Mientras buena parte del sector de la construcción sigue pendiente de la evolución de los tipos de interés y de la inversión pública, ACS continúa avanzando a un ritmo distinto. El grupo presidido por Florentino Pérez ha cerrado el primer semestre de 2026 con un beneficio neto ordinario de 510 millones de euros, un 13,3% más que un año antes, unas cifras que no solo consolidan su crecimiento, sino que han llevado a la compañía a elevar sus expectativas para el conjunto del ejercicio.
La revisión de objetivos es, probablemente, el dato más relevante de las cuentas. Hace apenas unos meses, ACS confiaba en aumentar su beneficio anual entre un 20% y un 25% respecto a 2025. Ahora ese rango pasa al 30%-35%, lo que situaría el resultado ordinario entre 1.110 y 1.155 millones de euros, un nivel que marcaría un nuevo récord para la compañía.
Detrás de esa mejora no hay un único proyecto extraordinario, sino una tendencia que lleva varios ejercicios consolidándose. ACS obtiene hoy la mayor parte de su negocio fuera de España y ha convertido Norteamérica en el auténtico centro de gravedad de su actividad. De hecho, cerca de dos tercios de sus ingresos proceden ya de ese mercado, donde la demanda de grandes infraestructuras continúa creciendo impulsada por la inversión pública, el desarrollo energético y, cada vez con mayor fuerza, por la expansión de los centros de datos.
Precisamente este último segmento se ha convertido en uno de los principales catalizadores del grupo. La carrera mundial por desplegar infraestructura para inteligencia artificial está disparando la construcción de nuevas instalaciones tecnológicas, un mercado en el que Turner Construction, la principal filial estadounidense de ACS, ocupa una posición privilegiada. La creciente necesidad de capacidad de computación está generando una nueva ola inversora que beneficia directamente a empresas con experiencia en proyectos complejos de gran escala.
Los resultados del semestre reflejan esa fortaleza operativa. La facturación alcanzó los 26.168 millones de euros, mientras que el beneficio bruto de explotación (EBITDA) ascendió hasta 1.618 millones, acompañado además de una mejora del margen operativo. Son cifras que evidencian que el crecimiento no responde únicamente a un mayor volumen de actividad, sino también a una mayor rentabilidad.
Otro de los indicadores que refuerzan el optimismo de la compañía es su cartera de proyectos. ACS supera ya los 105.800 millones de euros en contratos pendientes de ejecutar, el volumen más elevado de su historia y un colchón que proporciona una elevada visibilidad sobre los ingresos de los próximos ejercicios. Dentro de esa cartera, los proyectos vinculados a infraestructuras digitales continúan ganando peso, reflejando cómo el negocio de la construcción está evolucionando al mismo ritmo que la transformación tecnológica de la economía.
La posición financiera del grupo también acompaña ese escenario. ACS mantiene una sólida generación de caja, lo que le permite afrontar nuevas oportunidades de crecimiento sin comprometer su balance y seguir compitiendo por algunos de los mayores contratos de infraestructuras del mundo.
Más allá de los resultados trimestrales, las cuentas del primer semestre confirman un cambio de fondo. Si durante décadas el crecimiento de las grandes constructoras dependía principalmente de carreteras, puentes o aeropuertos, ahora una parte creciente de su futuro pasa por levantar la infraestructura física que necesita la economía digital. Y en esa carrera, ACS ha conseguido situarse entre los protagonistas.

