban El Río, el estrecho brazo de mar que separa ambas islas, y desembarcaban en la costa de Famara. Desde allí comenzaban la subida del Risco —con más de 400 metros de desnivel— cargando sobre la cabeza hasta 30 kilos de pescado y enfrentándose a unas condiciones meteorológicas que no siempre estaban de su lado. Una vez arriba, el trayecto continuaba por los pueblos cercanos, donde lo vendían o intercambiaban por carne, papas u otros productos.

Pero por allí no solo pasaba el pescado. Aquel camino formaba parte de la vida cotidiana de los habitantes de la isla. Había que recorrerlo para ir al médico, para casarse e incluso para enterrar a los muertos. En este último caso, con el féretro a hombros risco arriba.

La ruta mantuvo esta función hasta aproximadamente 1950. 

El camino de las gracioseras hoy

Más de siete décadas después, se camina por motivos muy distintos. La subida del Risco de Famara es una conocida ruta de senderismo que ofrece una de las vistas más espectaculares sobre La Graciosa y el Archipiélago Chinijo.

Transitarlo permite descubrir un paisaje extraordinario, pero también valorar el esfuerzo de quienes, hace menos de un siglo, recorrían ese mismo camino por necesidad y cargadas de peso.

Una estampa espectacular cargada de significado que nos recuerda que la historia del mar no siempre se escribió mar adentro.

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