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Julia Bernal (Red Hat): «El talento aislado es limitado, pero la inteligencia colectiva es infinita»

La Mediterranean Regional Manager de Red Hat, compañía especializada en tecnologías de código abierto para empresas, reflexiona sobre algunos de los grandes desafíos que afrontan hoy las organizaciones.

Julia Bernal, Mediterranean Regional Manager de Red Hat. Foto: Jaime Partearroyo.

Durante años, hablar de innovación tecnológica era hablar de digitalización, migración a la nube o automatización. Hoy la conversación ha cambiado. La inteligencia artificial, la ciberseguridad o la soberanía digital han ampliado el foco y han llevado a las organizaciones a replantearse no solo qué tecnología utilizan, sino también cómo quieren construirla y gestionarla. Así las cosas, Julia Bernal, Mediterranean Regional Manager de Red Hat, reflexiona sobre algunos de los grandes debates que marcarán el futuro del sector.

Ha vivido de primera mano algunas de las mayores transformaciones del sector tecnológico. Tras más de tres décadas en la industria, ¿qué aprendizaje diría que le ha resultado más valioso para liderar un momento de cambio tan acelerado como el actual?

Si algo me han enseñado estos años, junto con mi formación como ingeniera informática, es que la tecnología es un motor de cambio, pero son las personas y la cultura las que realmente marcan la diferencia. El aprendizaje más valioso de mi trayectoria ha sido entender que liderar no consiste en predecir el futuro tecnológico, sino en construir organizaciones ágiles, resilientes y capaces de adaptarse al cambio. En un momento de transformación tan acelerado como el actual, el liderazgo ya no pasa por tener todas las respuestas, sino por formular las preguntas adecuadas y crear un entorno preparado para afrontar la incertidumbre.

En esas tres décadas también ha vivido la evolución del open source, que hoy ocupa un lugar mucho más relevante en la estrategia de muchas organizaciones. ¿Por qué ha ganado ese protagonismo?

Recuerdo cuando el código abierto se veía casi como un movimiento de nicho. Hoy nadie cuestiona el papel que desempeña en la innovación de empresas y administraciones. El open source aporta ventajas que se han vuelto estratégicas, como la rapidez para innovar, la flexibilidad para no depender de un único proveedor o la transparencia del código. En un momento marcado por la nube híbrida, la inteligencia artificial o la soberanía digital, esos atributos son más relevantes que nunca.

El open source ha ganado ese protagonismo porque el mundo ha entendido una verdad muy poderosa: el talento aislado es limitado, pero la inteligencia colectiva es infinita. Cuando el conocimiento se comparte y se construye sobre las aportaciones de otros, la innovación avanza mucho más rápido y su impacto es mayor.

Muchas organizaciones siguen encontrando dificultades para incorporar la IA con éxito. Desde la experiencia de Red Hat acompañando a empresas en ese proceso, ¿cuál es el principal reto que detectan hoy?

El principal reto hoy no radica en la complejidad del algoritmo o de las tecnologías, sino en tres pilares interconectados que determinan el éxito real: la soberanía, la economía y la sostenibilidad. Dar el salto de la experimentación a la producción exige resolver estos tres desafíos.

En primer lugar, la soberanía. Muchas organizaciones corren el riesgo de perder el control de sus datos y su autonomía operativa frente a terceros. En segundo lugar, la economía: a medida que avanzamos hacia sistemas de IA más avanzados, el consumo de infraestructura y el coste se disparan. Y, por último, la sostenibilidad. No podemos ignorar el impacto energético que exige esta tecnología.

Para nosotros, el camino pasa por construir una IA abierta, híbrida y transparente. Muchas compañías ven la inteligencia artificial solo como una herramienta de optimización de costes y procesos, cuando en realidad es un lienzo en blanco para reimaginar por completo el valor que aportan al mundo. El verdadero desafío sigue siendo cultural: atreverse a desplegar una IA abierta, ética y escalable, siempre con la supervisión humana como principio irrenunciable.

