Que no falte show en el torneo de tenis más antiguo y prestigioso del mundo. La etiqueta blanca impoluta y las fresas con nata ya están aseguradas. Y el próximo domingo 5 de julio, el espectáculo también. No solo por el duelo de octavos de final entre dos especialistas sobre hierba como Naomi Osaka (Beverly Hills, California, 27 años) y Aryna Sabalenka (Minsk, Bielorrusia, 27 años), sino por la pasarela de derechas, reveses y moda que promete el All England Club. Por parte de la bielorrusa -y primera del mundo en el ranking WTA-, sus joyas serán las que paseen entre puntos y gritos. En cambio, por la mitad de la estadounidense y nº 14 del ranking mundial, serán sus raíces, confeccionadas a partir de capas de pura fantasía y mucho estilo.
Wimbledon, a capas
La carta de presentación de Osaka en esta edición de Wimbledon ya dejó claro que la japonesa no entiende la ropa como un simple uniforme. Sino como una declaración de intenciones. En su estreno frente a la francesa Elsa Jacquemot apareció sobre la hierba londinense como una auténtica emperatriz japonesa. Lo hizo envuelta en un espectacular kimono blanco confeccionado a medida por Hana Yagi junto a Nike, que combinaba siete tejidos diferentes y reciclados procedentes de kimonos vintage y de un shiromuku, el tradicional vestido de novia japonés. La larga falda de tul, el cinturón obi, unas zapatillas Nike completamente blancas y unas perlas de Mikimoto -la histórica firma japonesa famosa por sus perlas cultivadas- completaban una puesta en escena milimetrada.
Cuando llegó la hora de cambiar la pasarela por la pista, Osaka dejó el kimono sobre el banco y apareció con el verdadero protagonista del desfile: un vestido blanco de Nike con flores en relieve sobre el escote y una falda plisada inspirada en el kimono que jugaba con el kirigami y el origami. El tocado también se quedó por el camino para dar paso a una visera deportiva. Y es que los detalles en rojo del kimono ya habían hecho el resto. Las redes no tardaron en señalar el parecido con el icónico atuendo de Lucy Liu en Kill Bill, una inspiración que la propia Osaka confirmó después del partido. Tradición japonesa, cine, alta costura y deporte se dieron cita sobre la hierba de Wimbledon, llevando a la estadounidense a la victoria.
Que el protocolo se de un respiro
Esta puesta en escena tiene todavía más mérito si se tiene en cuenta dónde se encuentra. Wimbledon es el torneo más tradicional del circuito y también el más estricto en lo que a indumentaria se refiere. Desde hace décadas obliga a los jugadores a competir vestidos de blanco casi por completo, limitando al máximo el uso de otros colores y obligando a las marcas a reinventarse dentro de unos márgenes muy reducidos. En un campeonato donde la tradición manda, Osaka ha conseguido convertir un conjunto completamente blanco en el punto de encuentro entre el deporte y la moda, entre la tradición y la novedad.
De la pista una pasarela
Su armario y las cámaras ya están acostumbradas a estas hazañas. Apenas unas semanas antes, en Roland Garros, la cuatro veces campeona de Grand Slam volvió a demostrar que entiende la entrada a la pista como parte del espectáculo. En París apareció con una falda negra inspirada en la silueta de la Torre Eiffel, que ocultaba un outfit de lentejuelas doradas de Kevin Germanier y Nike, otro guiño lleno de significado al lugar en el que se disputaba el torneo.
Esta fashion week tan individualista no es fruto de improvisación o de una nueva estrategia por parte de la tenista. Desde hace varias temporadas trabaja codo con codo con Nike para convertir cada Grand Slam en un espectáculo visual -y de talento. Lo que antes era un simple chándal de calentamiento ahora forma parte de un relato estético con una inspiración diferente en cada torneo, una paleta de colores propia y constantes referencias a la cultura japonesa.
Ya lo dejó claro en el Open de Australia, donde llevó a la pista una colección inspirada en el universo Harajuku. Lazos, volúmenes y una estética kawaii rompían con la imagen tradicional de la tenista, demostrando que el alto rendimiento no está reñido con la personalidad.
Porque Osaka no solo ha construido una carrera brillante con la raqueta. La japonesa suma siete títulos individuales de la WTA, cuatro de ellos de Grand Slam, y llegó a ocupar el número uno del mundo. Pero, además de coleccionar trofeos, ha convertido cada aparición sobre la pista en una declaración de estilo, haciendo del calentamiento el centro de todas las miradas y de sus raíces, el golpe más difícil de devolver.
¿Con qué modelito nos sorprenderá en los octavos de final de Wimbledon?

