En la era de la Inteligencia Artificial y las soluciones fáciles, Christopher Nolan sigue separándose del criterio general apostando siempre en sus producciones por la máxima autenticidad posible y la mínima intervención de los efectos digitales. Por eso, no es ninguna sorpresa que para su último blockbuster, La Odisea, haya recurrido a una embarcación real. Sí que lo es, en cambio, la historia de la nave real, navegable y con tripulación auténtica. Se trata del Draken Harald Hårfagre, un drakkar noruego que ocupó el lugar de la galera de guerra griega en la producción, según recogió Artnet News.
A pesar del anacronismo y el anatopismo, la sensación en pantalla es de realismo y autenticidad. Recordemos que la película sigue a Odiseo (interpretado por Matt Damon) en su regreso a Ítaca tras la guerra de Troya, un viaje de diez años que Nolan ha llevado a la pantalla con diálogos contemporáneos y acentos made in USA.
No es una réplica: es una reconstrucción a escala real
El Draken Harald Hårfagre no reproduce un único barco histórico conocido. Se trata de una reconstrucción a escala real de lo que las sagas nórdicas describen como grandes embarcaciones. Para desarrollarlo, se recurrió a hallazgos arqueológicos, fuentes literarias, referencias visuales y la tradición viva de la construcción naval noruega. Su ornamentación —incluida la proa con cabeza de dragón— se inspira en los patrones hallados en barcos vikingos encontrados en Noruega, especialmente el barco de Gokstad.

Su construcción comenzó en 2010 en Haugesund, en la costa oeste noruega, por iniciativa del empresario del petróleo y el gas Sigurd Aase. Tabla a tabla y clavo a clavo, un equipo de constructores navales, historiadores, artesanos y artistas la levantó con materiales propios de la tradición naval nórdica: roble en el casco, alquitrán, cáñamo, hierro y una vela de seda, con un mástil de abeto Douglas.
El resultado es una nave de dimensiones extraordinarias: 35 metros de eslora, 8 metros de manga y un mástil de 24 metros, con una vela de 260 metros cuadrados. Puede navegar a vela o a remo —hasta cien remeros, en 25 pares de remos con dos personas por remo— y alcanza una velocidad máxima de 14 nudos.

El Draken no se construyó solo para representar el pasado, sino para ponerlo a prueba en el mar. Botado en 2012, realizó su primera travesía oceánica en 2014, de Noruega a Liverpool y de regreso, un viaje que ayudó a convertir un proyecto de construcción en una nave probada.
En 2016 emprendió su gran travesía transatlántica —la Expedition America—, con escalas en Islandia, Canadá y Estados Unidos, incluida Nueva York, y una tripulación de 32 marineros. Esos viajes, según explicó a Artnet News Emanuel Persson, director de expedición y director general del proyecto, le dieron a la tripulación una comprensión directa de la tecnología naval vikinga como «un sistema vivo»: una máquina con muchas partes móviles que solo funciona si la estructura y la tripulación actúan en conjunto frente al mar abierto.
Persson explicó por qué esta nave resulta imposible de imitar con facilidad: «Hay algo a bordo que no se puede fingir: el peso del roble, el sonido del aparejo, el movimiento de la vela, la tripulación trabajando unida con viento y agua reales».
Ese conocimiento práctico pasó también al equipo de producción: la tripulación del Draken enseñó a los actores cómo responde la nave a los elementos y cómo manejar la vela, el aparejo y los remos. Matt Damon lo describió como un auténtico campamento de remo: «Tuvimos que mover un barco de cien toneladas. No es un trabajo de actuación común. Estás interpretando un papel, pero también cumpliendo una función real en el barco».

Para Persson, lo esencial fue tratar al Draken como una embarcación real, con su propio carácter, sus límites y sus fortalezas: «Cuando se respeta eso, se obtiene algo mucho más poderoso que un simple adorno».
Tras el estreno de la película en Oslo el 17 de julio, el Draken ha quedado en la ciudad abierto al público hasta el 31 de este mes. Con puerto base en Haugesund, el proyecto contempla futuros viajes por aguas escandinavas y el Atlántico Norte, con el objetivo de mantener la nave activa como plataforma de exploración, educación y arqueología experimental.

