Ibiza vuelve este sábado 8 de agosto la mirada a su historia para celebrar Sant Ciríac, patrón de las Pitiusas, la festividad que conmemora la conquista catalana de 1235 y que, casi ocho siglos después, ofrece a la isla una ocasión para preguntarse qué quiere preservar y qué futuro está dispuesta a construir. La presidenta del Govern, Marga Prohens, ha reivindicado hoy el legado de las generaciones que han logrado que Eivissa sea hoy una tierra abierta, libre, con identidad propia y llena de oportunidades. Prohens ha participado en las Festes de la Terra que ha definido como la mejor oportunidad para mostrar la manera única de ser de los ibicencos.
«Una fecha para recordar con orgullo una parte fundamental de nuestra historia, la llegada de una nueva cultura, una nueva lengua y una nueva religión, y para reconocer a todas las generaciones que han cuidado y transmitido este legado para que Eivissa sea hoy lo que es: una tierra abierta, libre, con identidad propia y llena de oportunidades», ha indicado.
La líder del Ejecutivo autonómico ha felicitado al presidente del Consell d’Eivissa, Vicent Marí, «por afrontar los retos de la isla con la madurez y la responsabilidad necesarias, sin mirar hacia otro lado y escuchando las necesidades de los ibicencos». Acompañada del vicepresidente primero del Govern y conseller de Economía, Hacienda e Innovación, Antoni Costa, y del presidente del Consell de Formentera, Óscar Portas, Prohens ha asistido a la misa que ha oficiado el obispo de Eivissa y Formentera, Vicent Ribas, y a la danzada de la Federació de Colles de Ball i Cultura Popular d’Eivissa y del Cor Amics de sa Música.
La pregunta sobre cuál debe ser el futuro de Ibiza fue precisamente el hilo conductor del discurso institucional del presidente del Consell Insular d’Eivissa, Vicent Marí. Más allá de la celebración, Marí situó sobre la mesa uno de los grandes desafíos de la Ibiza contemporánea: cómo gestionar un crecimiento poblacional que en poco más de tres décadas ha llevado a la isla a duplicar sus habitantes sin poner en riesgo aquello que la hace única.
La pregunta, en realidad, va mucho más allá de una cifra. Ibiza tiene límites físicos muy concretos. El agua que puede producir, las viviendas disponibles, la capacidad de sus carreteras, el suministro eléctrico, los servicios públicos o el territorio que puede soportar nuevas presiones no crecen al mismo ritmo que la población.
Por eso, Marí definió la gestión de este crecimiento como «la principal responsabilidad» de las generaciones actuales. Y reclamó abordar el debate «con serenidad y rigor»: Ibiza es una isla que genera oportunidades, atrae talento y actividad económica, pero precisamente ese éxito obliga, a su juicio, a ser más cuidadosos a la hora de decidir cómo se quiere crecer.

Uno de los puntos centrales de ese debate es la vivienda. El presidente del Consell reivindicó que las políticas públicas deben poner en primer plano a los residentes, especialmente a familias, jóvenes y trabajadores que encuentran cada vez más dificultades para acceder a una vivienda.
Entre sus propuestas figura que determinadas políticas de vivienda destinadas a residentes incorporen un mínimo de diez años de empadronamiento. El objetivo, según Marí, es reforzar la cohesión social y evitar que Ibiza pierda a profesionales imprescindibles para su funcionamiento, desde sanitarios y profesores hasta trabajadores de los servicios de seguridad. La cuestión no es menor en una isla cuyo atractivo internacional ha transformado radicalmente el mercado inmobiliario. El desafío, en este sentido, consiste en conseguir que el éxito de Ibiza no termine expulsando a quienes hacen posible que la isla funcione durante todo el año.
Turismo sí, pero con otra escala
El turismo ocupó también un lugar destacado en el discurso. Marí defendió una industria que considera esencial para la economía y para las oportunidades que Ibiza ha generado durante décadas, pero marcó una línea clara: «no de cualquier manera».
El modelo que reivindica pasa por un turismo que respete a los residentes, consuma oferta legal y contribuya a preservar el patrimonio natural y cultural de la isla. En este sentido, destacó las medidas contra el intrusismo y las iniciativas para regular los flujos turísticos, que, según aseguró, «ya están dando resultados».
La misma lógica aplicó al aeropuerto. El presidente del Consell volvió a rechazar cualquier ampliación que, bajo su punto de vista, pueda convertirse en un incremento encubierto de la capacidad turística de la isla. Ibiza necesita un aeropuerto «en condiciones», afirmó, pero no uno que implique más presión de pasajeros y más actividad sin que antes se escuche la posición de los propios ibicencos.
Una isla al límite de sus recursos
El crecimiento también tiene una dimensión menos visible, pero determinante: los recursos. Marí reclamó continuar modernizando el ciclo del agua, avanzar en el uso de agua desalada y potenciar la reutilización de aguas depuradas para recuperar los acuíferos.
También destacó el transporte público, después de que el nuevo servicio haya incrementado un 22% el número de viajeros y haya superado el millón de pasajeros solo durante junio y julio. El Govern balear ha abierto además la puerta a una nueva financiación del transporte público de la isla.
En paralelo, el presidente puso en valor la cooperación institucional para afrontar problemas que una isla, por sí sola, difícilmente puede resolver. Como ejemplo citó la gestión de los residuos y agradeció al Govern balear y al Consell de Mallorca su colaboración para facilitar su traslado.
Uno de los momentos más contundentes del discurso llegó al abordar la presión migratoria. Marí recordó las muertes registradas esta semana en la ruta entre Argelia e Ibiza y alertó de que la llegada constante de embarcaciones y, especialmente, de menores no acompañados ha llevado los servicios y espacios de acogida de la isla al límite.
El presidente reconoció el trabajo de los profesionales de servicios sociales, educadores y equipos de emergencia, pero reclamó al Gobierno central una política migratoria que combine control de fronteras y recursos suficientes. «No podemos más», afirmó, al considerar que los consells insulares no pueden asumir por sí solos una responsabilidad de esta dimensión.
Sant Ciríac como punto de partida
El discurso terminó regresando al motivo que reunía hoy a la sociedad ibicenca: Sant Ciríac. La celebración de los hechos de 1235 sirve, casi ocho siglos después, como recordatorio de una identidad construida a lo largo del tiempo, pero también como punto de partida para pensar qué Ibiza recibirán las próximas generaciones.
Ante la llegada del eclipse solar del próximo 12 de agosto, Marí animó además a disfrutar del acontecimiento con prudencia, utilizando gafas homologadas y siguiendo las recomendaciones oficiales, en un momento en el que la isla mantiene también un elevado riesgo de incendios. La idea final fue, en cierto modo, una declaración de intenciones: celebrar el pasado no debería significar quedarse en él. «Nos toca celebrar Sant Ciríac renovando el compromiso de dejar a quienes vendrán una Ibiza más justa y más ordenada», señaló Marí.

