Aunque los grandes destinos de sol y playa del Caribe o el Pacífico compiten principalmente por precio y capacidad, Costa Rica ha preferido desarrollar un modelo hotelero capaz de ofrecer simultáneamente un resort cinco estrellas en Guanacaste y un lodge en la orilla del bosque lluvioso de Corcovado, a pocos kilómetros de uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta. Con más de 56.000 habitaciones repartidas en más de 3.000 establecimientos al cierre de 2024, el país ha ampliado su capacidad de alojamiento en los últimos años, y lo ha hecho con un rasgo que distingue a pocos destinos del mundo: el segmento mejor organizado y más comprometido con la sostenibilidad es el que más crece.
De hecho, los establecimientos inscritos en el Instituto Costarricense de Turismo se han incrementado notablemente en los últimos años. Ya son 150 las organizaciones y empresas que cuentan, además, con el Certificado de Sostenibilidad Turística, que lleva desde 1997 distinguiendo a las empresas turísticas costarricenses con auténtico compromiso ambiental y social. Hoy opera con dos niveles —Básico y Élite— y está reconocido internacionalmente.
El CST evalúa a los establecimientos en gestión empresarial, impacto social y cultural, impacto ambiental y una dimensión específica según el tipo de empresa. El nivel Élite exige una puntuación del 100%.
Por otro lado, la distribución territorial de la oferta también refleja la enorme variedad del país. Guanacaste, considerada uno de los corazones turísticos del país, lidera el mercado local en cuanto a número de habitaciones, impulsada por grandes y espectaculares complejos de playa y resorts de primer nivel internacional. Allí se pueden encontrar algunos establecimientos que reflejan la evolución del hotel de costa hacia modelos capaces de contar con certificaciones avanzadas y métricas ambientales verificables. También se pueden encontrar otro tipo de ofertas donde aislamiento, paisaje y bienestar se convierten en activos clave, mientras que en destinos de naturaleza madura como Monteverde, se sitúan alternativas con una importante trayectoria sostenida en el tiempo dentro del marco del CST.
En los extremos del mapa —Pacífico Sur y Caribe— aparece la cara más singular del turismo costarricense: ecolodges, reservas privadas y alojamientos de naturaleza de pequeña escala que convierten la biodiversidad en producto. También en el Valle Central, con formatos que se adaptan a entornos periurbanos mediante propuestas de pequeña escala centradas en eficiencia y baja huella. Por último, en la región de Arenal y Alajuela, encontramos establecimientos de gran formato que muestran cómo la sostenibilidad se ha integrado también en lugares vinculados a recursos naturales como las aguas termales gracias a la proximidad a activos naturales de alto valor, como el volcán Arenal.

