Hay emprendedores que encuentran una oportunidad analizando mercados, tendencias o datos. En el ecosistema también localizamos a quienes se topan con ella viviendo una experiencia personal que les cambia la vida. Pablo Nebrera fundó Brooklyn Fitboxing en 2013 tras descubrir en el boxeo una herramienta capaz de combinar ejercicio, comunidad y bienestar emocional. Hoy la compañía suma 280 gimnasios en nueve países, 80.000 usuarios activos y una facturación anual cercana a los 40 millones de euros. Ingeniero industrial por ICAI, MBA por INSEAD y exconsultor de Oliver Wyman, Nebrera llevaba años ligado al sector fitness cuando, en 2013, probó el boxeo por primera vez. Aquel entrenamiento llegó en un momento complejo de su vida personal, pero también despertó una intuición empresarial que terminaría transformándose en una de las cadenas de fitness boutique más exitosas de Europa. “Desde el primer golpe al saco sentí que aquello tenía un potencial enorme. No como deporte de combate, sino como vehículo para el fitness”, recuerda.
La idea era sencilla, en apariencia: tomar los beneficios físicos y mentales del boxeo, eliminar el contacto físico y convertirlo en una experiencia accesible para cualquier persona. Pero detrás había una visión mucho más ambiciosa. Nebrera quería crear un producto capaz de generar adherencia en un sector donde millones de usuarios abandonan los gimnasios pocos meses después de decidir apuntarse. Además, no era su primera aventura empresarial. Años antes había fundado 30 Minutos, una cadena de gimnasios femeninos inspirada en el modelo estadounidense Curves. Aquella experiencia le dejó cicatrices, pero también algunas de las lecciones más valiosas de su carrera.
“30 Minutos fue mi escuela del error”, afirma. “Aprendí que copiar un modelo te da un punto de partida, pero no una ventaja sostenible. Nunca conseguimos construir una marca realmente diferenciada”.
La decisión que cambió todo
Brooklyn Fitboxing abrió su primer centro en Madrid en enero de 2014. El éxito inicial invitaba a crecer rápido, pero Nebrera tomó una decisión poco habitual para un emprendedor del sector: frenar la expansión. Durante dos años la compañía apenas abrió nuevos centros. En lugar de ello, destinó recursos a desarrollar tecnología propia. Sacos inteligentes equipados con sensores, una aplicación móvil y un sistema de puntuación denominado Energy que convierte cada entrenamiento en una experiencia gamificada.
“Pasamos dos años sin crecer en número de locales, pero invirtiendo en tecnología. Eso transformó un negocio de proximidad en un modelo escalable”, explica. Hoy, cada golpe que recibe uno de los sacos de Brooklyn Fitboxing queda registrado. Los usuarios pueden medir su rendimiento, compararlo con sesiones anteriores o competir con otros fitboxers de cualquier parte del mundo. La tecnología se convierte así en un mecanismo de motivación que ayuda a mantener la constancia.
“El 90% del mercado necesita motivación para entrenar. La tecnología, la gamificación y la inteligencia artificial juegan un papel fundamental para generar adherencia”, señala. Para Nebrera, la clave nunca ha sido crecer más rápido que la competencia, sino construir un modelo capaz de mantenerse en el tiempo. Desde el principio, la compañía apostó por equilibrar expansión y rentabilidad, evitando que el crecimiento comprometiera la viabilidad de cada nuevo centro. “La obsesión no puede ser abrir centros. Si el franquiciado no gana dinero, la red termina rompiéndose”, explica.
La compañía dio un salto decisivo en 2022 con la entrada de 10 millones de euros de capital riesgo. Esta operación no solo aportó recursos para acelerar la expansión internacional, sino que también impulsó la profesionalización de la organización, reforzando áreas como tecnología, marketing, formación y gestión. Hoy la compañía opera en mercados como Italia, Alemania, Francia, México y Brasil.
El éxito del modelo también se refleja en el perfil de sus usuarios: el 70% son mujeres. Lejos de ser una estrategia comercial preconcebida, Nebrera lo atribuye a la creación de un entorno inclusivo, sin contacto físico, donde la comunidad y el bienestar emocional tienen tanto peso como el ejercicio. Una filosofía que conecta con una sociedad cada vez más preocupada por la salud física y mental, y que ha llevado a la compañía a impulsar proyectos de impacto social como Hit4Change, su fundación, que destina el 1% de la facturación a causas solidarias elegidas por los propios fitboxers. A través de su Longevity Lab, además, promueve investigaciones sobre el papel del deporte en ámbitos como el cáncer de mama o la recuperación de mujeres supervivientes de violencia de género.
“Nuestro objetivo no ha sido abrir más gimnasios. La prioridad siempre ha sido ofrecer una experiencia que haga que la gente quiera volver”
Su última apuesta estratégica es BF in a Gym, un formato que integra su metodología en instalaciones deportivas ya existentes, desde polideportivos hasta hoteles o centros wellness. El modelo reduce la inversión inicial y permite llevar la experiencia Brooklyn a otras ubicaciones en las que un club independiente no sería viable. Una nueva palanca de crecimiento que refuerza la convicción de Pablo Nebrera: el crecimiento sostenible no se consigue abriendo muchos más centros, sino ofreciendo una propuesta de valor capaz de hacer que los clientes quieran volver una y otra vez.

