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La batalla por el robot humanoide perfecto: las empresas que quieren liderar la próxima revolución industrial

De Tesla a Unitree, pasando por Figure AI, Boston Dynamics o NEURA Robotics, Estados Unidos, China y Europa compiten por liderar una industria que promete transformar la economía mundial tanto como lo hizo Internet.

Imagen creada con IA

Hubo un tiempo en que los robots pertenecían exclusivamente a las cadenas de montaje. Eran máquinas encerradas tras vallas de seguridad, especializadas en repetir un mismo movimiento miles de veces al día. Hoy, esa imagen empieza a quedarse obsoleta. La nueva generación de robots ya no tiene ruedas ni brazos industriales gigantescos: tiene piernas, manos con cinco dedos, cámaras donde antes había ojos y modelos de inteligencia artificial capaces de interpretar el mundo que los rodea.

La pregunta ya no es si existirán robots humanoides útiles, sino quién conseguirá fabricarlos antes y a gran escala.

La respuesta mueve miles de millones de dólares y ha desencadenado una competición que enfrenta a Estados Unidos, China, Europa, Japón y Corea del Sur. Cada uno llega con fortalezas diferentes: Silicon Valley aporta la inteligencia artificial, China domina la fabricación industrial, Europa presume de ingeniería de precisión y Japón mantiene décadas de experiencia en robótica avanzada.

Lo que está en juego es mucho más que una nueva categoría tecnológica. Quien consiga producir el primer robot humanoide verdaderamente útil, asequible y escalable podría redefinir la productividad mundial durante las próximas décadas.

No es casualidad que algunos de los empresarios más influyentes del planeta hablen ya de esta industria con el mismo entusiasmo con el que hace unos años hablaban de la inteligencia artificial generativa.

El consejero delegado de NVIDIA, Jensen Huang, lleva tiempo defendiendo que la siguiente gran revolución será la denominada Physical AI: inteligencia artificial con cuerpo.

En distintas intervenciones durante 2025 y 2026 ha insistido en que los robots humanoides acabarán siendo tan comunes como hoy lo son los automóviles, una afirmación que resume hasta qué punto la industria considera que este mercado apenas está comenzando.

Estados Unidos quiere liderar la inteligencia

Si hubiera que señalar un país que pretende diseñar el cerebro de esta revolución, ese sería Estados Unidos.

Durante años, Boston Dynamics marcó el ritmo mundial demostrando que un robot podía correr, saltar, mantener el equilibrio e incluso ejecutar movimientos que parecían imposibles para una máquina. Sus vídeos fueron durante mucho tiempo una demostración tecnológica más que un producto comercial, pero sirvieron para convencer al mundo de que la robótica humanoide era técnicamente viable.

Sin embargo, el gran protagonista de los últimos años es Tesla.

foto Tesla

Para Elon Musk, Optimus nunca ha sido un proyecto secundario. El empresario ha llegado a afirmar en varias ocasiones que el robot podría convertirse, con el tiempo, en el producto más importante de la historia de la compañía, incluso por delante de sus vehículos eléctricos. Durante la presentación de resultados del primer trimestre de 2026 aseguró que las primeras líneas de producción ya estaban instalándose y reiteró su ambición de fabricar millones de unidades al año cuando la tecnología alcance la madurez suficiente.

La apuesta de Tesla tiene una lógica evidente. La empresa ya domina áreas esenciales para un robot humanoide moderno: visión artificial, baterías, motores eléctricos, fabricación masiva y procesadores diseñados para inteligencia artificial. Optimus no nace desde cero; reutiliza gran parte del conocimiento acumulado durante años con los vehículos autónomos. Pero Tesla ya no está sola.

Figure AI se ha convertido probablemente en la startup más observada del sector. Fundada por Brett Adcock apenas en 2022, ha conseguido atraer el respaldo de algunos de los mayores nombres de la tecnología y alcanzar una valoración multimillonaria en un tiempo récord. Su estrategia consiste en desarrollar robots capaces de integrarse en fábricas, almacenes y, posteriormente, hogares, apoyándose en modelos de IA propios para comprender instrucciones complejas.

Junto a ellas aparecen compañías como Agility Robotics, cuyo robot Digit ya trabaja en proyectos logísticos; Apptronik, nacida del ecosistema de la Universidad de Texas; o la propia Boston Dynamics, que continúa perfeccionando Atlas con un enfoque mucho más industrial que mediático.

Estados Unidos parece decidido a dominar el software y la inteligencia de estos robots.

China quiere fabricar millones

Si Estados Unidos aspira a construir el cerebro, China quiere convertirse en la fábrica mundial de los humanoides. Pocas empresas simbolizan mejor esta estrategia que Unitree Robotics.

Fundada en Hangzhou por Wang Xingxing, la compañía sorprendió primero con sus robots cuadrúpedos de bajo coste y después con humanoides cuyo precio rompía todos los esquemas del mercado. Su estrategia consiste en reducir drásticamente el coste de fabricación para acelerar la adopción comercial.

Foto de Unitree Robotics.

El propio Wang ha explicado en distintas ocasiones que el verdadero reto ya no reside únicamente en la mecánica, sino en dotar a los robots de una inteligencia suficientemente avanzada para desenvolverse en entornos reales. La combinación entre hardware asequible e inteligencia artificial será, en su opinión, la clave para la adopción masiva.