Cuando hablamos de soberanía digital, ¿de qué estamos hablando realmente y por qué cree que este concepto va a marcar las decisiones tecnológicas de los próximos años?

Para mí, hablar de soberanía digital es hablar de libertad de elección y de autonomía estratégica. No se trata de levantar fronteras ni de caer en el proteccionismo, sino de garantizar que una empresa o un país mantenga el control sobre sus datos, sus algoritmos y su destino tecnológico, sin depender de las decisiones de terceros. Este concepto va a marcar las decisiones tecnológicas de los próximos años porque la resiliencia se ha convertido en una prioridad tanto empresarial como geopolítica. Europa necesita proteger su competitividad y sus valores, y para lograrlo resulta clave apostar por modelos de nube híbrida y código abierto que permitan a las organizaciones decidir dónde ejecutan sus aplicaciones y cómo gestionan sus datos.

La IA también está cambiando el panorama de la ciberseguridad. ¿Cómo evolucionará ese equilibrio entre innovación y protección durante los próximos años?

La IA nos sitúa ante una frontera fascinante. Es cierto que las amenazas son cada vez más sofisticadas, pero también contamos con herramientas mucho más avanzadas para anticiparnos a ellas. Hay una idea que para nosotros es fundamental: la seguridad no es un parche que se añade al final, es el cimiento sobre el que se construye. En un entorno como el actual, la innovación solo tiene sentido si genera confianza.

Ese es el enfoque con el que trabajamos en Red Hat. Un buen ejemplo es Lightwell, el proyecto que acabamos de lanzar junto a IBM para detectar vulnerabilidades en el software de código abierto combinando la capacidad de análisis de la IA con la supervisión de más de 20.000 ingenieros. El objetivo es ayudar a las organizaciones a innovar con mayor rapidez, pero también con la tranquilidad de hacerlo sobre una base segura.

Red Hat defiende una cultura basada en la colaboración y el conocimiento compartido. ¿Hasta qué punto esa filosofía resulta tan importante como la propia innovación tecnológica?

Para nosotros no son cosas separadas: en Red Hat entendemos que la cultura de colaboración es la que permite acelerar la innovación tecnológica. Las mejores ideas no surgen en salas cerradas, sino del debate abierto y del conocimiento compartido. Esta filosofía basada en la meritocracia, donde la mejor idea gana sin importar la jerarquía de quien la proponga, es lo que nos permite avanzar tan rápido en el desarrollo del software. Una tecnología excelente con una cultura empresarial rígida termina muriendo. En cambio, una cultura abierta multiplica el potencial de cualquier tecnología.

Ha defendido activamente la diversidad y el impulso del talento femenino en las carreras STEM. ¿Qué sigue faltando para que haya más mujeres liderando compañías tecnológicas?

Creo que todo empieza mucho antes de acceder al mercado laboral. Sigue faltando que las niñas no solo se sientan capaces de desarrollar una carrera tecnológica, sino que también se imaginen liderando ese ámbito. Hay una frase del poeta romano Ovidio que siempre me ha acompañado: «Nadie ama lo que ignora». Por eso es tan importante acercar la tecnología a los colegios y despertar ese interés desde edades tempranas.

También necesitamos visibilizar más referentes femeninos y favorecer que más mujeres accedan a puestos de responsabilidad. En plena revolución de la inteligencia artificial, el futuro tecnológico no puede construirse sin todo el talento disponible.

Si tuviera que señalar una conversación que hoy todavía pasa desapercibida, pero que dentro de cinco años marcará la competitividad de empresas y países, ¿cuál diría que es?

La conversación sobre el vínculo entre la IA y la sostenibilidad. Hoy estamos fascinados por las capacidades de la IA, pero a menudo ignoramos la huella energética e hídrica que requiere su procesamiento. Dentro de cinco años, la competitividad de un país o de una empresa no solo se medirá por lo «inteligente» que sea su tecnología, sino por lo sostenible que sea su infraestructura. Quien lidere la optimización energética de la infraestructura será quien gane el futuro. En ese camino, el código abierto jugará un papel crucial.

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