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Forbes 30 Under 30

‘Finanzas, estrategia e inversión. El dinero inteligente’, en Forbes España 30 under 30: «La siguiente gran ola será la robótica y el mundo físico»

Rentabilidad, impacto, datos, energía, tecnología y visión a largo plazo se cruzan en una nueva forma de entender la inversión.

Con Tomás Güell y Xavier García, cofundadores de Lideremos 8y 30 under 30 2025), como moderadores, y Daniel Gonzálvez, director de inversiones, Fernando Dávila Ponce de León, cofundador y CEO de Crownie, Sergio Navarro, fundador y CEO de Domoblock, y Natalia Álvarez, Head of FP&A Global COE de McDonald's.

Hablar de finanzas hoy es hablar de estrategia, pero también de lectura del contexto. En un entorno marcado por la innovación tecnológica, la presión macroeconómica, la transición energética y la reconfiguración constante de los mercados, el capital ha dejado de ser un recurso pasivo para convertirse en una herramienta de decisión: un vehículo capaz de anticipar tendencias, sostener modelos de negocio y redibujar industrias completas.

Bajo ese prisma se celebró la mesa redonda “Finanzas, estrategia e inversión: el dinero inteligente”, una conversación ágil, transversal y deliberadamente cercana en la que cuatro perfiles distintos abordaron una misma pregunta desde ángulos complementarios: qué convierte hoy una inversión en una inversión verdaderamente inteligente. Con Tomás Güell y Xavier García, cofundadores de Lideremos 8y 30 under 30 2025), como moderadores, y Daniel Gonzálvez, director de inversiones, Fernando Dávila Ponce de León, cofundador y CEO de Crownie, Sergio Navarro, fundador y CEO de Domoblock, y Natalia Álvarez, Head of FP&A Global COE de McDonald’s.

El Festival Forbes España 30 Under 30 cuenta con el patrocinio de OMODA & JAECOO, Cervezas San Miguel, Redken, McDonald’s, Yamaha, Holded, Barceló Ron Dominicano y Universidad Camilo José Cela.

Desde la apertura, la idea de fondo quedó clara: no existe una única métrica válida. La rentabilidad sigue siendo el punto de partida inevitable, pero ya no es suficiente por sí sola. A ella se suman factores como la sostenibilidad, la capacidad de escalabilidad, el conocimiento del activo, la diversificación o la alineación con objetivos personales. En palabras de uno de los ponentes, una inversión inteligente empieza por algo tan básico —y a la vez tan determinante— como definir los propios objetivos y encontrar el producto que realmente encaje con ellos.

En ese marco, se puso sobre la mesa la tensión clásica del ecosistema emprendedor: crecer en ventas o priorizar beneficios. Dos escuelas que conviven en el mismo sistema y que obligan a los fundadores a tomar decisiones constantes sobre ritmo, foco y sostenibilidad. La conclusión fue clara: el valor para el cliente debe situarse en la parte más alta de la pirámide. El cliente, se repitió con insistencia, es el verdadero “jefe” del negocio, especialmente en fases tempranas donde los recursos son limitados y la dispersión puede ser el mayor riesgo estratégico.

La conversación avanzó hacia el análisis de la inversión desde el punto de vista del capital riesgo y la innovación tecnológica. Daniel Gonzálvez introdujo una distinción clave en el debate actual: la diferencia entre modas tecnológicas y transformaciones reales. En su experiencia como inversor, las llamadas “burbujas” actúan como termómetro del mercado, reflejando inflaciones de expectativas, precios o valoraciones que no siempre se sostienen en el tiempo. En ese contexto, la disciplina del análisis consiste en identificar cuándo una tendencia responde a fundamentos sólidos y cuándo se trata simplemente de ruido. La clave, subrayó, no es ignorar las modas, sino entenderlas sin dejarse arrastrar por ellas.

Dentro de esa lectura de ciclos tecnológicos, se apuntó también hacia la siguiente gran ola de innovación. Más allá del impacto ya consolidado del software, el SaaS o la inteligencia artificial, el foco se desplaza progresivamente hacia el mundo físico: la robótica, el hardware y la automatización de tareas. Un cambio de paradigma que, según esta visión, puede desbloquear una nueva fase de crecimiento económico al trasladar la inteligencia digital al entorno material.

En paralelo, se puso el acento en un sector que, aunque no siempre ocupa el centro del debate inversor generalista, se está consolidando como infraestructura crítica: la energía. Desde la perspectiva de la inversión en activos reales, se defendió que la energía funciona hoy como una base estructural del sistema económico global. Sin ella, no hay digitalización, ni inteligencia artificial, ni actividad productiva. Su analogía con recursos esenciales como el agua sirvió para ilustrar su carácter indispensable. La estabilidad energética, además, se vinculó directamente con la estabilidad económica, especialmente en contextos donde los apagones o la falta de infraestructura pueden paralizar países enteros. En este sentido, la inversión en activos energéticos —tanto maduros como emergentes— se planteó como una de las grandes oportunidades estructurales de la década.

El debate también abordó la democratización de la inversión inmobiliaria y el papel de la tecnología en ese proceso. La idea de fondo es clara: la digitalización y herramientas como blockchain están reduciendo las barreras de entrada a mercados tradicionalmente reservados a grandes capitales. La posibilidad de invertir con cantidades reducidas en activos inmobiliarios abre la puerta a una mayor participación, pero también exige mayor educación financiera para evitar errores clásicos como comprar y vender en momentos inadecuados o asumir riesgos no comprendidos. En ese sentido, la comprensión del activo se situó como condición imprescindible para una inversión realmente inteligente.

Natalia Álvarez, Head of FP&A Global COE de McDonald’s.

Desde la perspectiva de las grandes corporaciones, la visión se amplió hacia otro eje fundamental: la gestión del dato. En el caso de McDonald’s, la toma de decisiones financieras no se limita al análisis de balances o cuentas de resultados, sino que integra una enorme cantidad de información procedente de mercados, franquiciados, consumidores y operaciones locales. El reto no es tanto acumular datos como transformarlos en información útil. A través de procesos de escucha activa y análisis transversal, esa información se convierte en herramientas que permiten a los franquiciados tomar decisiones más ágiles y eficientes en su día a día. La clave, según esta visión, está en combinar rigor analítico con contexto operativo y visión estratégica.

El uso del dato, además, redefine el papel de la inversión dentro de grandes organizaciones: no solo como asignación de capital, sino como palanca de crecimiento compartido entre corporación, socios y ecosistema local. La innovación, en este sentido, no se entiende como un elemento aislado, sino como una práctica continua orientada a generar impacto real en la operativa del negocio.

A lo largo de la mesa, una idea se repitió con distintas formulaciones: la inversión inteligente no es la que maximiza un único indicador, sino la que integra múltiples dimensiones en equilibrio. Rentabilidad, impacto, innovación, escalabilidad, conocimiento del activo y visión de largo plazo conviven ahora en el mismo plano de decisión.

Y en el cierre, la reflexión se proyectó hacia el futuro: en un mundo cada vez más complejo y automatizado, la inversión más valiosa no será únicamente financiera o tecnológica, sino personal. La capacidad de aprender, adaptarse y tomar decisiones informadas se perfila como el verdadero activo diferencial de las próximas décadas.

Porque, al final, el dinero inteligente no es solo el que invierte mejor. Es el que entiende mejor el mundo en el que invierte.

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