Pero Unitree representa solo una parte del fenómeno. Empresas como UBTech, AgiBot (Zhiyuan Robotics), Fourier Intelligence, EngineAI o Leju Robotics forman parte de un ecosistema que cuenta con un fuerte respaldo institucional y una cadena de suministro difícil de igualar.

China posee una ventaja difícil de replicar: controla gran parte de la producción mundial de motores eléctricos, sensores, baterías y componentes electrónicos. Esa capacidad industrial permite reducir costes mucho más rápido que en otros mercados.

Mientras Silicon Valley suele hablar de algoritmos, China habla de escalabilidad. Y en una industria donde el precio puede determinar la adopción global, esa diferencia resulta decisiva.

Europa apuesta por la precisión

Europa compite con menos ruido, pero con un enorme prestigio tecnológico. Alemania concentra buena parte del desarrollo gracias a NEURA Robotics, una empresa que ha ganado notoriedad por combinar robótica colaborativa e inteligencia artificial con el objetivo de crear máquinas capaces de trabajar junto a personas sin necesidad de complejos sistemas de separación.

España también figura en el mapa gracias a PAL Robotics, con sede en Barcelona. Desde hace años desarrolla robots humanoides destinados a investigación, hospitales y laboratorios, acumulando experiencia mucho antes de que la explosión mediática actual convirtiera el sector en tendencia.

Foto de PAL Robotics

Noruega aporta otro actor relevante: 1X Technologies, especializada en robots para tareas cotidianas y que ha despertado un enorme interés internacional gracias al respaldo de algunos de los principales inversores del ecosistema de inteligencia artificial.

Europa, sin embargo, afronta un desafío evidente: convertir su excelente investigación en producción industrial a gran escala.

Japón y Corea del Sur no han dicho su última palabra

Hablar de robots humanoides sin mencionar Japón sería olvidar uno de los capítulos más importantes de la historia de la robótica.

Honda revolucionó el sector con ASIMO hace más de dos décadas. Aunque aquel proyecto terminó, dejó un legado tecnológico enorme sobre locomoción bípeda, equilibrio dinámico e interacción con personas.

foto de ASIMO

Toyota continúa investigando aplicaciones industriales y asistenciales, mientras Kawasaki Heavy Industries explora robots capaces de trabajar en sectores donde la escasez de mano de obra empieza a convertirse en un problema estructural.

Corea del Sur, por su parte, impulsa empresas como Rainbow Robotics, que combinan investigación universitaria con aplicaciones industriales avanzadas.

Ambos países parten con una ventaja: llevan décadas perfeccionando tecnologías que ahora vuelven a adquirir protagonismo gracias a la inteligencia artificial generativa.

India quiere evitar quedarse fuera

Aunque todavía se encuentra lejos de Estados Unidos o China, India empieza a construir su propia estrategia. El Gobierno ha identificado la robótica avanzada como un sector prioritario para reforzar la fabricación nacional y reducir la dependencia tecnológica exterior. Varias startups trabajan ya en plataformas humanoides destinadas inicialmente a logística, manufactura y servicios, mientras universidades e institutos tecnológicos aceleran la investigación en inteligencia artificial aplicada a robots.

Su mayor baza probablemente no será desarrollar el robot más sofisticado, sino aprovechar su inmenso ecosistema de ingenieros y desarrolladores para integrarse en la cadena global de valor.

La inteligencia artificial cambia todas las reglas

Durante décadas, el gran problema de los robots humanoides no era caminar. Era comprender. Un robot podía levantar una caja, pero no sabía identificar cuál debía coger, interpretar una orden ambigua o reaccionar cuando aparecía un obstáculo inesperado.

La irrupción de los grandes modelos de inteligencia artificial ha cambiado radicalmente ese escenario.

Hoy los robots pueden combinar visión artificial, lenguaje natural, planificación de movimientos y aprendizaje continuo. En otras palabras, empiezan a comprender el contexto. Por eso NVIDIA insiste tanto en el concepto de Physical AI. Para la compañía, la inteligencia artificial abandona definitivamente la pantalla del ordenador para interactuar con el mundo físico mediante máquinas capaces de observar, razonar y actuar.

¿Quién ganará la carrera?

La respuesta probablemente no sea una única empresa. Tesla podría liderar la producción masiva. Figure AI puede convertirse en el referente de la robótica impulsada por inteligencia artificial. Boston Dynamics seguirá marcando el estándar tecnológico.

China tiene muchas opciones de dominar la fabricación mundial gracias a compañías como Unitree, UBTech o AgiBot. Europa continuará destacando en aplicaciones industriales de alta precisión. Y Japón y Corea del Sur seguirán aportando décadas de experiencia acumulada.

Lo realmente extraordinario es que, por primera vez, todas estas piezas empiezan a encajar al mismo tiempo. La inteligencia artificial ya existe. Los procesadores son suficientemente potentes. Las baterías son mejores. Los actuadores cuestan menos. Y las fábricas pueden producir componentes a una velocidad impensable hace apenas cinco años.

La carrera de los robots humanoides ya no pertenece a la ciencia ficción. Pertenece a la economía.

Y, si las previsiones de los grandes líderes tecnológicos se cumplen, dentro de unos años la pregunta dejará de ser qué empresa construyó el mejor robot. La verdadera cuestión será cuántos trabajan ya a nuestro lado.

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