La saturación de las consultas y listas de espera no se explica únicamente por el aumento de pacientes que buscan asistencia sanitaria. Una parte considerable de la jornada de médicos y otros profesionales sanitarios se consume en tareas que suceden alrededor del acto clínico: gestionar documentación, consultar información distribuida entre diferentes sistemas, coordinar pruebas, actualizar historiales o resolver procesos administrativos. Este escenario implica el sometimiento de las plantillas a una enorme presión. Y ahí es donde la automatización empieza a plantearse no solo como una transformación tecnológica, sino como una cuestión de productividad y gestión sanitaria.
Y es que, para hospitales y organizaciones de salud, digitalizar determinados procesos puede permitir aumentar la capacidad asistencial aprovechando mejor los recursos existentes, reducir ineficiencias y liberar tiempo de profesionales altamente cualificados. La cuestión ya no pasa únicamente por cuánto invertir en tecnología, sino por cuánto valor puede recuperar una organización cuando automatiza tareas de menor valor añadido y devuelve tiempo al trabajo clínico.
Según estimaciones de ERNI, empresa multinacional suiza de ingeniería de software especializada en soluciones complejas, basadas en proyectos desarrollados para el sector sanitario, la automatización, la inteligencia artificial y la interoperabilidad pueden reducir hasta un 40% el tiempo dedicado a tareas administrativas. La compañía calcula, además, que la digitalización puede acelerar hasta un 60% determinadas pruebas de laboratorio y disminuir hasta un 20% la repetición de pruebas diagnósticas.
Cinco factores que influyen en las listas de espera
Estos avances cobran especial relevancia tras conocerse el último Barómetro Sanitario del CIS, que refleja que el 81% de los españoles considera que las listas de espera han empeorado o permanecen igual. Solo el 21% consigue una cita con su médico de familia en un plazo de entre 24 y 48 horas y la demora media alcanza los diez días.
A ello se suma la presión hospitalaria. De acuerdo con los datos del Ministerio de Sanidad en los que pone el foco la compañía, cerca de cuatro millones de personas esperan una primera consulta con un especialista y más de 845.000 permanecen pendientes de una intervención quirúrgica, con demoras medias de 105 y 126 días, respectivamente.
ERNI señala que el aumento de los tiempos de espera responde, entre otros, a cinco factores clave o cuellos de botella: la elevada carga administrativa que asumen los profesionales sanitarios; la falta de interoperabilidad entre sistemas y centros de salud; procesos diagnósticos todavía poco automatizados; una planificación mejorable de agendas y recursos asistenciales; y el incremento sostenido de la demanda sanitaria.
Aumentar la productividad con los mismos recursos
Desde una perspectiva empresarial, la propuesta plantea una lógica habitual en otros sectores pero especialmente sensible en sanidad: aumentar la productividad no necesariamente mediante más recursos, sino consiguiendo que los disponibles dediquen una mayor proporción de su tiempo a las actividades en las que generan más valor. En un hospital, eso significa que automatizar no debería equivaler a sustituir al médico, sino a reducir el peso de aquellas tareas que no requieren su conocimiento clínico.
«La presión sobre los sistemas sanitarios no se resolverá únicamente incorporando más recursos. También es necesario automatizar aquellas tareas de menor valor añadido para que los profesionales sanitarios puedan centrarse en aquello donde realmente aportan más valor: la atención al paciente y la toma de decisiones clínicas», explica Rubén Rodríguez, Head of HealthTech de ERNI España.
La compañía apunta a procesos que van desde la gestión inteligente de citas y la priorización de pruebas diagnósticas hasta el procesamiento automatizado de muestras o la integración de historiales clínicos, dispositivos médicos y sistemas de laboratorio. El objetivo es agilizar los flujos asistenciales, reducir errores y conseguir que la información esté disponible cuando el profesional necesita tomar una decisión, manteniendo la supervisión sanitaria.
La interoperabilidad constituye otra de las piezas de esta transformación. La integración entre sistemas puede evitar repeticiones de pruebas y facilitar que la información acompañe al paciente durante todo su recorrido asistencial.

