Hablar del impacto de una empresa suele llevar la conversación hacia la sostenibilidad, la gobernanza o los derechos humanos. Sin embargo, pocas veces se plantea otra pregunta: ¿cómo afectan las decisiones empresariales al desarrollo y bienestar de niños y adolescentes? José María Vera, director ejecutivo de UNICEF España, analiza las principales conclusiones de Todas las empresas impactan en la infancia, el estudio elaborado junto al Centro de Innovación Social y Sostenibilidad de IE University que pone el foco en una realidad que a menudo pasa desapercibida.
¿Qué les llevó a impulsar un estudio como Todas las empresas impactan en la infancia y por qué consideraban necesario analizar el impacto que cualquier empresa, independientemente de su actividad, puede tener sobre niños, niñas y adolescentes?
Parece que solo las empresas vinculadas directamente con la infancia tienen un impacto sobre ella. Sin embargo, lo que hemos querido demostrar con este informe es que cualquier empresa, con independencia de su sector o tamaño, influye de una u otra forma en la vida de niños, niñas y adolescentes. Desde el diseño de un producto o servicio hasta la huella medioambiental de una compañía, las condiciones laborales de los progenitores o la publicidad que realiza una marca, todas esas decisiones forman parte de un modelo de negocio que acaba teniendo un efecto, directo o indirecto, sobre la infancia. Hasta ahora predominaba la idea de que ese impacto se limitaba a cuestiones como el trabajo infantil en la cadena de suministro. Sin embargo, existen muchas otras dimensiones que las empresas apenas identifican y que este estudio pone de manifiesto con datos.
Tras analizar 75 empresas de diez sectores distintos, ¿qué hallazgo fue el que más les sorprendió durante la investigación?
Elegimos diez sectores especialmente representativos del tejido empresarial español, tanto por su peso en la economía como por el impacto que pueden tener sobre los derechos de la infancia. Lo más llamativo fue comprobar que siete de cada diez empresas no tienen en cuenta a la infancia en su estrategia y que, en muchos casos, ni siquiera la incorporan en sus avances en materia de derechos humanos.
¿Por qué cree que sigue siendo un punto ciego para tantas compañías?
La integración de los derechos de la infancia en los modelos de negocio sigue siendo una asignatura pendiente para muchas empresas españolas. Es cierto que se han producido avances en materia de derechos humanos, pero la infancia continúa sin incorporarse de forma explícita, pese a tratarse de un colectivo con necesidades específicas. El estudio pone de manifiesto que todavía existe una brecha entre los compromisos y la acción. Salvo cuando hay una regulación exigente o una relación directa entre la actividad de la empresa y niños, niñas y adolescentes, muchas compañías siguen sin identificar el impacto que sus decisiones pueden tener sobre la infancia.
Una de las principales conclusiones del informe es que el reto no pasa por crear nuevas estructuras, sino por integrar la perspectiva de la infancia en las decisiones que las empresas ya toman cada día. En la práctica, ¿qué implica ese cambio para una compañía?
Reconocer a la infancia como un grupo de interés e incorporar su perspectiva en la toma de decisiones es el primer paso. Eso implica asumir un compromiso firme con sus derechos e integrarlos de forma sistemática en los procesos de debida diligencia, de manera que las empresas identifiquen y gestionen los posibles impactos negativos derivados de su actividad. Es, probablemente, la decisión más accesible, coherente y estratégica que puede adoptar una compañía, porque pensar en la infancia supone también pensar en las generaciones futuras.
El estudio analiza cuestiones que van mucho más allá de los productos o servicios: desde la cadena de suministro hasta el empleo, el marketing o la gobernanza. ¿En qué ámbitos cree que las empresas suelen infravalorar más el impacto que tienen sobre niños, niñas y adolescentes?
Sin restar importancia a ningún ámbito, el marketing y la publicidad son, probablemente, los que menos identifican y valoran el impacto que pueden tener sobre la infancia. La forma en que se promocionan determinados productos de moda o estética puede influir en la autoimagen y la autoestima de los adolescentes y, en consecuencia, en su salud mental. Del mismo modo, la publicidad de alimentos poco nutritivos mediante elementos especialmente atractivos para el público infantil puede afectar a su salud y desarrollo. Ser conscientes de estos impactos es el primer paso para impulsar una comunicación responsable que respete los derechos de la infancia.
El entorno digital ocupa un papel cada vez más relevante en la vida de niños y adolescentes. En un momento marcado por la inteligencia artificial, la personalización de contenidos y las plataformas digitales, ¿qué responsabilidades deberían asumir hoy las empresas?
La exposición al entorno digital comienza cada vez a edades más tempranas y niños y adolescentes conviven con contenidos y algoritmos que, en muchos casos, favorecen una relación poco saludable con la tecnología. En este contexto, las empresas tienen una responsabilidad ineludible en la protección de sus derechos. Desde UNICEF España defendemos que esa responsabilidad debe asumirse desde el diseño de los propios productos y servicios. Eso implica situar a niños y adolescentes en el centro, garantizar la transparencia de los algoritmos, reforzar la privacidad y la seguridad por defecto e incorporar sistemas robustos de verificación de edad, entre otras medidas.
Son principios que venimos defendiendo desde hace tiempo y que también forman parte de la campaña #AlgoritmoSeguroYa, con la que buscamos promover entornos digitales más seguros para niños y adolescentes.
¿Qué beneficios puede obtener una empresa que integra los derechos de la infancia en su estrategia? ¿Cree que estamos hablando únicamente de responsabilidad social o también de una forma diferente de entender la competitividad y el negocio?
En UNICEF solemos decir que «si es bueno para la infancia, es bueno para el negocio». Integrar los derechos de la infancia en la estrategia empresarial permite identificar y gestionar mejor los riesgos, anticiparse a ellos e impulsar una mejora continua. Además, refuerza la reputación corporativa, genera confianza entre los grupos de interés y fortalece la relación con ellos.
En un contexto marcado por profundas transformaciones económicas, tecnológicas, geopolíticas y sociales, los derechos de la infancia también pueden actuar como una brújula para orientar la toma de decisiones. Las empresas que incorporan esta perspectiva están mejor preparadas para afrontar los desafíos del futuro y adaptarse a un entorno cada vez más cambiante. En definitiva, integrar los derechos de la infancia no es solo una cuestión de responsabilidad social, sino también una decisión estratégica para construir empresas más sostenibles y competitivas.
Si dentro de cinco años se repitiera este estudio, ¿qué cambios le harían pensar que las empresas españolas han dado un verdadero paso adelante en la integración de los derechos de la infancia?
Hoy partimos de un dato preocupante: siete de cada diez empresas analizadas no consideran la infancia en su estrategia ni en su actividad. Dentro de cinco años, un verdadero avance sería comprobar que cada vez más compañías incorporan los derechos de la infancia en sus modelos de negocio, sus políticas y sus procesos de decisión. Que, independientemente de su tamaño o sector, reconozcan a la infancia como un grupo de interés y dejen de entender esta cuestión como un ámbito exclusivo de la responsabilidad social para integrarla como una parte esencial de la gestión empresarial. Solo así podremos aprovechar todo el potencial del sector privado para generar un impacto positivo en la infancia.

