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El turismo, industria clave

Cada año, el turismo costarricense bate récords históricos de inversión y visitantes. Es el fruto de un esfuerzo constante durante años por hacer las cosas bien.

Foto: Unsplash.

No hay duda, Costa Rica está de moda, y sus impresionantes números así lo demuestran. En 2025, 2.689.278 visitantes ingresaron al país vía aérea, lo que convierte al turismo en una de las principales fuentes de ingresos del país, con una aportación directa que supera el 8% del PIB. Pero lo importante no está tanto en cuántos visitantes llegan, sino en cuánto tiempo se quedan y qué hábitos tienen durante su estancia.

El turista europeo parece el más apasionado por el país. Actualmente representa en torno a una cuarta parte de las llegadas internacionales, y alarga sus estancias hasta los 17 días de media, muy por encima de los 10 o 12 del visitante norteamericano, de ahí que Costa Rica haya redoblado sus esfuerzos promocionales a este lado del Atlántico. Además, este viajero europeo es más propenso al consumo en experiencias, alojamiento y restauración. O lo que es lo mismo, gasta más y mejor, ya que distribuye de una forma más equilibrada su impacto económico por los distintos destinos del país.

Además, dentro de los europeos, los españoles somos protagonistas: en 2025, 53.251 viajeros de nuestro país visitaron Costa Rica. En ello, tiene mucho que ver la conectividad aérea, reforzada por aerolíneas como Iberia, que opera un vuelo diario entre Madrid y San José, o Iberojet, la aerolínea de Ávoris, que suma dos frecuencias semanales con perspectivas de ampliación próximamente. En nuestro caso, priorizamos la dimensión cultural y natural del país, planificando con mayor antelación y diversificando el itinerario.

Cadenas españolas como RIU —con dos hoteles en Guanacaste—, o Barceló —con dos establecimientos en Guanacaste y uno en Puntarenas—, han apostado por las espectaculares playas del país.

Este capacidad de seducir al público extranjero, junto con la colaboración público-privada, ha permitido a Costa Rica desarrollar una red empresarial amplia, con un fuerte peso de pequeñas y medianas empresas —guías, operadores, alojamientos independientes— que conviven con cadenas internacionales y proyectos hoteleros de alta gama. Un equilibrio que permite articular una cadena de valor completa, un ecosistema interconectado que abarca desde el transporte hasta la gastronomía o las actividades en la naturaleza.

Además, la diversificación de la oferta —desde el turismo activo hasta el wellness o las experiencias comunitarias—, están permitiendo mantener la actividad durante todo el año, lo que reduce la incertidumbre estacional. Una estrategia muy pensada que es mérito del Instituto Costarricense de Turismo, cuyo trabajo ha permitido alinear intereses y construir un posicionamiento coherente en el mercado internacional. Ejemplo de ello es la creación del Certificado de Sostenibilidad Turística (CST) del ICT, que evalúa el desempeño ambiental, social y económico de las empresas del sector. Toda una declaración de intenciones para atraer cada vez más —y mejor— turismo.

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