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De campeona a anfitriona: el negocio (y la factura) de España con el Mundial de 2030

España prepara junto con Portugal y Marruecos un torneo para el que la RFEF calcula cerca de 2.500 millones de euros de inversión y más de 5.000 millones de aportación al PIB español

15 DE JUNIO: Los jugadores de la selección española beben agua durante una pausa para hidratarse en el Mundial de la FIFA 2026 GETTY

España apenas ha terminado de celebrar su segunda Copa del Mundo y ya tiene en marcha la siguiente. En 2030 será el principal anfitrión del torneo organizado junto con Portugal y Marruecos, además de los tres primeros partidos conmemorativos que se disputarán en Uruguay, Argentina y Paraguay.

La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) calcula que la organización conllevará en España una inversión próxima a 2.500 millones de euros. La cifra procede de un estudio de PwC citado por el presidente federativo, Rafael Louzán, y comprende las inversiones vinculadas a la preparación del torneo, incluidas las mejoras de instalaciones deportivas.

La misma estimación sostiene que el Mundial aportará más de 5.000 millones de euros al PIB español, generará más de 90.000 empleos —56.000 directos— y propiciará 3.700 millones de gasto turístico, 1.800 millones de recaudación fiscal y más de 1.000 millones de inversión extranjera.

España parte con una ventaja en términos de inversión necesaria, y es que la mayor parte de sus grandes infraestructuras ya existe. La candidatura incluyó en inicio once estadios: Anoeta, Camp Nou, Gran Canaria, La Cartuja, La Rosaleda, Metropolitano, Nueva Romareda, RCDE Stadium, Riazor, San Mamés y Santiago Bernabéu. La lista, sin embargo, todavía puede sufrir cambios. La RFEF quiere incorporar a Valencia y Vigo y conseguir que España albergue la final, el centro de operaciones de la FIFA y el Centro Internacional de Prensa.

Además de poner a punto los estadios e instalaciones, hay gastos asociados a la organización y la logística en términos de seguridad, transporte, tecnología, y gestión del evento. El Gobierno deberá además aprobar una legislación específica sobre visados, fiscalidad, permisos de trabajo, seguridad, tecnología y protección de los derechos comerciales de la competición.

Estados Unidos, Canadá y México partían de una ventaja frente a anteriores anfitriones: han utilizado estadios ya construidos y han concentrado el desembolso en seguridad, transporte y adaptaciones temporales. Reuters estima que el gasto de FIFA y de las administraciones ronda los 5.500 millones de dólares, una de las cifras más contenidas de las últimas tres décadas, precisamente porque no se levantaron nuevos estadios.

Según estima Bank of America, el Mundial de Fútbol 2026 ha dejado un impacto económico de cerca de 20.000 millones de dólares en Estados Unidos, mientras la FIFA estimó 30.500 millones de dólares para los tres países —41.000 millones en la economía mundial—. Solo la FIFA habría obtenido ingresos por 15.000 millones, muy por encima de lo previsto.

Estas cifras aún deben confirmarse, como el impacto real en el PIB. Las estimaciones aconsejan moderar las expectativas. Deutsche Bank calcula que el torneo añadirá apenas un 0,05% al PIB de Estados Unidos. Algunos analistas han recordado que parte del consumo de aficionados sustituye a otros gastos y que el torneo puede desplazar al turismo habitual.

La experiencia de Alemania, Sudáfrica, Brasil o Qatar

Alemania 2006 es el precedente más parecido a España por su red de transportes, capacidad hotelera y estadios existentes. El torneo fue considerado un éxito organizativo y mejoró la imagen exterior del país, pero en un análisis ex post, los economistas Gerd Ahlert y Holger Preuss estimaron 3.200 millones de euros de consumo adicional, una cantidad que equivalía al 0,13% del PIB alemán de aquel año. Otros trabajos sobre el mercado laboral no encontraron un efecto general apreciable.

Los riesgos aumentan cuando el Mundial obliga a construir infraestructuras difíciles de utilizar después. Sudáfrica destinó unos 3.900 millones de dólares de entonces a estadios, transporte y seguridad para el torneo celebrado en 2010, con al menos 1.300 millones de dólares concentrados en los recintos deportivos. Un análisis académico publicado en 2025 concluye que el torneo elevó las llegadas de visitantes, pero no produjo un efecto positivo apreciable sobre el PIB durante el año de celebración.

Brasil repitió algunos de esos problemas en 2014. Los costes crecieron muy por encima de las primeras previsiones y varios estadios se construyeron en ciudades sin suficiente demanda deportiva posterior. El gasto total llegó a situarse en torno a 15.000 millones de euros, mientras los beneficios económicos a corto plazo fueron mucho más limitados de lo que habían anticipado los estudios encargados antes del campeonato.

El siguiente Mundial se celebró en Rusia. Invirtió alrededor de 680.000 millones de rublos en la organización, equivalentes a unos 10.800 millones de dólares al tipo de cambio de aquel año. El Banco de Rusia estimó que el torneo aportaría entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales al crecimiento del PIB en 2018, un impulso positivo pero limitado para una economía de ese tamaño.

Qatar es aún menos comparable. Los últimos cálculos apuntan a que la construcción y reforma de los ocho estadios para el mundial de 2022 costó entre 6.500 millones y 10.000 millones de dólares, un gasto que crece hasta los 200.000 millones si se incluyen metro, carreteras, hoteles, viviendas y otros proyectos integrados en la estrategia de transformación del país.

Hay que tener en cuenta que es FIFA quien controla los grandes derechos audiovisuales, comerciales, de patrocinio y buena parte de la explotación de entradas y hospitality. Sin embargo, las administraciones del país asumen seguridad, movilidad y resto de inversiones que mueven la economía pero también generan gasto público; con la esperanza de recuperar ese esfuerzo a través del turismo y la proyección internacional.

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