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Qué son los drones marinos, el arma que EE. UU. ha ‘estrenado’ contra Irán

Alcanzan una velocidad de 35 nudos, tienen una autonomía de 1.150 millas y están a punto de cambiar las reglas de las batallas navales: así son los drones del ejército estadounidense.

Saronic Corsair, el dron naval empleado por EE. UU. contra una instalación iraní. FOTO: Saronic

Estados Unidos ha empleado por primera vez en combate real drones navales de ataque, en una operación que marca un hito histórico para el Pentágono y redefine el modo en que Washington puede atacar infraestructuras militares desde el mar en plena escalada de la guerra con Irán.

El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha emitido un comunicado confirmando el ataque del 13 de julio, en el que tres lanchas no tripuladas del modelo Saronic Corsair, configuradas como drones de ataque de un solo uso, se colaron en un puerto iraní y volaron una instalación dedicada al mantenimiento de submarinos y buques de guerra en la base naval de Bandar Abbás, uno de los principales enclaves militares iraníes en el estrecho de Ormuz.

Impacto de un dron marino sobre un submarino iraní. FOTO: Handout photo by U.S. Department of Defense via Getty Images

El ataque formó parte de una oleada de bombardeos más amplia y supuso la primera vez que las fuerzas estadounidenses emplean drones marítimos en operaciones de combate, según confirmó el propio mando militar. Hasta ahora, estas embarcaciones solo habían participado en misiones de vigilancia o rescate, como la que en junio ayudó a salvar a los tripulantes de un helicóptero Apache estadounidense derribado frente a las costas de Omán.

Saronic Corsair, el kamikaze que lo cambiará todo

Cada uno de los tres buques de superficie no tripulados que han sido empleados a modo de kamikaze tiene 7,3 metros de eslora, alcanza una velocidad máxima de 35 nudos, cuenta con una autonomía de más de 1.150 millas y una carga útil de 454 kg según datos de Saronic Technologies, la empresa encargada de fabricarlo en Texas. Cada unidad cuesta menos de un millón de dólares y llegaron a Oriente Próximo a finales de marzo, tras el comienzo de la guerra.

A diferencia de los misiles de crucero o los aviones tripulados, estos drones pueden aproximarse a costas protegidas con mucho menor riesgo para el personal: pueden atacar estaciones de radar, lanchas rápidas o infraestructuras costeras poco defendidas, o actuar como señuelos que obligan al adversario a activar sus sistemas defensivos antes de que lleguen aviones tripulados o misiles. Equipados con sensores electroópticos y guiado autónomo, también realizan labores de reconocimiento y apoyo a la adquisición de objetivos. El estrecho de Ormuz, con sus rutas estrechas, numerosas islas y proximidad a la costa iraní, favorece precisamente a este tipo de embarcaciones pequeñas y ágiles.

El ex miembro de la unidad de élite SEAL de la Armada estadounidense Dino Mavrookas, Rob Lehman, Vibhav Altekar y Doug Lambert fundaron Saronic en 2022 con el propósito de desarrollar embarcaciones autónomas que incrementaran la capacidad de construcción naval de EE UU y «redefinieran la superioridad marítima» mediante la autonomía, según explicó Mavrookas. Saronic ha ascendido con rapidez en el sector de la tecnología de defensa, respaldada por inversores como 8VC (Joe Lonsdale), Caffeinated Capital y Andreessen Horowitz, y anunció a principios de año una ronda de 1.750 millones de dólares con una valoración de 9.250 millones. La compañía se ha declarado «orgullosa» de que su tecnología «haya respaldado esta misión y haya ayudado a mitigar las amenazas al transporte marítimo comercial».

Todo lo que hay que saber sobre drones navales

Ucrania, que emplea embarcaciones no tripuladas contra Rusia desde al menos 2022, es el país pionero en el uso bélico de este tipo de embarcaciones: aquel año atacó una base naval rusa; al siguiente, desplegó los drones marítimos Sea Baby en un sonado ataque contra el puente que conecta Rusia con la Crimea ocupada, y más recientemente los ha usado para hundir buques de guerra y embarcaciones comerciales rusas, alcanzando —según Kiev— decenas de petroleros y ferris en las últimas semanas. Las fuerzas ucranianas también han montado misiles y cohetes sobre drones marítimos para derribar aeronaves y atacar objetivos terrestres, e incluso afirmaron el año pasado haber «inutilizado eficazmente» un submarino ruso con un dron submarino, una primicia militar.

Pese a su creciente protagonismo, estas embarcaciones no están exentas de debilidades: su reducido tamaño puede condicionar el alcance, son vulnerables a la interrupción de comunicaciones mediante guerra electrónica, y la comunicación con drones submarinos resulta especialmente compleja. Aun así, las armadas del mundo ya se adaptan a esta amenaza: Rusia ha alejado sus barcos de las zonas de combate para escapar del riesgo, y el Reino Unido anunció recientemente que construirá buques de guerra diseñados como naves nodriza de drones, en lugar de limitarse a reemplazar su flota de destructores.

EE UU, por su parte, lleva tiempo experimentando con drones marítimos en aguas de todo el mundo para misiones de vigilancia, retirada de minas y simulación de enjambres de ataque. Empresas de defensa consolidadas como BAE Systems y Naval Group, junto a emergentes como Anduril y Kraken Technology, compiten ahora por lanzar embarcaciones no tripuladas con mayor alcance y potencia explosiva.

La guerra naval cambia sus reglas

Según el Ejército estadounidense, la operación del domingo 13 de julio busca degradar la capacidad de Irán para hostigar el tráfico marítimo comercial que atraviesa Ormuz, ruta por la que —antes de la guerra— circulaba hasta una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado consumidos a nivel mundial.

El asalto supone además un hito para el almirante Brad Cooper, jefe del CENTCOM, quien en 2021 puso en marcha un grupo de trabajo sobre inteligencia artificial y drones en Oriente Próximo.

El ataque contra Bandar Abbás llegó tras varios días de intercambios ofensivos entre Washington y Teherán, reanudados después de que la Guardia Revolucionaria iraní atacara un buque mercante de bandera chipriota. A ello se suma el anuncio del presidente Donald Trump de reinstaurar el bloqueo a los puertos iraníes y de cobrar un peaje del 20% a toda la carga que cruce el estrecho de Ormuz, tras autoproclamarse «guardián» de la ruta.

Según un alto cargo estadounidense, el asalto «ofrece un anticipo de lo que está por venir» a medida que se reanudan los combates tras el fracaso de las negociaciones de paz con Teherán. Los analistas apuntan a que la campaña busca ahora desmantelar toda la arquitectura de vigilancia, mando, control y ataque que sustenta la estrategia de coerción marítima de Irán —un enfoque que, de confirmarse, redefinirá el futuro de las operaciones navales en aguas costeras en disputa.

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