Tras varios meses de incertidumbre, reuniones y búsqueda intensa de soluciones, la histórica presencia de las hoteleras españolas en Cuba llega a su fin. Con el anuncio producido ayer del cese de operaciones de Meliá en la isla caribeña se echa el telón a una relación que ha durado más de tres décadas y que ha dado como fruto el posicionamiento de Cuba como destino turístico, ha traído prosperidad a la isla y ha fortalecido los lazos entre ambos países.
La salida de Meliá -efectiva a todos los niveles desde el próximo 24 de julio– se ha venido barajando desde al menos el año pasado, cuando las presiones del gobierno Trump se hicieron aún más fuertes. Cabe recordar que la compañía mallorquina llegó a ser líder el el mercado cubano, llegando a alcanzar los treinta establecimientos.
Salida anunciada
La salida de Meliá se produce en paralelo a la de Iberostar y Barceló, que también han confirmado su desvinculación del mercado cubano. El pasado mes de junio, en un encuentro con periodistas mantenido en Madrid, Raúl González, CEO EMEA de Barceló Hotel Group -que mantenía dos establecimientos Gran Caribe-, manifestó cómo el grupo estaba cumpliendo estrictamente con la normativa estadounidense para evitar cualquier tipo de controversia y que tomarían una decisión cuando se cumpliera el contrato que les unía con las propiedades. En el caso de Iberostar, la retirada se había iniciado previamente a principios de junio cuando se desvinculó de 12 alojamientos y en julio completó la retirada de los 6 restantes.
Además del fortalecimiento de las políticas estadounidenses sobre Cuba durante el actual gobierno Trump, el prolongado deterioro de las condiciones del sector turístico en los últimos años -afectado por numerosos problemas de suministro energético y de bienes, además de la desintegración de la oferta complementaria o la carencia de personal- y el goteo constante de caída de visitantes internacionales, están detrás de este repliegue de las hoteleras españolas, que venía anunciándose en los últimos dos años.
En estas últimas décadas, numerosas hoteleras españolas ha marcado el rumbo de la industria turística cubana, modernizando y alentando polos de turismo como Varadero o Cayo Santa María, además de invertir en la reforma y construcción de los mejores hoteles de La Habana o Santiago de Cuba: actualmente, superaban las 35.000 habitaciones, un 35% de la planta hotelera cubana.
Estos establecimientos, gestionados siempre en sociedad con entidades gubernamentales locales -como Gaesa o Gaviota, en el punto de mira de la administración estadounidense- y sobre cuyo futuro no hay ahora un rumbo claro, más allá de ser gestionados por precisamente esos organismos, aunque ya hay voces que alertan de un posible «desembarco» de los grandes grupos hoteleros estadounidenses, como la de Eduardo Soriano, presidente de la Cámara Oficial de Comercio de Mallorca.
Cuba ha sido históricamente un destino preferido por los norteamericanos -especialmente canadienses y mexicanos- así como para españoles e italianos, pero en los últimos años había ido perdiendo importancia en los libros de las hoteleras: en los últimos tiempos, otras compañías como Minor (antigua NH), que abandonó la isla a comienzos de este año, y que se sumó así a Roc Hotels (que cerró 3 de sus 4 hoteles recientemente) y Blau Hotels (que abandonó sus 3 alojamientos).

